jueves, 28 de julio de 2011

sábado, 23 de julio de 2011

“Teatro Abierto salió de las catacumbas”





Una es francesa de París. La otra, estadounidense de Boston. Apenas pasan los 20 años. Ambas vinieron a verme, por separado, en días de la semana pasada. ¿El motivo? Recabar información sobre Teatro Abierto. Ambas investigan un hecho ocurrido en Buenos Aires hace 30 años. Ambas lo eligieron como parte de sus estudios universitarios.

Es un síntoma de lo que significó Teatro Abierto y de la curiosidad que aun hoy despierta como fenómeno de resistencia cultural a una dictadura.

Personalmente, esta repercusión no me llama la atención. En los últimos años he recibido periódicamente a periodistas e investigadores, generalmente jóvenes, argentinos y extranjeros que estudian Teatro Abierto, las circunstancias políticas que le dieron origen y su significado.

Confieso que me conmueve este interés, especialmente cuando nace de jóvenes que no habían nacido en 1981 y, más aun, que nacerían en tierras extrañas.

Todos quieren saber cómo se gestó Teatro Abierto en plena dictadura. Suelo contarles que nació por una iniciativa de varios autores, hartos de prohibiciones y ninguneos. Salimos a decir: el autor argentino existe. Naturalmente, no sabíamos que estábamos encendiendo una antorcha. Fueron convocados 21 autores y todos dijeron que sí. Luego llegaron los directores y los actores. Finalmente, el público que, desde los ensayos generales desbordó la sala, el Teatro del Picadero, con una capacidad de 300 butacas.

Rápidamente entendimos que lo que habíamos lanzado no era solamente un hecho teatral. Estábamos frente a un fenómeno político. La reacción de los primeros espectadores no era la habitual. Cada función terminaba con una respuesta que nos sorprendía. Recibíamos verdaderas ovaciones que superaban el estímulo meramente teatral. Estaban saludando la protesta.

La dictadura hizo la misma lectura. Cumplida la primera semana, un atentado destruyó parcialmente la sala.

Y ahí nació el verdadero Teatro Abierto, el que hoy –30 años después– despierta la curiosidad de investigadores propios y ajenos.

El atentado no nos atemorizó. Todo lo contrario: nos dio más fuerza. Tampoco se atemorizaron los espectadores que, de colmar una sala de 300 localidades, desbordaron una de 600, el teatro Tabarís, en plena calle Corrientes. La fila que se formaba desde horas del mediodía, que nacía en la puerta de la sala y doblaba por la calle Suipacha, le dio una visibilidad insospechada. Teatro Abierto salió de las catacumbas.

Y no sólo eso. Teatro Abierto invadió la comunidad cultural. Se creó Danza Abierta, Poesía Abierta. La solidaridad de los artistas, especialmente, de los pintores, fue notable. Recibimos más de 100 obras para poder recuperar las pérdidas económicas que había producido el atentado.
Treinta años después Teatro Abierto está presente. No sólo en la memoria y en el corazón de quienes fuimos sus protagonistas, cosa natural. Sino en la memoria colectiva, en las nuevas generaciones que no lo vivieron pero lo perciben como un ejemplo de resistencia cultural.

Teatro Abierto no fue un brote espontáneo. Fue una continuidad de las luchas del teatro independiente que, desde 1930, inició su pelea contra el oscurantismo fascista. Y Teatro Abierto se prolonga hoy en fenómenos como Teatro por la Identidad y en los centenares de espacios donde miles de jóvenes, en los afortunados tiempos de la democracia, también ejercen su derecho a expresarse en libertad.


Roberto “Tito” Cossa
Dramaturgo
Presidente de Argentores

lunes, 18 de julio de 2011

3 RAZONES





MIS TRES RAZONES PERSONALES PARA VOTAR A FILMUS EL 31


1.- Hace unos pocos días murió un bebé en un incendio. Era un edificio del Gobierno de la Ciudad donde vivían hacinadas personas que esperan desde hace años viviendas prometidas que nunca se realizaron. Problemas con la instalación eléctrica, matafuegos vencidos, una estufa y el frío, en fin, nada que las escuelas y hospitales porteños y el Borda no conozcan. “Problemas de gestión”, que le dicen. El bebé se llamaba Benjamín.

No salió en Clarín ni en TN ni en La Nación. O sea que gran parte de los porteños no se enteró. Benjamín no votaba. El 31 yo voy a votar por él. Cuando ponga mi voto en la urna juro que me voy a acordar de él, de su pequeña, olvidada muerte.

2.- Hace unos días también se cerró definitivamente el servicio de Zooterapia para niños y adolescentes discapacitados que dependía del Gobierno de la Ciudad. Se usaban animales, en particular perros, para la rehabilitación, con resultados en algunos casos sorprendentes. Eran 320, los pequeños no votantes. Uno de ellos ya murió por razones vinculadas al cierre. Y bueno, qué importa. Importa mucho más engordar los suculentos dineros para la publicidad amarilla que todo lo tapa. Aunque esta noticia también la taparon Clarín, TN y La Nación. El 31 yo voy a votar por estos 320 olvidados. Juro que van a estar dentro del sobre que coloque en la urna.

3.- Hace unos días un importante funcionario del Gobierno de la Ciudad confirmó que ese Gobierno decidió reducir el presupuesto del Hospital Garraham. Es que no todos los niños que se atienden en el Hospital pertenecen a la Ilustrísima Ciudad. ¿Pero cómo? ¿La Ilustrísima Ciudad no está orgullosa de brindar un servicio de excelencia a los niños de todo el país? ¿Acaso la Ilustrísima cree que no le debe nada al país del que forma parte y del que saca toda su riqueza y bienestar? Esta decisión no resonó en Clarín, TN y La Nación.

¿Se enteraron acaso los vecinos? ¿Están de acuerdo? No lo creo. En varias oportunidades visité a un pacientito del Garraham – en este caso sí un pequeño ciudadano de la Ciudad – y, con el alma en vilo, fui testigo de tanto dolor y esperanza. No se me ocurrió pensar de qué geografía venían esos niños lacerados. Por eso el 31, aunque no voten, van a estar conmigo cuando deposite mi voto. Sí, juro que van a estar conmigo los miles de niños del Garraham, todos. No sé si ganaremos. Pero vamos a estar.




Dramaturgo, director de teatro y guionista de cine argentino.

Algunos de sus textos:
"Historia tendenciosa de la clase media argentina, de los extraños sucesos en que se vieron envueltos algunos hombres públicos, su completa dilucidación y otras escandalosas revelaciones", "Visita", "Marathon", "Una pasión sudamericana", "La oscuridad de la razón", "Rayuela" (versión teatral).


jueves, 14 de julio de 2011

ARTISTAS POR LA CIUDAD





Frente a las elecciones de segunda vuelta que se avecinan, -el domingo el 31 de julio- es importante que reveamos nuestra actitud y nuestro compromiso hacia la ciudad. Aquí, un video publicitario de campaña en el que una gran cantidad de reconocidos artistas apoyan a Filmus-Tomada, bajo dos slogans fundamentales: "Yo creo en Filmus" y "Porque estoy con Cristina, estoy con Filmus"...





lunes, 27 de junio de 2011

HORACIO FONTOVA



“Al humor nunca se lo toma como algo serio”

Es dibujante, diseñador e incluso escritor. Pero él prefiere definirse como “músico”. El Negro habla del humor como cosa prohibida de la historia, de su exaltación de lo femenino y de su nuevo –y para él inesperado– despertar de la conciencia política.




Dice que diarios casi no lee, salvo algunas pocas páginas en la red. Dice que para informarse le alcanza con el televisor clavado en Telesur, la cadena de noticias latinoamericana en cuyo elenco brilla su favorito: el periodista Walter Martínez, el Tuerto: “Maravilloso, es un maestro total. Lo suyo no son informes sino lecciones: de historia, geografía, topografía...”, se entusiasma. Con la mayoría de las fuentes de noticias de la Argentina está peleado: “Se viene publicando tanta falsa información, que hasta a veces confío más en la BBC”. Cuando se le hace notar que Beatriz Sarlo también alabó la señal inglesa durante su visita a 6-7-8, se sorprende (no se acordaba) y larga la carcajada: “¡Bórrenme eso, entonces!”.

  • Horacio “Negro” Fontova tiene 64 años y durante los últimos cuarenta se ha hecho llamar, en fila, General Fontova (por la primera acepción de este término en el Diccionario de la Real Academia Española: general: común a todas las cosas); Reverendo Fontova (1985: “Creo que ahora tengo más competencia entre reverendos que entre generales”); y otra vez General para su postulación mediática en el estadio Obras Sanitarias con miras a un Fontova Presidente (1988), época durante la cual, sin embargo, conservó a sus ínclitos asesores eclesiásticos: el Cardenal Caloide y el Capellán Cartier.

