sábado, 30 de octubre de 2010

"¡Fuerza Cristina! ¡Fuerza a los millones!"



Hay muchas tristezas argentinas, que me ha tocado vivir en España. En 2001, cuando el país se desplomó, estaba en Madrid, trabajando ya por aquí. Intentando alejarme de una Argentina que poco me gustaba hace años. Y seguía por aquí cuando Kirchner asumió el poder como presidente.

Se ha dicho mucho del peronismo, que siempre he intentado entender en su gran complejidad y variedad, con esos extremos tan rotundos. Y extrañamente, [el ex presidente Néstor] Kirchner en ese cóctel, tenía algo muy parecido a un presidente humano.

El primer presidente que recuerdo bien, después de la pesadilla videla, viola, galtieri (no merecen las mayúsculas), fue Alfonsín, radical. Empecé a aprender lo que era la democracia y también viví de cerca, mientras trabajaba en La Noche de los Lapices, lo difícil que le fue negociar con el poder de los militares y los grupos económicos que los seguían manejando.

Por eso, los extraordinarios logros del juicio a las Juntas, se vieron ensombrecidos por la ley de punto final, como parte de esa negociación.

[El ex presidente Carlos] menem, o Méndez (como también se le llama), terminó de asentar esa absurda "reconciliación nacional" con [el general, Martin Antonio] balza al frente y los supuestos militares "buenísimos". Los torturadores y todo el engranaje feroz, los perros de caza de la dictadura, estaban caminando entre nosotros, con una ley que, otra vez, los amparaba.

Menem siguió. Continuó negociando con lo peor de un sistema que deja afuera a casi todos. Lo veíamos aparecer exitoso, canchero y triunfador (como lo que más me desagrada de nuestra argentina identidad). Se vendió casi todo el país a bajo precio y con altas propinas para los mercaderes. Primer mundo, sostenido con veneno y mentiras millonarias.

Con la continuación de [el ex presidente Álvaro] De la Rua, el país colapsó a finales de 2001, cuando a Argentina le bajaron las acciones para seguir vendiéndola barata. Y en el 2003, después de varios presidentes en pocos años, Kirchner compitió con menem y fue declarado presidente de los argentinos.

Era el peronismo neoliberal de Méndez, contra algo que no conocíamos bien. Pero Kirchner, se parecía a algo más cercano. En su primer discurso como presidente, en Argentina lloraban de emoción y yo en España, también lloraba de alegría, por esas palabras tan humanas, que se hicieron carne política en los años que siguieron.

Todavía estaba el cuadro con la foto de videla en la puta ESMA (uno de los principales centros de tortura durante la dictadura). Kirchner lo quitó de ahí; museo de la memoria fue rebautizado. Sonriente. Cuando alguien ríe en esas circunstancias, parece que no tiene miedo. Ya no había miedo. El pingüino le hacia frente al león.

Aquel no solo fue un símbolo necesario, un gesto histórico. También fue para nosotros, los que nos habíamos maleducado en la dictadura, una concreción para empezar a saber más, porque su política de derechos humanos fue perfecta. Seguíamos aprendiendo de los 30.000 muertos con los que no pudimos hablar.

Después de eso, rajó a la policía, que todavía era la cómplice de la tortura; derogó las leyes de punto final y obediencia de vida. Y ahí se ganó el respeto de millones, como dice Mempo. Consiguió la recuperación económica, con un crecimiento del 8% anual. El campo, las exportaciones, el turismo, se recuperaron. Los científicos emigrados empezaron a volver porque se empezó a invertir en investigación, en educación, en cultura, repartiendo, por primera vez en años, las riquezas desde arriba, hacia los de abajo. Y así, la inclusión de otros millones; y así, el mejor momento económico argentino en décadas, reflejado esto también en el pago histórico de parte importante de la deuda externa.

Y eso es más humano. Quien diga lo contrario es porque, simplemente, tiene otros negocios. Negocios que les parecen más importantes que un mundo más humano y que se reflejan en lo que está ocurriendo con el sistema económico internacional en la actualidad, lleno de desigualdades.