Ahora es otro tipo. “Ahora soy El Nigger, y así firmo mis correos electrónicos. Me gusta esa palabra norteamericana despectiva, que para mí es revitalizadora. Acá no tiene el mismo valor: acá están ‘los negros de mierda...’ (sonríe). Hay un blog espectacular de un colectivo político cultural que se llama así: Negros de Mierda (http://lapopulartambien.blogspot.com/), a quienes les mando mis saludos”.



–En lo “General”, usted terminó siendo común a casi todo: es músico, compositor, cantante, actor de cine, de televisión y de teatro, diseñador gráfico, ilustrador, dibujante y ahora también escritor (en 2005 se editó Témpera Mental, un libro de cuentos, y trabaja en el siguiente: Humano 0 Humano)... Nadie sabría por dónde comenzar. ¿Por dónde comenzaría usted?

–Yo soy músico, ahí arranco; ésa es mi raíz. Cuando terminé el Pellegrini –algunos ex compañeros amigos ahora son neurólogos o economistas (sonríe) y vienen a visitar al “negrito quilombero”– y después de hacer la colimba, entré en la Escuela Belgrano de Bellas Artes; por eso llegué a director de arte de El Expreso Imaginario. Pero antes ya había sido guitarrista de Patada de Mosca y luego vinieron Expreso Zambomba y Edy y La Foca, y mi café concert con parrilla: El Goce Pagano (en Córdoba y Fitz Roy, que ya no existe) y lo que ya todos saben después. Yo soy músico.

  • Lo que “todos saben después” podría empezar a contarse ahora y terminaría de contarse en Navidad. Fontova fue personaje señero del rock y la música popular subterráneos de fines de la dictadura e icono sarcástico del resto de los ’80, pero su talento partió en mil diagonales creativas. En 2004, por ejemplo, se largó a hacer zarzuela en el teatro Avenida (La corte de faraón, en su momento prohibida por Franco en España: “Es que José, el personaje bíblico, tenía una garompa que todas las egipcias se lo querían comer crudo... Claudio Gallardou supo que me crié con el canto lírico y me llamó: ‘¡Esto lo tenés que hacer vos!’, me dijo. Y hacer una zarzuela o una ópera no es joda, porque tenés que cantar a viva voce, con una sinfónica y sin micrófono...”).

Y Fontova hizo de José. También reemplazó a Daniel Rabinovich en la gira española de Les Luthiers (Grandes hitos). Hizo un programa de radio junto a Pedro Saborido y Coco Sily en La Red: Código de barras, por el que ganó su segundo Martín Fierro (el primero lo había obtenido por su trabajo televisivo con Jorge Guinzburg).

  • Con casi una decena de discos editados y otros tantos trabajos en pantalla chica (que suman casi una veintena con su labor actual o en progreso en cine) y décadas de historia musical, hace un par de años dedicó cinco meses al tranquilo escenario de Clásica y Moderna, en la Ciudad de Buenos Aires. (“Me mandé al toro yo solo, con la violita. Y fue otra cosa. Ahí no hubo estilo que valiera: fue todo. Canciones italianas, canciones antiguas españolas, folklore, rocanrol, blues, jazz; lo que se me cantara”) Algunas de todas estas cosas (incluso los textos inéditos de su nuevo libro) están en su blog COMANDO AMELIA (“por Amelia Vence”).

No le importa que se puedan copiar o bajar. “No tengo ninguna compañía, soy independiente”, dice. Lo más reciente fue 2004: Negro, y lo demás que hace ahora “son gustos, que no tienen continuidad, como actuar” (“No podría ahora hacer una obra de teatro, que me demandaría los mismos días que tocar”). 2004: Negro tuvo como invitados a, entre otros, León Gieco, Skay Beilinson, Lito Vitale, Peteco Carabajal, Liliana Herrero, Martín González, Esteban Morgado, Daniel Melingo, Liliana Vitale, Daniel Maza, Gerardo Gardelín, Martin Bianchedi, Juan Belvis, Hugo Newman y Lalo Mir. “Y después lo presentamos en el teatro Alvear, a cinco pesos la entrada... (carcajada). ¡Eso sí que es lindo, tomá!” Lo que sigue será Extracto de Fontova, espectáculo con pronta fecha de estreno.

–En su caso, nunca hubo resistencia ni compromiso sin humor. ¿Por qué?

–Porque mi vida es así. Se ve que hay una composición genética que me obliga a buscarle a todo la vuelta del humor: el humor es vasodilatador. Como me dijo una vez un gaucho: “¡Negro, si no te reís, morís!”. Obviamente que no soy un tarado que se ríe de todo, porque hay cosas que me ponen muy triste y me agarran unas depresiones de la hostia. Pero fíjese que el humor es algo tan prohibido en la historia de la humanidad que cualquiera puede encontrar historia de lo que se le dé la gana: de las polleras, de las peinetas, de boludeces; pero no existe la historia del humor, y estoy seguro de que también los caldeos deben de haberse cagado de risa. Pero no existe una historia del humor, y cuando hace un par de años hice una serie de Café Cultura, dirigida por Pepe Nun –unas charlas llamadas “El sistema y el humor”– hablábamos de que, curiosamente, al humor no se lo toma como algo “serio”, valga la paradoja. Pero es muy serio el humor.

–También está el club de “los ofendidos por el humor”.


–Y, sí, a mucha gente el humor la ofende. Pero no la tengo en cuenta: no pueden ser mis amigos. Heredé el humor de mi madre, quien fue el personaje más loco que conocí en mi vida: María. Cuando yo tenía 10 años, mi viejo, que era un salteño duro, un bajo lírico que hablaba todo así (pega el mentón al cuello) me quería llevar al dentista... y no había forma. Terminó llevándome mamá, pero en la esquina le dije: “No, no voy a entrar”. Y mi vieja replicó: “Ah, ¿no vas a entrar?” Y en plena tarde, en Barrio Norte, se levantó la pollera en la vereda, se agarró la cholga, y gritó a la gente: “¡¡Señor, mireeee...!!”. Y yo: “¡Mamá, qué hacés! ¡¡Entremos ya!!” (risas). Impresionante, lo que me hizo hacer. En enero había que prepararse para los Reyes Magos y la “alimentación” de los camellos: los fardos de pasto, los baldes de agua... Y el Día de Reyes yo encontraba mis regalos junto con restos de pasto; baldes vacíos volcados, secos, y bosta... ¡por lo cual no me quedaban dudas de que por ahí habían pasado los camellos! Como vivíamos cerca de plaza Lavalle, que por entonces estaba llena de mateos... ¡ella traía bosta de la plaza y llenaba el living con bosta! Mi vieja fue lo más importante de mi vida.

–Por cierto, una recurrente en usted es una valoración suprema de lo femenino.

–(Se ríe.) Sonia Braguetti, sí... (Peor es nada, 1989). Menos mal que no llego a desbarrancarme en la grosería. Pero es cierto. La alabanza de lo femenino, por empezar, es la alabanza a mi vieja. Y después, por ejemplo, el Tío Cucurucho, el hermano de mi mamá: José María, un musicólogo muy serio abocado al compositor brasileño (Heitor) Villa-Lobos: era gay, al igual que su secretario Reinaldo, estudioso de Beethoven. Pero no eran “Carmen Miranda”; eran tipo Dick Bogard en Muerte en Venecia, “señores” putos. Y cuando mis viejos no me podían llevar al zoológico, me llevaba Reinaldo. Eso siempre fue algo muy natural para mí, desde niño. Soy heterosexual, pero desde niño siempre vi la homosexualidad como una alternativa más de esta vida. Y siempre me gustó hacerme el trolo (Eleva la voz para que escuche Gabi, su compañera). “¡Señora, ¿quién lava los platos acá?!”

–Disculpe, pero lavar los platos no es “de trolo”.

–No, es que no soy yo quien los lava: lava “Delia”. Delia tiene su vida, su marido Beto...

–Y está Clarita, su guitarra.

–Ahí está (señala una criolla reposando sobre su estuche). Con Gabi la saludamos antes de irnos a dormir, y le damos un beso. Para mí la mujer fue todo lo contrario de lo que la significó el sistema humano: siempre se la denostó, el Concilio de Trento llegó a decir que la mujer era un ser inferior, y para mí es todo lo contrario: ¡andá a bancarte que te salga una persona de adentro por la ura!

–Usted utilizó la “ura” (su peculiar traducción de una expresión santiagueña, aplicada al órgano sexual de la mujer) como emblema de su “campaña electoral” de los ’80. Y resulta que conseguimos una Presidenta mujer... ¿Visionario?

–(Risas.) Es la primera vez en mi vida que siento un compromiso político. Y es con los Kirchner. Siempre fui un descreído que estudiaba a Mijail Bakunin: “El anarquista colabora, pero no obedece...” Sin embargo, acá se dio algo que a muchos nos despertó la conciencia política por primera vez en nuestras vidas, y ya de grandes. ¿Qué pasó? No sé. Pero creo que a los pibes les sucede lo mismo: la buena juventud es más pila; la conciencia social de la buena juventud es maravillosa. Analizando la cuestión: está Cristina, ¿y después qué hay? Nada. No hay alternativa. Sin embargo, por primera vez no votaremos al mal menor, sino al bien prometedor, con logros muy claros.

–¿A qué le tiene miedo?

–A la mala justicia que condena a inocentes y absuelve culpables y a la vieja inseguridad de toda la vida... no a la exageradamente inventada en los últimos tiempos.






Una especie de chamán

Es la segunda vez que Horacio Fontova trabaja con el director Fernando Spiner.

En Aballay, el hombre sin miedo (estrenada el jueves pasado en Buenos Aires), el Negro personifica a El Cordobés.

“Es como una de las viejas historias gauchescas de cuchilleros –cuenta–, pero más bien resulta un western de acción, rodado en paisajes maravillosos –Amaicha, Tucumán– que serían la envidia de John Ford. Pablo Cedrón, el personaje principal, es un actorazo. Yo hago de una especie de chamán, con todas mis lanas sueltas... Es un verdadero placer trabajar con Fernando; llevó a pasear esta película por Europa y se ganó bastantes premios. Creo que a la gente de acá le va a gustar mucho, porque es un cine absolutamente nuevo. Hacía falta”.

Fontova está trabajando en dos nuevos proyectos: Metegol, de Juan José Campanella, película basada en “Memorias de un wing derecho”, cuento de Roberto Fontanarrosa, y Anima Buenos Aires, un largometraje de animación de varios artistas producido por Caloi en su tinta.

Pero hay más: el Negro es padrino del Centro Cultural de Atlanta.





lunes, 20 de junio de 2011

BELGRANO, LA PELICULA





El largometraje dirigido por Sebastián Pivotto y protagonizado por Pablo Rago, Pablo Echarri y Valeria Bertuccelli tendrá su estreno en la TV Pública este lunes a las 22.30, luego de haber recorrido el país con multitudinarias proyecciones gratuitas y al aire libre.

"Belgrano" es una producción conjunta de la TV Pública, Canal Encuentro, la Unidad Bicentenario y Cien Bares, con el apoyo del Ente Cultural de Tucumán, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y la Universidad de San Martín. Fue rodada, principalmente, en la provincia de Tucumán.

Allí, los actores representan momentos históricos de nuestro país, como la Jura de la Bandera, el encuentro entre el General Manuel Belgrano y el General José de San Martín y la posterior batalla de Tucumán.

Con guión de Juan Pablo Doménech, Marcelo Camaño y el asesoramiento de Javier Trimbolli, la película busca reflejar la vida de uno de los próceres más destacados de la Argentina.

El telefilme refleja el período histórico entre 1812 y 1820 desde la propia perspectiva de Manuel Belgrano y apuesta, de la mano del director del telefilme Sebastián Pivotto, a “quitarle el bronce” y recrear una imagen más humana.





jueves, 2 de junio de 2011

LABURANTES POR LA LEY DEL ACTOR






Seguimos realizando estos videos en los que las muestras de apoyo de nuestr@s compañer@s se multiplican.

Agradeceremos que tod@s los que puedan ayudarnos a difundirlos lo hagan.

Cuanto más instalada en la sociedad esté esta necesidad, más próxima será la concreción de su solución, que no es otra más que la promulgación de la Ley del actor.





Asociación Argentina de Actores

lunes, 16 de mayo de 2011

EL PUNTERO DEL 13





Julio Chávez es ahora El Gitano, el personaje protagónico de El puntero, el unitario que canal 13 estrenó a las 22 horas del domingo. Ya no es el neurótico de clase media que interpretó en Tratame bien, sino un puntero político de un barrio indeterminado, pero que indefectiblemente es del Gran Buenos Aires.

En una entrevista con Perfil, el actor habla de la nueva propuesta del
Grupo Clarín, que a pesar de su buena voluntad (y cierta ingenuidad) es una bolsa de malas noticias acerca de las condiciones en que se desarrolla la política en ciertos sectores de nuestra sociedad.

¿Qué busca el grupo de Héctor Magnetto y Ernestina Herrera poniendo este unitario de claro tinte antipolítico en el año electoral? Viniendo del Grupo Clarín que hace 10 años entorpece la búsqueda de verdad sobre la identidad de Felipe y Marcela, que se apoderó de Papel Prensa en complicidad con la dictadura, y que no acata la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual... suponemos que nada bueno.



—Cuando me citó Adrián para hablarme de El puntero, lo que más me interesaba no era el puntero en sí. Para eso están los libros, lo que dicen del clientelismo y de los punteros. No me interesa mi espacio de pensamiento para eso. Me parecía un hombre con sus contradicciones, un tipo que tiene buenas intenciones pero malas ejecuciones. Este hecho de tener una idea positiva y una ejecución dudosa lo emparenta con cualquier ser humano. Es un ser complejo y muy básico. Muy sanguíneo, muy temperamental. No es un gran ideólogo, es un hombre de acción. Es un tipo que cree en las mejoras de la gente con la que se comprometió. Recibe coimas porque, si no, no puede hacer su trabajo. Es de los que dicen: “Si no entrás en la trenza, no podés ejecutar”. Eso, claro, habría que verlo. La coima la recibe, y no es que la dona a una institución benéfica.

El canalla suele justificar sus acciones en “no tuve otra opción”, ¿no?

—Sí, pero en ese sentido yo me siento muy canalla también. Todos nos levantamos todos los días y hacemos cosas que si las pensamos no están bien, y creemos que es la única opción. Y nos acostamos con miles de facturas.

—¿Es un personaje violento?

—No particularmente. Lidia con un mundo un poco animal. Se piensa o se pega. Cuando ya no se puede pensar, se pega. Es un mundo muy duro. El Gitano tiene cocainómanos alrededor, él mismo es un ex cocainómano. Y después es un hombre muy afectuoso. Es una de esas personas que creyeron en ciertos ideales, entraron al sistema y cayeron en un engaño. Creen que el que les da una caja de pan es bueno. Y eso le pasa a este puntero y a mucha gente, porque hay personas que pueden elegir a determinado gobernante para cuidar su propia quinta. ¿Cuál es la diferencia con la caja de pan?

¿Alguna vez te comprometiste políticamente?
—No, yo tengo un compromiso con el arte. Comprometerme con la política es una deuda personal.

¿No te interesó nunca al grado de comprometerte o no te interesó nunca al grado de no informarte?

—No milité. Una cosa es la práctica política y otra el pensamiento político. Al militar uno se aleja del pensamiento, y yo me siento emparentado con los espacios puros de pensamiento. No entiendo sobre qué está sostenido el poder. Cuando grabamos El puntero estamos en contacto con barrios muy carenciados, y eso me pone en jaque de una manera muy personal y muy particular. Ver esos barrios carenciados, a mí, me genera muchas preguntas, me inquieta. ¿Qué es esto? ¿Qué se hace con esto?

“El puntero” se estrena en un año electoral. ¿Tuviste eso en cuenta cuando te hicieron la propuesta?

—Estoy absolutamente involucrado en un programa de ficción con cero tendencia. Lo del año electoral es cierto, quizás alguien diga “qué piolas”, pero sería como que yo le dijera “qué piola” al tipo que cuando llueve sale a vender paraguas.

No te lo preguntaba en el sentido del oportunismo comercial, sino en el de la estrategia política, tomando en cuenta que se va a emitir por El Trece, que pertenece al Grupo Clarín, que está enfrentado con el Gobierno…

—Desde mi punto de vista, es una ficción casi naif. Soy sumamente ignorante y quizás no me doy cuenta de algo. Yo no estoy involucrado ni interesado en esa lucha. Ni informado. Tengo otros intereses. Me gusta la gente que piensa, que se dedica a pensar y a ser consecuente con lo que piensa, tenga un aliado o ninguno. A mí no me pasa que tenga que elegir entre el Grupo Clarín y el Gobierno. Sería de una enorme pobreza que el programa se hiciera o se interpretase como parte de esa pelea. Te digo más: a este puntero no le da el pinet para ser un corrupto groso. No es un tipo que se terminó de integrar al sistema; es alguien que se quedó a medio camino y lo atropelló un coche. Yo conozco enormes personas que mantienen esa pasión política. Mi propio padre, hasta el último día de su vida, seguía puteando porque Frondizi lo había traicionado. Cada vez que surgía la palabra Frondizi, veías en su cara que había sido un gran amor que terminó en desilusión. En la pasión política se establece identificación hasta en el fracaso, lo cual me parece conmovedor. Es sentirse parte de algo.