Anteayer, la noticia me encontró en España, otra vez. Murió Nestor Kirchner, me dijeron. Y volví a llorar, pero ahora, con una tristeza nueva. Tristeza que va más allá de lo que tenemos justo al lado, por razones históricas que nos son familiares. Era una tristeza que uno comparte con otros. Una tristeza con ganas de luchar. Por seguir apostando a un país posible y a cosas positivas, que uno va a seguir apoyando, porque son buenas para TODOS.

Esta mañana acabo de llegar a Buenos Aires, amaneciendo con los millones de personas despidiendo sus restos. ¡La mayoría son jóvenes!

¡Fuerza Cristina! ¡Fuerza a los millones!

Leonardo Sbaraglia
es actor argentino.


Esta es una nota publicada en ELPAIS.com > Internacional.



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jueves, 28 de octubre de 2010

EL TIPO QUE NO ARRUGÓ





Obviamente, esto no me genera nada dulce ni agradable. Es un golpazo porque era un referente político importante. En lo que a mí respecta, y por lo que he vivido, fue uno de los políticos más importantes de las últimas décadas. Cívicamente corajudo y con vergüenza política, capaz de enfrentar ciertas cosas con lenguaje directo, un poco a cara de perro, campechano, y a veces remando en situaciones muy complicadas, muy duras. Me impresionó mucho cuando hizo bajar los retratos. Me pareció una forma de simbolizar el inconsciente de un país de manera viril y frontal. Y eso me dio la pauta de que había algo ahí que tenía que ver con la decisión, con la ejecutividad, con ver las cosas con perspectiva. Cuando pidió que descolgaran el cuadro de Videla fue la primera vez que como habitante de esta Argentina en la que envejecí viendo presidentes cagones, cobardes, mentirosos y truchos, vi a un tipo que se puso los pantalones y dijo lo que tenía que decir. ¿Por qué? Porque él era el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Vi en situaciones similares a presidentes como Alfonsín o De la Rúa arrugar hasta la médula. Kirchner era un animal político de verdad: tenía el instinto y la capacidad de piloto automático de navegar en medio de tormentas. No exagero nada, no soy nada afecto a las pleitesías políticas, pero de verdad desaparece un referente importantísimo de la Argentina, no solamente por el gobierno que hizo sino porque además en ningún momento dejó de plantear las cosas con la frontalidad con que podía hacerlo. Era capaz de conversar mano a mano, campechanamente, sin ningún tipo de solemnidad. No era un rasgo populista sino de llaneza intelectual y capacidad afectiva. Como hombre político, arrancó la primera magistratura con un delgadísimo porcentaje de votos, con aquella interferencia estúpida y canalla de Menem. Y con ese caudal de votos mínimo, sin embargo, muñequeó, manejó la cosa, se enfrentó al FMI, creó instancias de negociación realmente importantes. Supo plantear políticamente la no dependencia del Fondo, el quite de la deuda. Me da la impresión de que sabía qué quería y se basaba únicamente en el aprecio y en la confianza en la masa, en el público, a la manera griega. Es un momento en el que hay que estar muy atento, muy alerta y muy lúcido porque va a haber una avalancha catártica de canallaje político que va a decir de todo y utilizar esto como una manera de retrasar y negativizar el proceso. Es un momento duro y espero que su mujer tenga el ánimo, el coraje, la fuerza y hasta la capacidad de llanto para poder superarlo.




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sábado, 23 de octubre de 2010

TANGOLPEANDO en ESPAÑA




Los amigos actores y músicos de Tangolpeando estuvieron en el XLI Festival de Teatro de Molina de Segura, España, con su espectáculo CACEROLAS, entre el 01 de octubre al 09 de octubre de 2010.