¿Vos de qué sos parte?

—Del arte y la actuación. Cuando me reúno con mis contemporáneos o con otros que ya han muerto… El otro día agarré un libro de Pessoa, lo leí y me di cuenta de que ese era mi partido. Es lo que me hace pensar qué es ser un humano. A veces miro de reojo a los pensadores de la política…

¿Cómo es para tus ritmos de trabajo darte cuenta de que un proyecto que iba a ir una vez por semana, por decisiones estratégicas del canal va a ir dos veces por semana?

—No me altera en lo más mínimo porque nosotros tenemos un ritmo de trabajo de diez horas diarias de lunes a viernes. Eso no se va a modificar. Si llega a pasar que se atenta contra mi gusto por el trabajo diré: “Muchachos, hay que parar un poco”. Pero no creo que pase. La programación es una selva que no conozco. No altera mi forma de trabajo, y si lo alterase estaría muy atento a que no me perjudicara. Si yo siento que me perjudica en el servicio que ofrezco… Yo establezco un acuerdo de prestar un servicio, y si alguna cosa se modifica yo puedo exigir que me den una mano para poder prestar mi servicio con la calidad que creo que debo prestarlo.

¿La televisión afectó tu modo de trabajo? Te lo pregunto porque los actores suelen quejarse de los tiempos televisivos…

—Estoy lejos de pensar eso. Puedo entender que hay personas que tuvieron experiencias de mierda en televisión, pero también conozco personas que tuvieron experiencias de mierda en el cine y en el teatro. No digo que la televisión sea buena. No es ni buena ni mala. Voy a hablar de los actores: es muy fácil echarle la culpa a la televisión. De repente te dicen: “Vos viste cómo es la tele”. Agarraría a la raza de los actores y les diría que a veces no es tan así, porque a veces no vienen con la letra estudiada, no marcan el libreto, estudian en el set, no traen una puta idea, un puto regalito al set. Es como el puntero, que termina diciendo: “Qué querés que haga, si otra cosa no se puede hacer”...

lunes, 9 de mayo de 2011

CARLOS TRILLO






Nació el 1 de mayo de 1943. Comenzó su carrera profesional en 1963. Un año después se transformó en colaborador de la revista Patoruzú semanal, hasta 1968. Escribió para Ediciones García Ferré episodios de los personajes "La familia Panconara, una familia muy rara", "El topo Gigio" y "El hada Patricia" y colaboró con el programa de televisión "El Club de Hijitus", además de realizar trabajos de locutor junto a Carlos Marcucci, Eduardo Belgrano Rawson y Alberto Broccoli, en Radio Municipal.

Satiricón fue el próximo destino de Carlos Trillo, en el año 1972, y ya comenzaba a codearse con los dibujantes Oswal, Horacio Altuna y Lito Fernández. En 1975 pasó a la revista Mengano, donde colaboró desde el número uno con Altuna y realizó "Un tal Daneri" junto a Alberto Breccia. Con el hijo de Alberto, Enrique Breccia, comenzó a abrirse al mercado internacional con "Alvar Mayor", publicada íntegramente en la revista Skorpio de Argentina y también en Italia, España y Francia.


Junto a Altuna fue el creador de la popular tira cómica "El Loco Chávez", un periodista que cuenta de una manera particular los vaivenes socio-económicos por lo que atravesaba el país. La tira se publicó diariamente en el diario Clarín entre el 26 de julio de 1975 y el 10 de noviembre de 1987.

























Otro de los personajes emblemáticos de Trillo fue "Las puertitas del Sr. López", un oficinista cobarde y sumiso que ingresaba a mundos imaginarios al traspasar la puerta del baño. La publicación apareció por primera vez en la revista de cuentos de ciencia ficción El Péndulo en octubre de 1979, y luego en la revista Humor a partir de 1980. El cómic, realizado durante la dictadura militar, alcanzó tanto éxito que fue llevada al cine en el año 1988, y obtuvo el Gran Premio en el Festival Chaplín del Humor, en Vevey, Suiza.

Ya en el año 1982, Carlos Trillo publica "El último recreo" en la revista española "1984". En Argentina la serie comenzó en Superhumor, que publicó tres episodios, para continuar en Fierro, a partir del número 7.


El "Negro Blanco", junto al dibujante Ernesto García Seijas, representó la continuidad de "El Loco Chávez" en las páginas de Clarín hasta septiembre de 1987. Desde el 28 de abril de 2002, el guionista publicó en el mismo periódico "CaZados", junto a O´kif.

Y junto a Jordi Bernet realizó "Clara de noche" que se publica semanalmente en el suplemento "No" de Página/12. Clara es una prostituta con un perfil de mujer liberal, muy atractiva e independiente.

Carlos Trillo falleció este fin de semana en Londres, donde estaba de viaje familiar con su esposa, la escritora Ema Wolf.




sábado, 16 de abril de 2011

miércoles, 6 de abril de 2011

APROPIADORES Y PROPIETARIOS





Algunos son apropiadores. Ustedes, en cambio, son propietarios. Propietarios de su trabajo, de sus estudios y de las horas que dedican a su vocación, les dijo la presidenta Cristina Fernández a los actores que ayer participaron de la inauguración de la nueva sede de la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (SAGAI).

“Ustedes no presionan para quedarse con las cosas de los demás sino para que les reconozcan las cosas propias. Es la diferencia entre ser apropiador y ser propietario, ustedes son propietarios, otros... Bueno, dejémoslo ahí”, señaló la jefa de Estado en una alusión elíptica a la directora del diario Clarín Ernestina Herrera de Noble, investigada por la justicia por presunta apropiación ilegal de dos menores durante la dictadura militar.

En la nueva sede, ubicada en Marcelo T. de Alvear y Paraná, y rodeada de actores y actrices, la presidenta recordó que la entidad controla el correcto reparto de los derechos del intérprete, a través de un sistema informático y destacó la lucha de los actores para que esos derechos fueran reconocidos. También recordó que la lucha por el reconocimiento de los derechos a los actores “al igual que SADAIC, data de la sanción de derechos intelectuales, en 1933, que muchos la sabían de memoria, pero no la cumplían”.

Durante su mensaje, la presidenta destacó que fue el ex presidente Néstor Kirchner, quien en 2006 firmó el decreto que reconocía el derecho de los actores a su imagen. “El decreto le sacó algunas de las canas que tenía, por algunas presiones, pero él se emperraba con las cosas, cuando consideraba que eran justas, cuando había un derecho en el medio”, contó la mandataria. De todas maneras, reconoció la importancia de que los actores hayan sostenido la lucha por la reivindicación de sus derechos: “Las cosas no vienen porque sí. No es la omnipotencia del que está ocupando un lugar de poder, ustedes lucharon por el reconocimiento.”

En el acto, la presidenta estuvo acompañada por el ministro de Economía Amado Boudou, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, el secretario de Cultura Jorge Coscia, el presidente de Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes Pepe Soriano y el secretario general de la entidad, Jorge Marrale.

Pepe Soriano recordó que desde 1933 muchas generaciones de actores esperaron una respuesta a los derechos de la labor artística. “Esa respuesta la obtuvimos después de 73 años, cuando Néstor Kirchner firmó el decreto que hizo lugar nuestros derechos”, contó.

El encuentro de los intérpretes con la presidenta se convirtió en una foto que conjugó el prime time televisivo y la cartelera porteña. Pablo Echarri, Nancy Duplaá, Mercedes Morán, Juan Leyrado, Jorge Marrale, Federico Luppi, Hugo Arana, Osvaldo Santoro, Paola Krum, Joaquín Furriel, “Coco” Silly, Daniel Aráoz, Julieta Díaz y Alejandra Darín, entre otros actores, asistieron al acto para conocer la nueva sede.

Según Soriano, la Sociedad recaudó el año pasado 18 millones de pesos, de los cuales una parte se destina a la fundación, la que se ocupa de pagar pensiones por fallecimiento y subsidios a actores que se encuentran en mala situación económica. “Estamos trabajando para cambiar la vida de los actores”, enfatizó el actor.
Soriano acompañó a la presidenta en el recorrido por las instalaciones de la entidad. En ese momento hubo lugar para los elogios: la mandataria felicitó al actor por el buen gusto con el que se refaccionó el edificio.










jueves, 17 de marzo de 2011

PRODUCCION DE CONTENIDOS




El Incaa presentó en Canal 7 la Unidad de Fomento a la producción de contenidos para televisión, Internet y videojuegos, que será la encargada de organizar concursos para realizadores de contenidos en todo el país. La ceremonia incluyó la presentación de un video con los inicios de las primeras transmisiones televisivas y el lanzamiento de la TV digital.





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Allí pudo verse desde el discurso de Eva Perón de 1951 hasta el discurso de la presidenta Cristina Fernández el día de la presentación de la Ley de Medios. El secretario de Medios y Comunicación, Juan Manuel Abal Medina, resaltó la importancia de que la Argentina produzca su propia ficción “que representa nuestros sueños” y advirtió: “Así como la Argentina no debía ser soñada desde afuera, como ocurría hace algunos años, tampoco debe ser soñada desde Buenos Aires”. Al acto asistieron los actores Andrea del Boca, Marta Bianchi, Víctor Laplace, la presidenta del Incaa Liliana Mazure, el titular del Sistema Nacional de Medios Públicos, Tristán Bauer, y representantes de los gremios.


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El Incaa promoverá "la aparición de nuevas voces y la federalización de los contenidos audiovisuales digitales", aseguró Lucrecia Cardoso, gerenta de Acción Federal del organismo, con motivo del lanzamiento de un ente que fomentará la producción.

Cardoso explicó que el organismo pretende rescatar el "enorme capital simbólico que tienen los numerosos realizadores que hay en el país" y que, a través de esos concursos, contarán con el respaldo del Estado para concretar sus producciones.

"Los egresados de las carreras de cine terminan viniéndose a Buenos Aires a producir. Nos interesa que elaboren contenidos que reflejen la idiosincracia de cada región, que se federalicen los contenidos", propuso la funcinaria.

  • La Unidad de Fomento tendrá 3 programas: uno destinado a productoras con antecedentes en la materia; otro para televisoras de carácter público y comunitario; y una tercera para productoras sin antecedentes.

"Ya hubo una primera edición de este programa y se presentaron alrededor de 500 proyectos. Esa edición tuvo un presupuesto ejecutado de 75 millones de pesos", puntualizó Cardoso.

El Incaa realizará los concursos pero la Unidad de Fomento a la producción audiovisual se financiará con fondos aportados por el Ministerio de Planificación Federal.

"En Argentina existe una enorme capacidad para contar historias, ya sea en formato de ficción o documental. Ahora se afianzará la posibilidad de llevarlos adelante".

En forma simultánea, pero ya en el plano del desarrollo industrial de los contenidos, el Incaa avanzará la implementación de subsidios a proyectos que sean elegidos por concursos organizados por la entidad.

Con esa modalidad, el Estado subvencionará a los proyectos elegidos con un monto económico, que será el equivalente al valor de las cargas sociales de los actores y técnicos involucrados.

El programa destinado al fomento de nuevas voces en el mapa audiovisual, como el orientado a la industria ya desarrollada, convergerán, según Cardoso, para otorgarle al Estado "un nuevo lugar" en la promoción de contenidos.

"Se trata de un paso más en la consolidación de un camino hacia la recuperación de la palabra pública", concluyó la funcionaria.





jueves, 3 de marzo de 2011

LA NOCHE DEL TÍO OSCAR





El momento fue inolvidable. En 1972, uno de los mejores actores de la historia, Marlon Brando, supo de boca de los organizadores que iba a ganar el Oscar al Mejor Actor, por su inolvidable papel en El padrino, de Francis Ford Coppola. Brando, un actor estupendo en los años 50, había sido elegido por Coppola para ese papel contra la opinión de todos los productores del film, y todos los de Hollywood, que estaban seguros de que su carrera había naufragado para siempre durante los años sesenta, en buena parte por su decisión de cobrar fortunas por interpretar papeles que le importaban un bledo.

Como el personaje de Don Corleone lo había traído de retorno a las Grandes Ligas, los productores de aquella ceremonia de la Academia pensaron que Brando haría el papel del hombre en problemas redimido por la industria, del perro salvaje por fin amaestrado. Se equivocaron feo: envió a la ceremonia a una actriz cuyos ancestros eran indios sioux, Sacheen Litleefeather, que se despachó en cadena mundial contra el modo en que el cine y la televisión estadounidenses narraron el exterminio de los antiguos dueños de aquel suelo y rechazó la estatuilla que, igualmente, intentaron entregarle. Mientras tanto, el galardonado disfrutaba del momento... en una reserva indígena. A Brando, que ya había obtenido un Oscar en 1952 por Nido de ratas, no lo invitaron nunca más. Tampoco hubiese ido, con certeza. Ya no tenía nada que ganar.



La última vez que a Brando, que murió en 2004, le preguntaron si se sentía el mejor en lo suyo contestó textualmente: “El mejor actor vivo del cine se llama Sean Penn”. Ese mismo año, Penn ganó el Oscar a la mejor actuación por su tarea en Río místico, una notable película de Clint Eatswood. A la hora de agradecer el premio, en uno de sus típicos gestos rebeldes heredados del protagonista de Último tango en París, Penn pronunció unas breves y significativas palabras. “Si hay algo que los actores saben bien es que, así como no existen las armas de destrucción masiva, no existe una mejor actuación”, dijo.

Era el momento en que el presidente George W. Bush intentaba convencer al mundo sobre la existencia de armas químicas en Irak, buscando justificar la invasión disfrazada de justicia, los negocios convertidos en política internacional, la matanza de civiles como inevitables daños colaterales. Pero el desafío de Penn no quedó allí. La Academia recibió para el año siguiente una instrucción muy clara del Departamento de Estado: de allí en adelante la televisación de cada ceremonia se concreta con un leve diferido de 60 segundos. Es decir, el tiempo exacto para censurar en el caso de que a algún otro actor se le ocurra meterse en temas candentes para la política interna de los Estados Unidos.

Eso es normal hoy en los grandes acontecimientos, sobre todo luego de que a una de las hermanas de Michael Jackson, Janet, se le viera durante segundos un pecho, durante su afiebrada performance en vivo durante el entretiempo de una final de Superbowl, que miraban en directo cien millones de espectadores. Susan Sarandon y Tim Robbins agradecieron cuando vinieron hace cuatro años al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, estar en un país en que se podía decir en voz alta lo que se pensaba, sin temor a censuras o represalias. Y en que la televisión, si transmite algo, no se toma un tiempo para diferir la emisión y censurar aquello que no le convenga. O al menos, eso parece. En Estados Unidos a los actores que suelen opinar en público sobre temas políticos les dan premios muy de vez en cuando. Por las dudas, ellos, como el resto, tienen apenas 45 segundos para hablar cuando están en escena. Y, por las dudas, a todos los nominados les envían a sus casas, semanas antes, un DVD que contiene un simulacro de entrega, con reloj incluido, para que vayan practicando la síntesis verbal.Ya se sabe, sólo la organización vence al tiempo.


La ceremonia de los Oscar, la de esta noche (domingo 27 de febrero de 2011) es la número 83, puede verse como una fiesta de millonarios observada por gente común que se fija más en los vestuarios que en las dotes artísticas, una gran transmisión televisiva en que una industria se premia a sí misma destacando a sus íconos de taquilla, una muestra del poderío de la imposición cultural estadounidense al resto del mundo o una triste velada decadente de una élite autoconvencida de su propia importancia, pese a que ya casi no tiene historias nuevas que contar. Pero también es, con toda certeza, una ceremonia bizarra recontra atractiva. El que busque actos de justicia artística, si es que existen, en una fiesta de características como éstas saldrá defraudado: los Oscar son los premios del negocio del entretenimiento a sus tótems del último año calendario. Así ha sido desde aquel día de 1929 en que se entregaron por primera vez las estatuillas que a partir de 1931 se conocerían con en nombre actual, luego de que la actriz Margaret Herrit exclamara al ver la que le tocaba que era muy fea, pero le daba ternura porque le recordaba a un tío suyo, llamado Oscar. Si su abuela hubiera bautizado al hermano de su padre con el nombre de John, hoy hablaríamos de los Premios John.



La lista de grandes que no ganaron jamás un Oscar como mejor director es larga, pero baste señalar que incluye a Orson Welles, Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Howard Hawks, Akira Kurosawa, Ridley Scott, Ingmar Bergman, Stanley Kubrick, Charles Chaplin, Quentin Tarantino y David Lynch.

Lo mismo pasa con actores y actrices de renombre y prestigio, entre ellos Judy Garland, Greta Garbo, Richard Burton, Liam Neeson, Harrison Ford, Deborah Kerr, Barbara Stanwyck y Eleanor Parker.