Investigamos primero los objetos cotidianos que servían al ciudadano como instrumentos en sus reclamos callejeros. Profundizamos en la creación de personajes pertenecientes a la clase trabajadora del sector industrial. Nuestros personajes, trabajadores industriales argentinos, abordan desde sus puestos de trabajo y mediante sus instrumentos de protesta, las respuestas ciudadanas ante la historia argentina reciente: el descrédito de las instituciones, la burla de la clase política, la miseria de las provincias argentinas por la centralización porteña, las utopías surrealistas y los disparates de sus gobernantes, la diáspora familiar fruto de los exilios económicos y políticos, el desexilio como desencuentro entre el país imaginado y el real, la represión, la violencia… todas estas experiencias de vida contadas con el humor argentino: grotesco y disparatado, ocurrente e ingenioso, carnavalesco, tanguero, folklórico y sobre todo, mestizo...


TANGOLPEANDO, es un grupo argentino formado por
Gonzalo Morales: Bandoneón, arreglos y voz;
Gabriel Rovito: Guitarras, percusión y voz;
Leo Trento / Pablo Grande: Piano, percusión y voz;
Pablo “Lobo” Zepol: Bajo, programación y voz;
Miguel Mendonça: Batería y percusión.

Bruno Rovito: Asistente de dirección
Gustavo Lista - Gabriel Rovito: Dirección actoral, diseño de luces y puesta en escena.

Mónica Yuste - Anita Lüscher: Producción ejecutiva.

TGP group: Producción general y creación


VEA EL VIDEO: Tangolpeando en MURCIA España. AMIGOS: Al final de este video sale la nota que nos hicieron para el show que dimos en Molina de Segura.

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lunes, 18 de octubre de 2010

HAY un SAQUEO del DESEO




Entrevista a
Pacho O´Donnell


El grito sagrado lo catapultó como historiador. Sin embargo, prefiere dejar ese título
a los que estudiaron en la universidad, y él quedarse con el de escritor. Porque siente que, al igual que con el psicoanálisis y el teatro, llegó a la historia por rodeo. De ese trayecto hizo una virtud: firmeza en las convicciones, soltura para la escucha.






-Haber llegado tarde y fuera de la academia a la historia, ¿qué beneficios y qué perjuicios que le trajo?

-Para empezar siempre he sido un heterodoxo en todo lo que hice. En el psicoanálisis, en el teatro, en la historia. Quizás tenga que ver con una especie de conflicto básico de un problema en la figura del padre. Siempre me costó tener padres, entonces me tuve que erigir yo mismo en mi propio padre. Le tengo que contar una clave profunda mía, como confidencia, pero puede publicarla: tengo una absoluta convicción de que lo importante es lo que no se ve. Vengo de una familia burguesa que cuidaba muy bien las formas, pero como toda familia burguesa en la trastienda era un infierno de emociones, sensaciones, contradicciones. Mi posibilidad de no psicotizarme fue poder descifrar eso que no estaba a la vista. Y eso se incorpora como un eje vertebrador de lo mío. Lo que vertebra esas cosas distintas que hago es la fascinación de lo oculto. Me interesa el psicoanálisis porque verdaderamente coincido que es mucho más importante para nuestras actitudes en la vida lo que no sabemos de nosotros mismos que lo que sabemos; me interesa de la historia lo que no se ve, lo que no nos contaron, lo que nos escondieron; me fascina la arqueología (hice algunas expediciones); y el teatro porque ahí lo importante es la bambalina. En la historia digo que soy un historiador silvestre. Por eso como profesión pongo escritor. El papel de historiador le corresponde más a los que han estudiado para hisotoriadores, cosa que en mi época no había prácticamente en la universidad. Las ventajas han sido una libertad de moverme por fuera de los condicionamientos de la profesionalización de la historia. Y una ventaja profunda es que como no tengo colega, en el sentido de que las disciplinas humanísticas en su voluntad de transformarse en ciencias duras generan idioma, lenguajes, modismos, contraseñas, jerigonzos, etc, que de alguna manera definen esa identidad. Cuando un sociólogo, un psicoanalista, un historiador escribe, generalmente lo hace para un colega. Uno cuando escribe siempre tiene un interlocutor. Muchas veces inconciente. Escribo un texto y es como si escribiera una carta a alguien. No tengo un colega como interlocutor, tengo la gente. O sea lo que yo mismo soy: un intruso en el campo de la historia.