A su vez, en verdaderos dislates vinculados con las reglamentaciones han ocurrido hechos como que Charles Chaplin obtuviera ¡en 1973! el Óscar a la mejor banda sonora por Candilejas, una película que había sido realizada ¡en 1952! pero que recién entonces se había estrenado en Los Angeles. En la época del lanzamiento inicial del film aún estaba en su apogeo un fenómeno político interno llamado por la historia La Era del Macartismo. Y Chaplin había sido una de las obsesiones centrales de la caza de brujas desatada por el senador Joseph Raymond McCarthy, con su vasta red de influencias políticas y una fijación con el universo del cine.

En cambio, el bueno de Walt Disney, que fue clave en la política de comunicación de los intereses internacionales estadounidenses sobre todo en los años ’40 y ’50, resulta para la historia el hombre favorito de la Academia con más 60 nominaciones y 26 Oscar ganados. Quien dude sobre este punto puede leer (o releer) el aún interesante ensayo Para leer al Pato Donald, publicado en 1972 por Ariel Dorfman y Armant Matellart, cuando la semiótica era apenas una palabra difícil y Salvador Allende gobernaba Chile.

El ciudadano, la obra maestra de Welles, no ganó el premio en 1941, y una y otra vez ha sido considerada la mejor película de todos los tiempos. De la que ganó ese año, Qué verde era mi valle, se acuerdan sólo los fanáticos de John Ford.



El inglés Alfred Hitchcock no consiguió ningún Oscar al mejor director pese a haber rodado más de 60 películas, muchas de ellas en Estados Unidos, cinco de las cuales le posibilitaron estar nominado en ese rubro, entre ellas Rebeca (1940), La ventana indiscreta (1954) y Psicosis (1960). Cuando se dieron cuenta, le entregaron un Oscar honorífico.





La leyenda negra de los premios cuenta con episodios de película, como aquel en que el actor Jack Palance estaba tan borracho cuando le tocó entregar en 1993 el Oscar a la Mejor actriz secundaria que convocó a recibirlo a Marisa Tomei, nominada por Mi primo Vinny, en lugar de la actriz cuyo nombre tenía ante sí. El galardón era para otra integrante del quinteto que completaban Judy Davis, Vanessa Redgrave, Joan Plowright y Miranda Richardson, pero no hubo forma de volver atrás la situación. Palance le dijo luego a sus amigos que había decidido hacer su propia voluntad porque era una afrenta al honor estadounidense que las otras cuatro actrices fueran inglesas. La Academia no rectificó la decisión de Palance. No quiso afectar la seriedad de sus galardones.




miércoles, 23 de febrero de 2011

TEATRO EN BARRACAS




GONZÁLEZ Y PERSINCOLA...

EL SÁBADO 26 DE FEBRERO, A LAS 21 HORAS, EN EL PASAJE ICALMA 2047, EN BARRACAS

ES APTA TODO PUBLICO

Y NO HACE FALTA COMPRAR ENTRADAS

jueves, 17 de febrero de 2011

LOS DESAGRACIADOS PIERDEN PÚBLICO




La gracia que pierde la gracia termina en ridículo. Y ya no tiene gracia que Elisa Carrió haya dicho intrigantemente que el multitudinario funeral de Néstor Kirchner lo organizó Fuerza Bruta. Y que no fue espontáneo. Le faltó decir que el muerto se murió a propósito como parte del diseño del espectáculo. Cuando un comediante desesperado por recuperar un éxito perdido apela a recursos indecentes está más perdido que el éxito.

Hoy la propia espontaneidad de la “desagraciada” Carrió está en descrédito. A su vez Mauricio Macri, por más que no pare de hacer y decir gracias, no merece que alguna de ellas se remarque. Cuando se tragó el bigote postizo de su imitación de Freddy Mercury alcanzó el punto desde el cual cuanto más quiere hacer reír más vergüenza ajena causa. Si la risa es fácil es que el disparador no es complejo. Al conocerse algunas de las declaraciones de su inspirador Jaime Durán Barba, se verá que aquello es cierto. El laboratorio de gracia del PRO es modesto; pero el basural de consecuencias desgraciadas nunca para. La Ciudad es un banco de pruebas que remite a Shakespeare cuando escribe acerca del cuento contado por un idiota lleno de sonido y de furia. Hoy esta ciudad es ese cuento contado por un idiota sin Shakespeare. Hay público para todo. Lo que a unos divierte a otros deprime.

¿Quién es más eficaz en uno y otro sentido, Capusotto o Santo Biasatti?

Diariamente están los chistes informativos y de opinión de Marcelo Bonelli; que por más afán que ponga en acentuar su natural caricatura opositora, son obvios. Para él todo inflaciona, hasta la humedad y la temperatura. Lo más duro es hacer chistes sin querer y ser objeto de la risa de los otros. A Cobos, por más que se lo estire, no le da el cuero para superar la desorbitada gracia con que celebró aquel voto no positivo. No supo darse cuenta que aquella caravana festiva a Mendoza, desmesurada de mito campestre, fue un mal chiste y él un mal cómico. Es que la impensada comicidad de sí mismo luce igual que el orgasmo fingido. De Narváez no logró que su exitoso “Alica-alicate” no se fuera desafilando hasta convertirse en un chiste viejo. Ya hoy Tinelli no lo subiría más a su espectáculo. Los Duhalde hasta hace poco no paraban de hacer reír y llorar a la platea, pero últimamente lucen como actores que desde el escenario miran con melancolía cómo se les va yendo el poco público que habían conseguido. Lástima, hasta el cartel francés van a ir perdiendo si los resultados de las encuestas no los auspician. Duhalde que pudo quedar en algún umbral menor de la Historia, pero ser historiado, se ha arriesgado a apostar a la prehistoria y al olvido.

La gracia tradicional del radicalismo -sin contar la de De la Rúa, insuperable en toda la gama- ha quedado en candidatos cuyas máscaras tan limitadas y correctas sólo causan alguna gracia en reuniones clásicas de familia. No logran ni de casualidad un espectador joven de piercing o una adolescente de tatuaje en los glúteos. Advertidos del síndrome, se autoexigen contra natura inclinarse de urgencia hacia el centro y a la izquierda. Pero se han ido tanto a la derecha, y han hecho tanto para sobarla y ser sobados por sus medios, que no van a llegar a tiempo a retrotraerse. Para izquierdizarse levemente van a tener que copiar aunque sea un mendrugo del kirchnerismo. Aunque para copiar, tengan que reconocer resignados el recurso imitativo. Pero es que no pueden atreverse siquiera a la copia para no perder el soporte de los medios dominantes que los apoyan. Y, como sigan apoyados y anotando en la libreta esos favores de época, van a llegar a las elecciones endeudados con ellos hasta la quiebra.

Ese endeudamiento involucra a todos los opositores, incluyendo a las sectas redentoras. Leí un graffiti por ahí que me dio pena: parodiaba aquella frase de Sartre cuando dice que si los judíos no existieran, los antisemitas los inventarían. El graffiti dice: “Si el PO no existiera el capitalismo lo inventaría”. Y si, claro. Es como la papita para el loro. También si la tapa del diario La Nación no existiera, WikiLeaks la inventaría. Como soporte para intrigas contra gobiernos populares es el medio más confiable. Disculpen esta gracia adolescente. Aseguro que no es corrupta ni inflacionaria, y no es inseguridad, como la cadena de males que inspira a la gracia opositora. Es que estoy dulce: acabo de leer todas las encuestas acerca de la intención de voto que destacan las óptimas chances del Gobierno. Todas no: porque las de “Poligarquía” las salteo. A sus encuestadores se les nota el tesón por producir alguna gracia antikirchnerista abusando de la fantasía estadística.

Ah, quien acaba de perder su última y agónica gracia aeronáutica es el director de cine y ex piloto Enrique Piñeiro. Un diagnóstico mundial de expertos, difundido desde Alemania -Jacdec- califica a Aerolíneas Argentinas en el puesto octavo entre las diez líneas áreas más seguras de las miles que operan en el mundo. Pensar que Enrique Piñeiro se la pasó sembrando el terror desde hace una década. Sus propaladores mediáticos lo entrevistaban día y noche, porque cada radar que él denunciaba como inútil, cada avión a estrellarse les servía como oposición al Gobierno. Es probable que haya obtenido beneficios porque el género rinde, y él llegó a ser primera figura del entretenimiento. La mayor gracia del ex piloto -igual que la de la Carrió- es que cuanto más catástrofes predicen más seguro está el público.

Tampoco Carlos Reutemann recuperará el cetro de hipotético y gracioso aspirante a la presidencia abstracta en continuado. Cada vez que vuelva a salir a escena a dudar sobre sus dudas, su gracia será previsible. Desunido o unido con los malos o con los buenos, Reutemann no conseguirá, ya no sólo conservar su antiguo lugar de “casi”, sino que se tendrá que ir conformando con menos. O mucho menos. Si se lo mira en relación a sus atributos políticos lo que ya obtuvo lo excede.

Es lo que pasa en el amor con ciertas famosas parejas: ahí está Shakira en brazos del futbolista español Gerard Piqué. Y está Antonito de La Rúa, quien deberá resignarse a no poder repetir aquella gracia afortunada que desde Colombia le proveyó de fortuna. Hay azares, hay suertes que suceden una sola vez en la vida. Y hay gracias que se hacen más gracia y hay otras que se desgracian para siempre.

Ahí está la exención a los jueces a pagar impuesto a las ganancias. Desde siempre que están exentos graciosamente. Son intangibles. Como los curas son célibes. Todos los ciudadanos son iguales ante la Ley salvo que unos son menos iguales que otros. No hay que perder las esperanzas. Algunos de los ministros de la Corte Suprema están dispuestos a ceder el privilegio. Con “acordar” una acordada bastaría para anularlo. Producirían un hecho memorable de ampliación de la ciudadanía. Más improbable sería que un día de éstos, voluntaria y unánimemente, los más de 20.000 jueces en ejercicio, pasaran por la ventanilla con su mejor gracia a pagar motu proprio lo que la AFIP no puede exigirles. Eso sí que es gracioso.

¡Y dale con la gracia! Es que hay mucha y hay poca o no hay nada. Es un don, como todos, repartido desigualmente. Un caso es el de Felipe Solá, despilfarrador de su gracia y apostador empedernido en pérdida creciente. Todavía está a tiempo y a lo mejor recupera unas fichas.

A algunos protagonistas políticos les pasa lo mismo que a las actrices y actores que de tanto pasar por el quirófano pierden todos los gestos y movimientos de las facciones. Hay actrices que cuando actúan y quieren demostrar un estado de ánimo ya no se sabe si están vivas o si están muertas pero con los ojos abiertos. Se dice que hay directores de cine de Hollywood que cuando las tienen que dirigir las hacen actuar solamente en escenas donde no tienen que expresar ningún sentimiento. Y aun así quedan falsas. También les pasa a los políticos. Que si abusan de tantos cambios de rumbo y de objetivos -y dejan que les diseñen la imagen creativos fantasiosos-, acaban perdiendo la identidad de origen. Y ya no son -no sólo de derecha o de izquierda o de centro- sino que no son nada político. Ni apolítico.

Y está ese contraste entre el oficialismo que acrecienta la dinámica de su militancia, y la oposición que se ha se ha ido desganando. Desagraciando.

Igual que la virginidad o la castidad que una vez usadas no se recobran, la gracia que se perdió no vuelve. Y por más que se renueven comediantes e incorporen a graciosos, los elencos opositores no podrán superar los anacronismos de sus libretos.

Es lo que está en su naturaleza.

Como está en la de ciertos políticos su propio encantamiento. La mejor gracia que oí dice que hay un candidato varón encantado consigo mismo.

Es fácil acertar de quién se trata.



domingo, 13 de febrero de 2011

¿Por qué en la Argentina hay radios que sólo pasan canciones en inglés?




En 1982, en pleno conflicto con Inglaterra por la Guerra de Malvinas, la dictadura que encabezaba Leopoldo Fortunato Galtieri prohibió por decreto la difusión de música extranjera en una medida insólita, demagógica y patriotera que generó un cambio muy fuerte en las programaciones de las radios argentinas. La medida, que duró apenas unas semanas, y en cuya lógica Los Beatles y los Rolling Stones eran voceros de Margaret Thatcher, originó un efecto impensado: disparó el boom del rock nacional, cuyos intérpretes jamás habían sido difundidos en paridad de condiciones por las emisoras desde su aparición, a mediados de los ’60.

Los que vivieron aquella época tumultuosa y contradictoria recordarán de qué manera extraña en las mismas radios que antes los censuraban sin decirlo comenzaron a sonar temas, intérpretes y hasta discos completos que, por mucho tiempo, habían juntados polvo en los anaqueles de lo que no se programa. Sin la música en inglés, cuya difusión era respaldada económicamente por los sellos multinacionales, con publicidad paga y de la otra, de repente las radios argentinas parecían, en lo artístico, radios argentinas. Radios obedientes a una dictadura que tenía una serie de 300 temas prohibidos por el Comfer.

A casi 30 años de aquellos hechos, un extranjero que llega a la Argentina buscando escuchar por radio las novedades o las grandes clásicos de la música nacional, muchos de cuyos intérpretes tienen reconocimiento mundial, se encuentra con una sorpresa importante. Salvo que tengan apoyo explícito de la hoy decadente industria discográfica, los intérpretes argentinos casi no suenan en las radios argentinas. Es mucho más fácil encontrar en una radio nacional un tema de Shakira que uno de Adriana Varela. Se programa muchísimo más a Coldplay que Atahualpa Yupanqui. Las canciones de una tonta y pasajera estrellita televisiva como Selena Gómez rotan en las emisoras con una continuidad que nunca tuvo en vida Mercedes Sosa. Hay colmos, como radios prestigiosas del espectro de la FM porteña (Aspen 102.3, Blue 100.7 o la Metro 95.1) que no pasan música en castellano. Sólo pasan música en otros idiomas, salvo circunstancias muuuuuuuy especiales. Para sus propietarios, gerentes de programación, y aún para sus locutores, conductores y periodistas, este proceso, que llaman de segmentación del público, es natural. Si hay gente que las consume, las programaciones tienen sentido. El viejo truco de sus colegas de televisión, que justifican sus barrabasadas de programación afirmando que le dan al público lo que el público quiere. Dicen: así como hay radios que sólo pasan música en español, nosotros sólo pasamos música en inglés. Very good. En el interior, encontrar radios de FM con personalidad local definida es raro. Todas parecen seguir un modelo con sede en Buenos Aires, cuando no son, en rigor, repetidoras.

Argentina construyó durante mucho tiempo argentinos que desprecian lo propio y santifican lo ajeno. Argentinos que dicen con desprecio “este país”, en lugar de “mi país” o “el país”, encontrando siempre razones válidas. En el rubro del consumo cultural, millones de personas dijeron durante años que no veían cine argentino porque les parecía berreta, que no leían literatura latinoamericana porque les resultaba inferior a la europea, que no estaban dispuestas a pagar por una ópera si era de un compositor nacional, porque nunca estaría a la altura de una de Verdi, que preferían La Paloma a Mar de las Pampas, en una extensión de la preferencia sobre Palermo Viejo frente a Barracas.

Ese comportamiento snob, superficial y ante todo inculto, perdura en el tiempo porque está alentado por factores de poder económico que los propios consumidores desconocen. Hay muchos jóvenes que escuchan una radio, por ejemplo Rock & Pop 95.9 o Mega 98.3, sin saber que detrás de cada una de ellas hay negocios, acuerdos y pactos con productores de espectáculos que predeterminan las líneas generales de programación. La gente consume, entonces, productos cuya difusión está en estricta relación con el dinero que gana la empresa que los promueve, sin que pesen para nada las calidades artísticas. Durante años, Rock & Pop promocionó los espectáculos que organizaba Daniel Grinbank porque Daniel Grinbank era su propietario, o el gerente de los nuevos dueños (que además, aunque sea un detallecito, violaban las leyes argentinas porque acumulaban emisoras aprovechando la inacción del Estado). Cuando el empresario se peleó con sus ex socios, a los que denunció además como vinculados al narcotráfico en México, Rock & Pop hacía como que no sabía que tocaban en Buenos Aires ¡¡¡los Rolling Stones!!!

¿Habrá en China chinos que digan que aman el cine, pero sólo ven cine extranjero? ¿Habrá en Inglaterra ingleses que escuchen canciones pero sólo si están interpretadas en otros idiomas? ¿Existirán en Estados Unidos lectores que detesten la literatura estadounidense? ¿Existirán en Francia emisoras de radio que no pasen, salvo accidente, temas de artistas franceses? Está claro que el gusto por el arte no puede imponerse, pero también que si hay difusión extrema para ciertos artistas o géneros y ninguna para otros, es imposible que el público pueda conocer y disfrutar de valores que son de interés artístico central. Salvo honrosas excepciones, las radios masivas no pasan hoy a Larralde, Goyeneche, Yupanqui, Pugliese, Aquelarre, Mercedes Sosa, Spinetta, Cuchi Leguizamón, Gardel, La Camerata, Cafrune, Edmundo Rivero, Moris, Piazzolla, Alma y Vida, Suma Paz, Floreal Ruiz, Ginastera, Troilo, Los Trovadores, Dino Saluzzi o Eduardo Falú, entre muchos grandes de verdad, privando así al público de recordar o conocer a artistas, canciones y obras que están clavados en el corazón de la cultura nacional y popular.