-Usted publicó en los 90, época donde el revisionismo no parecía tener mucha cabida.

-El revisionismo había quedado muy lejos de la superficie por distintos motivos. Quedó muy identificado con el peronismo, entonces cuando vino el golpe del '55 se echaron a todos los profesores de doctrina peronista y revisionista, en su mayoría, y hubo una captura de la historiografía oficial de todos los sistemas de poder. O sea que era muy difícil moverse por fuera de eso. Entonces cuando empecé estaba muy solo y muy atacado. Recuerdo que Luis Alberto Romero publicaba artículos donde me injuriaba. Me decía que era un tipo comercial. Inclusive pidió hacer la crítica de mi libro de Rosas en el suplemento de La Nación, y dijo algo que en principio me parece inédito en la sección crítica: dijo que mi libro era pésimo, creo que una palabra inédita en la crítica literaria elegante como suele ser la de La Nación. Creo que fue una especie de punta de lanza del sector más oficial de la historia de tratar de destruirme. La historia me gusta desde siempre, pero en algún momento empecé a descubrir que había ciertos personajes o circunstancias que se le habían escapado a la historia oficial. Justamente cuando publico El grito sagrado (que es mi tercer libro, antes había venido Juana Azurduy y después la biografía de Bernardo Monteagudo, que se va a reeditar el año que viene), en realidad me lo pide la editorial y no tenía nada. Entonces saco del cajón lo que serían los resultados de un vicio mío: recortar, escribir, fotocopiar aspectos de la historia que iba conociendo y que me sorprendían o me indignaban o me parecían desconocidos en la idea ingenua de que eran aspectos que se le habían pasado por alto a la historia oficial. Luego la gente me hizo ver que no eran olvidos, eran versiones o interpretaciones que habían sido dejadas afuera.

-Usted dijo que el trabajo de la historia oficial fue desarrollar, generación a generación, formas de pensamiento y de acciones en función de esa historia. ¿Dónde y en qué cosas se ve hoy ese mecanismo?

-Primero habría que definir qué es la historia oficial, la que se escribe al final de la guerra civil, que es una manera de la lucha de clases. El combate de La vuelta de Obligado es una manifestación de la lucha de clases. Por un lado está la oligarquía librecambista de Buenos Aires, aliada con los intereses de los imperios, y por otro lado está el pueblo, el populacho, la chusma, los federales, las provincias. La guerra civil es una guerra con un final anunciado. No podían perder los Unitarios. Tenían todo el dinero de la Aduana, el apoyo de las grandes potencias (sobre todo de Gran Bretaña), el apoyo de la mazonería (que en esa época era fundamental), y el federalismo tenía el coraje, la razón, la verdad, el carisma, pero carecían absolutamente de todas las otras cosas para hacer una guerra: dinero, armamento, conexiones internacional, etc. Cuando termina la guerra los que escriben la historia son los vencederos, que se rebautizan liberales, pero como suponiéndose ingleses, parte del liberalismo británico, aunque le copian el liberalismo económico pero no el político. Los liberales argentinos son autoritarios. Y la historia que escribieron es en defensa de sus intereses, para justificar el proyecto de Organización Nacional que ellos ponen en marcha. Es una historia que forma parte de un proyecto político, y tiene como estrategia manejarse con conceptos abstractos como civilización, progreso, etc., que son manejados como una contrapartida a la barbarie. El portavoz de la oligarquía portuaria, que es Sarmiento, define la Organización Nacional como alternativa dilemática entre civilización y barbarie. En la cual civilización era Europa y la barbarie aquello contra lo que habían peleado. Por eso creo que el interés que despierta esta pasión por revisar la historia es porque la gente siente que cuaja mejor su vida. Un elogio para mí fue cuando estaba haciendo la cola en un banco un señor me dice gracias a sus libros puedo leer mejor el diario todas las mañanas. Permite entender por qué hay peleas de cierto tipo, por qué pasan ciertas cosas hoy.