En AM, cuando un tema va por los 90 segundos, operadores, productores y hasta gerentes artísticos se ponen nerviosos. ¡Hay que hablarle encima o pasar a la tanda comercial, o a otro asunto porque del otro lado, suponen, la gente se aburre! Del otro lado, en rigor, miles de oyentes braman por la falta de respeto que significa no dejar que termine un tema de tres minutos. Pasa todos los días. En las FM, salvo las especializadas, como La Folklórica 98.7 o FM Tango 92.7, la enorme mayoría de lo que se programa, por “criterio artístico” (en realidad, muchas veces comercial), pertenece a una visión de la Argentina como una colonia artística anglosajona. Para colmo, algunas de las que pasan música en el idioma propio parecen, la mayor parte del tiempo, emisoras de Miami.

Es insólito para una sociedad madura que tenga que venir el Papá Estado a poner las cosas en su lugar con los contenidos artísticos, para que lo nacional tenga el mismo respeto que lo importado, en un país con una cultura musical más que notable. Pero si no lo hace el Estado, que tiene una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ley 26.522) en aguas de borrajas, y no por su culpa, ¿quién lo hará? No lo harán aquellos que difunden con pasión de conversos a Daddy Yankee, Amy Winehouse y Lady Gaga, todos artistas interesantes, pero jamás pasaron, ni por equivocación, un tema de María Elena Walsh. Salvo el día que se fue al cielo, o al infierno, de los artistas.





domingo, 6 de febrero de 2011

TV DIGITAL ABIERTA x 13





Se suman 4 nuevas señales a la TV Digital Abierta

Con Tateti, Video Éxito, Argentina HD y Suri TV ya son 13 los canales que se pueden recibir de manera gratuita por el Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre.

La Televisión Digital Abierta dejó de ser un proyecto para ser una realidad que llegará a millones de argentinos en forma gratuita sin tener que pagar un abono mensual para poseer un servicio de cable o de televisión satelital privada.

A los 9 canales que ya se emiten (Encuentro; Paka Paka; Incaa TV; Canal 7, Gol TV; Vivra; CN23; C5N y Telesur) se le incorporan 4 nuevas señales que desde el fin de semana están dentro de la plataforma de TV Digital gratuita para que el espectador pueda disfrutar.

Las nuevas señales que ya se están emitiendo en periodo de prueba son (señal infantil); TatetiVideo Éxito (canal de música); Argentina HD (canal de turismo argentino); y Suri TV, el canal que une los pueblos originarios, con transmisión de programas de Paraguay, Chile, Bolivia y Ecuador.

fuente tda


sábado, 5 de febrero de 2011

EL LAMENTO DE PABLO SIRVEN




La batalla cultural que se viene librando en nuestro país desde hace siete años acerca del periodismo, va inclinando el combate hacia el desenmascaramiento de los pretendidos medios independientes, portadores de una pretendida objetividad ahora cuestionada.

Pablo Sirven
es un periodista dedicado a la crítica de los espectáculos y que últimamente incursiona en temas más generales siempre fiel a sobreactuar la línea editorial de su medio.

Tiene varios libros publicados como “Breve historia del espectáculo en la Argentina”, “La mirada incandescente” y algunos en coautoría, entre otros con Carlos Ulanovsky como “ Siempre los escucho” y con éste último y Silvia Itken “ Estamos en el aire”.

El lamento de Pablo Sirven, su desgarro profundo, está reflejado en su artículo en la tribuna de doctrina del 29 de noviembre bajo el título de “El nuevo periodismo militante” donde escribió : “Tal fue la salva de escupitajos conceptuales que han mantenido sobre la expresión "periodismo independiente" que hoy ya son pocos los que se atreven a seguir usándola”. No fueron los escupitajos conceptuales Pablo, los que inclinan el terreno: es la flagrante mentira lo que está siendo triturada. Pero dejemos que el escriba mitrista diferencie al periodista independiente del militante.


“Pero no les alcanza: ahora van por más. Ya hace rato que expresan su ateísmo en torno a la existencia de la objetividad y su afán por descentrar de manera bastante grosera la postura apartidaria que procuran tener los "periodistas profesionales" en el ejercicio de su actividad, en contraposición con quienes se vienen reivindicando con orgullo como "periodistas militantes".

¿Cuál sería la diferencia entre un "periodista militante" y un "periodista profesional"?

El primero antepone su ideología a la información, a la que interpreta a través de aquélla. Cualquier noticia debe servir, antes que nada, a la "causa". Lo demás se descarta o minimiza. Esto sucede, hasta las últimas consecuencias, en los regímenes totalitarios donde se publica exclusivamente aquello que es útil al gobierno y se silencia por completo a los que no se disciplinan verticalmente al "pensamiento único"
.

El "periodista profesional", aunque tenga ideología, de todos modos tratará de dejarla a un lado y procurará abordar la noticia sin preconceptos, tratando de mostrar sus múltiples matices y contradicciones. Naturalmente, se trata de una persona y como tal no está exenta de pasiones y puede equivocarse. Por otra parte, se expresará dentro de los márgenes de la política editorial de la empresa periodística donde se desempeña”.

Es difícil encontrar un periodismo más militante que el desarrollado por el diario La Nación desde su fundación, precisamente uno de los medios que posa como emblema del periodismo independiente. Su fundador Bartolomé Mitre fue el representante de los comerciantes del puerto de Buenos Aires que resultó triunfador en los 60 años de guerras civiles. Fue el que arrasó con los caudillos norteños como Felipe Varela y el Chacho Peñaloza. Sus coroneles como Sandes, Irrazábal, Paunero, fueron adelantados en sus crueldades a los que practicaron los esbirros del terrorismo de Estado en la dictadura establishment militar de 1976 a 1983.

Una anécdota contada por Miguel Hernández en su libro “Vida del Chacho” y recogida por Vicente Massot, colaborador de La Nación y justificador del terrorismo de estado en su libro “Matar y morir” aclara con precisión los tantos:

  • “A las cinco de la tarde, poco más o menos, el dueño de los llanos de la Rioja, Ángel Vicente Peñaloza, y todos sus jefes y oficiales, se presentaron en el campamento de Rivas. Con ellos estaban Bedoya y Recalde, los enviados de Paunero. Peñaloza entregó sus armas y todos los prisioneros que tenía. Antes de hacerlo, el caudillo riojano preguntó a los mitristas si los habían tratado bien. Le contestó un coro: “¡Viva el general Peñaloza!... Entonces, como era lógico, el Chacho reclamó sus prisioneros. Ningún jefe del ejército nacional se animó a confesar que habían sido fusilados sin juicio ni misericordia”.

Como la historia es una película y no una mera sucesión de fotos, no puede extrañar que mucho años después los herederos de Mitre instigaran y justificaran el terrorismo de Estado. Es en ese escenario, Pablo, que tu pecho se inflama de entusiasmo cuando aludís a la ética, la moral republicana, a la democracia, al estado de derecho y a la división de poderes.

Mitre fue el que condujo los ejércitos de la Triple Infamia que destruyó al Paraguay después de perpetrar un genocidio. A la finalización de la guerra, el regreso del ejército triunfante fue la causa de un gigantesco brote de fiebre amarilla. Al poco tiempo el general que comandó las fuerzas vencedoras fundó el diario La Nación, que sería el guardaespaldas de sus infamias.

Escribió y falsificó la historia oficial, que fue la que testimonió la visión de los triunfadores en las guerras civiles. Su coherencia política es irreprochable: crítico de los gobiernos populares, apoyó los golpes de 1930, 1955, 1966, y 1976. En cambio, en el terreno económico su discurso más que centenario abdicó ante sus intereses privados. Predicador de la libre competencia, no tuvo empacho de tener con Clarín, el monopolio de Papel Prensa. Antes que asumiera Néstor Kirchner, uno de sus máximos directivos, Claudio Escribano le presentó un pliego de condiciones que debía cumplir bajo apercibimiento que de no hacerlo, su gobierno no duraría un año. El santacruceño hizo lo contrario a lo intimidado y La Nación inició una cruzada para castigarlo, abdicando de las más elementales prácticas periodísticas para hacer realidad aquella promesa.


Con esta historia: ¿dónde está el periodismo profesional que define Pablo Sirven? Es ese profesionalismo el que omite la muerte de Perón entre los acontecimientos relevantes en el libro editado por Planeta, en el año 1998 llamado “La Nación: los grandes sucesos del siglo a través de sus primeras páginas” prologado por José Claudio Escribano cuya primera frase dice: “La primera plana es la gran vidriera de un diario.”

¿No es precisamente la quintaesencia del periodismo militante que siempre ejerció La Nación?



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