-Pese a la revisión histórica de los últimos años ante la disidencia aparece la crispación.

-Nunca he podido sostener un debate con Luis Alberto Romero y otros. Me han invitado a pelearme, han dicho cosas horribles mías en los medios. Creo que está naciendo una generación joven que está pudiendo hacer la articulación. Yo soy el péndulo: por ejemplo por momentos parece que tengo una posición muy antisarmientina, pero le agrego aquello que se ha ocultado siempre, que parece un educador suave, angelical, con guardapolvo blanco; y Sarmiento cuando tenía que imponer sus ideas podía mandar a degüello a quien se le diera la gana; era muy violento. Rescato cosas de la figura de Rosas, entonces parece que soy rosista. Y no, hago una visión más ecuánime, pero como todos han dicho lo malo... Está apareciendo una generación nueva de jóvenes que se está formando en las universidades, pero que me viene a ver, a conversar, y que de alguna manera están iniciando y logrando la articulación de lo bueno que tiene la historia oficial con lo bueno que tiene el revisionismo. Mi papel ha sido el de péndulo. Pero esa reacción que recibí con "El grito sagrado" es porque algunos historiadores de la vieja escuela oficial, creen que cuando uno cuestiona las bases de su doctrina, en realidad está amenazando con el alimento de sus hijos. Conciente o inconcientemente para ellos es muy claro que todo el edificio historiográfico (las cátedras, los empleos, subsidios, viajes, etc.) están basados sobre una concepción de la historia. Parecería que si uno cuestiona ese conocimiento se va a derrumbar todo. Y seguramente en el fondo hay una conciencia de que hay alguna fragilidad en eso.

-El país parecía venir en calma hasta que apareció la famosa 125, el primer intento desde el final de la dictadura de meterse con la renta extraordinaria el campo.

-La crispación en algunos casos estaría justificada porque son medidas que apuntan a una transformación profunda. Hay estamos hablando de reacciones de intereses afectados por medidas gubernamentales que tienen un eje transformador muy interesante. Y dentro de la tendencia o la vocación transformadora de este gobierno, lo interesante es que también lo ha ejercido en el campo de la historia. Le diría que la Presidente Cristina Fernández de Kirchner es revisionista. Aparte de que ella me consulta con cierta frecuencia y demás, el texto historiográfico del festejo del Bicentenario fue absolutamente revisionista. No sólo no estaban las figuras de Sarmiento y Rivadavia (con gran escándalo, y estaban los caudillos), sino que había una carroza en homenaje al combate de La vuelta de Obligado. Ese combate es un elemento clave en la interpretación de la historia. En la lista de patriotas argentinos que se incorporó en el salón de patriotas latinoamericanos se lo incluyó a Rosas; ella ascendió a generala a Juana Azurduy. Porque además la Presidenta sabe historia. Por eso el gran golpe, que me ha emocionado mucho, es declarar feriado el 20 de noviembre. Porque soy un apasionado luchador por La vuelta de Obligado desde hace muchos años. El combate, junto al cruce de Los Andes, son las dos gestas militares más extraordinarias de la historia argentina. Imagine que un paisito débil, aislado, recién nacido se opone al ataque de las dos grandes potencias del momento, Francia e Inglaterra. Finalmente capitulan, a los cuatro años Inglaterra y a los cinco Francia. Y los dos se van disparando los 21 cañones de homenaje a la bandera argentina que Rosas le exigía como condición sine qua non para firmar el acuerdo final. El otro día di una charla sobre La vuelta de Obligado ante más de 300 personas, y digo: sé que ustedes sabían que iba a hablar sobre La vuelta de Obligado, y me dijeron que iban a traer imágenes. Los organizadores me miraron. Y pregunté si alguien había traído alguna imagen. Y nadie levantó la mano. Saco un billete de 20 pesos y les digo: todos ustedes tienen una imagen de La vuelta de Obligado. Estuvo tan silenciado que ni siquiera sabían qué tenían en el bolsillo. No hay ninguna calle con el nombre de Rosas, Estanislao López, Chacho Peñaloza, Cacho Ramírez, o sea la guerra continúa. Esos siguen siendo enemigos imperdonables. Realmente fueron una amenaza muy fuerte contra el establishment. Es curioso que un proyecto de clase dirigente no haya tenido ninguna intención de incorporar a los vencidos.

-Ni siquiera por propio beneficio.

-Es cierto. Lo de La vuelta de Obligado es extraordinario, y se podría haber rescatado el heroísmo de esos tipos que con diez bombitas se opusieron a un ejército poderoso. Por eso la historia oficial todavía no puede digerir cómo pudo ser que el personaje más denostado de la historia haya recibido el mayor homenaje posible de su máximo héroe: San Martín le entrega su sable. Estamos muy acostumbrados a denigrarnos, como decía Jaure-tche. Somos una porquería, deshonestos, dejamos pasar oportunidades.

-"Somos el culo del mundo y se nos cagan de risa".

-Claro, claro. Hay como una cosa casi de tristeza. Entrar en contacto con las epopeyas que fuimos capaces es algo que hace psicológicamente bien. Somos un pueblo que puede estar orgulloso. En contrario de ese sistema incluso periodístico de darle ese baño de cinismo y negativismo y desesperanza, es importante reconocer lo que pasó y sentirnos orgullosos. Y pensar que volveríamos a ser capaces de hacerlo si llegara el momento.

-Pareciera que lo positivo sólo se ve en las situaciones límites pero no en períodos de calma.

-Ese es un fenómeno socio-político. Situaciones como las de las Madres de Plaza de Mayo, los desaparecidos, La vuelta de Obligado, el 16 de junio del 55 son momentos en que el conflicto de clases está muy evidente, donde los intereses dominantes se sienten tan amenazados que pierden los estribos, el disimulo. Y si tienen que matar, matan; si tienen que invadir, invaden; si tienen que desaparecer, desaparecen. Lo otro es la situación de una sociedad dominada, donde la vida social está marcada absolutamente por los intereses dominantes. Hoy el sistema de la dependencia es muy sutil, se ejerce sobre nuestras mentes. Lo que hay es un saqueo del deseo. Estamos inoculados para desear aquello que el sistema necesita que deseemos. De ahí la inquietud. Porque hay un distanciamiento muy grave de nuestro propio deseo. Deseamos comprar cosas que no necesitamos. Dejamos nuestra vida por cambiar los celulares. Hay una inquietud que es funcional al sistema. Si estuviéramos quietos el sistema no funcionaría. El sistema necesita que estemos inquietos y deseantes. Pero que estemos permanentemente insatisfechos. Porque lo que necesitan es que deseemos aquello que el sistema necesita que deseemos. Nos necesita inquietos, insatisfechos, disconformes. Crispados. Y ahí vamos a buscar formas vicariantes de satisfacción. De pacificación.

-La sensación es que nunca se puede tocar a la clase dominante porque enseguida alteran los ánimos. Eso genera mucha impotencia.

-Igual vale la pena. Una de las características del poder es que es invisible. Rosas es emblema del hombre poderoso: gobernó con la suma del poder público, 20 años, es la idea de El Poder. Rosas muere en Southampton, en la miseria económica, olvidado. Lejísimos. Esperando que los Anchorena le manden una carta. Ofendido. ¿Era Rosas el poderoso o es Anchorena que hacía negocios con Uquiza, que hará negocios después con Mitre, y con todos los que vengan? ¿Cuál es el poder? Sin dudas Rosas no lo era. ¿Menem, De la Rúa eran el poder? Eran máscaras. Una de las características más potentes del poder es que es invisible. Eso da la idea de que los movimientos populares no tengan otro destino que la derrota. Pero de todas maneras vale la pena. Alguna vez quizás la situación cambiea.

-Usted criticó el revisionismo que hizo el gobierno de los Kirchner sobre los 70.

-He vivido el exilio, la he pasado mal en los setenta, o sea que estoy absolutamente de acuerdo con que se imponga justicia. Lo que hace tiempo vengo diciendo es que no se diga dictadura militar. Es un gran error porque se indulta a todos los civiles necesarios para la dictadura. Pero también dije que hay una visión tuerta de darle todo el peso a los Montoneros: las personas que sufrieron en la dictadura fueron muchos más. Hubo exiliados, castigados, periodistas, dirigentes sindicales, estudiantiles que no eran montoneros. A raíz de la lucha contra la guerrilla urbana se aprovechó para eliminar todo aquello que molestaba para la instalación del sistema que se instaló. Falta una mirada más amplia de la época. Todos los argentinos que han quedado melancólicos, que han quedado afuera después de la diáspora y que no se animaron a volver, o no pudieron; toda una generación de argentinos con sus hijos extranjerizados o adaptados a otro país. Hay mucho drama que fue solamente el drama extraordinariamente imponente del secuestro, la tortura y la desaparición. Falta la incorporación a la historia de los 70 de todos los sectores que también fueron atacados y también sufrieron. Me sigue pasando de ir por la calle y recordar: ¿dónde está este tipo? Que era un crack, iba a ser un gran abogado, un gran pintor, ¿dónde está? Está el desaparecido real pero está el que desapareció por el miedo, se quebró, se fue afuera y fue otro, no lo que iba a ser acá.

-Hay mutilaciones que no se ven.


-Ha habido mucho sufrimiento. Y hay tipos que fueron vencidos, tipos que cuando me fui tenían una gran pasión revolucionaria y cuando volví eran capos de la especulación financiera. Gente a la que le rompieron el alma. Quizás toda esa gente merecería que se rompa un poco esa exclusividad dictadura-montoneros-montoneros-dictadura. Y no estoy harto.




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martes, 12 de octubre de 2010

LA BATALLA DE LA COMUNICACIÓN



Te invitamos a la presentación del libro:

"La batalla de la comunicación"
De los tanques mediáticos
a la ciudadanía de la información.


de Luis Lazzaro




PANEL DE PRESENTACIÓN:

Eduardo Aliverti, periodista. Director de ETER
Agustín Rossi, Pte. Bloque FPV, HCDN
Néstor Busso, Pte. Consejo Federal de Servicios Audiovisuales.
Juan Manuel Abal Medina, Secretario de la Gestión Pública.
Gabriel Mariotto, Pte. Del Directorio AFSCA

Jueves 14 de octubre a las 19 horas.

Sala Olga Berg.
Asociacion Argentina de Actores
Adolfo Alsina 1762 - CABA - Argentina



  • "Esta vez no han venido con tanques, han sido acompañados por generales multimediáticos..."
(Cristina Fernández de Kirchner,
Presidenta de la Nación)



  • "Fox News lleva a cabo una guerra contra Barack Obama y la Casa Blanca... "
(Anita Dunn.
Directora de Comunicaciones de la Casa Blanca)




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lunes, 4 de octubre de 2010

LA ESCENA FAVORITA



Me gusta mucho el cine de Lina Wertmüller, varias de sus películas, pero me acuerdo especialmente de una, Pasqualino Settebellezze, quizá porque conocí circunstancialmente a su actor y quedé prendado de su trabajo. Hay en la película una secuencia que me pareció notable, por su valor etnocéntrico, que es la secuencia en la que la capo, aquella enorme mujer alemana, gorda tetona llena de músculos, y culo y piernas anchas y grandotas, lo obliga a Pasqualino a que le haga el amor en una especie de sillón-diván que tiene ella en su oficina, en el campo de concentración. Y él, trabajosamente, con todo el rechazo que eso le provoca, se sube a ella como escalando una montaña –es una secuencia que está muy bien filmada– y logra el cometido sobre ese enorme pedazo de carne, con bastante vergüenza interior.

Luego hay otra escena memorable. La mujer obliga a Pasqualino a hacer lo mismo varias veces. Y en un momento están evaluando un poco el sentido y fin de esta guerra tan terrible y ella dice: Ustedes, ignorantes, brutos gusanos mediterráneos, van a ganar el mundo justamente porque no tienen ideales ni tienen vergüenza ni amor propio, pero son el epítome de la condición real de la subsistencia, y así se subsiste en un mundo sin valores. Me pareció una especie de acto de contrición ideológica de parte de esta mujer; la definición exacta que tenían los arios, en este caso los nazis, del mundo mediterráneo.

Es una secuencia que tiene una enorme cuota de patetismo y de rebajamiento, e impresiona toda la presunción moral de esta mujer que obligaba a realizar el acto sexual a este tipo al que por supuesto lo desmotivaba ese continente enorme de grasa, que con su cara rubicunda de chucrut y salchicha seguramente conseguiría pocos tipos en la vida.

Vi Pasqualino Settebellezze unos días después de su estreno y, como dije, había conocido a su actor, Giancarlo Giannini, en una presentación que se hizo aquí en Buenos Aires. Lo había traído la productora y se organizó una conferencia de prensa con un montón de gente interesante, pero ese día el traductor falló –no recuerdo por qué motivo–, y un tipo de la producción me llamó para preguntarme si yo, que hablaba italiano, no me animaba a ocuparme de la traducción. Le dije que sí y así lo conocí a Giannini, un tipo notable, con una gran simpatía y una especie de laxitud filosófica a la hora de hablar de su carrera: él decía de sí mismo: Esto es lo que hago, no sé si podré seguir siendo actor en el futuro, pero no tengo ningún tipo de posibilidad de creerme alguien importante, porque en general las películas pueden hacerlas veinte actores diferentes. Y creo que eso me condicionó para verlo con simpatía y con más “piedad” –no sé si ése es el término justo– cuando vi al personaje de Pasqualino en esa secuencia. Por entonces Giannini ya era conocido, ya había hecho varias películas importantes, y ya había trabajado con Lina Wertmüller en esa película en la que Sofia Loren tiene dos amantes, Amor, muerte, tarantela y vino. Era una época en la que el cine italiano se vendía como pan caliente: ese mismo día, hablando de tantas cosas, muchas intrascendentes, me dijo también: Estamos haciendo tantas películas para vender el modo de ser itálico, la famosa commedia all’italiana, que cada actor, cada guionista, cada iluminador pide cuantiosas sumas de dinero, que se le pagan, y cada vez queda menos dinero para hacer la película.

Con Giannini no nos volvimos a ver, pero el destino me puso en una disyuntiva de esas un poco patéticas años después, cuando Guillermo del Toro estaba por hacer Mimic, esa película de las cucarachas gigantes, con Mira Sorvino, y me llamó para hacer un personaje. Yo, que tenía un compromiso en España con un director holandés, me lo perdí, y ese papel lo hizo Giannini.

En cuanto a la película de Wertmüller –una directora que me gusta mucho, un ser humano importante, vamos–, es un film que volví a ver varias veces, una vez cada tanto, pero como vuelvo yo a rever los films que me gustan: no lo busco especialmente, así como no me gusta almacenar dvds ni vhs; no tengo pasión de cinéfilo coleccionista, me gusta ver las películas un poco por casualidad, tropezarme con ellas, y repetir cada tanto un acto ocurrido hace tiempo con una suerte de pátina de virginidad. Mantiene el interés vivo.

Me gustaría que se filmaran más películas como Pasqualino Settebellezze, más películas que vuelvan sobre aquellos temas y aquella época, no necesariamente hechas con rigor histórico o pautas veristas, pero sí que recuerden el pasado; porque creo que a veces olvidamos el profundo pozo en que cayó la humanidad en esa época. Cuando vemos los discursos de Hitler, o la efigie de Mussolini –como aparece en esa película reciente de Bellocchio, Vincere–, en el discurso de la Piazza Navona, con sus disparatados gestos de personaje de opereta, de la más horripilante estética, y la gente vibrando con eso, reaparece esa condición perversa, eléctrica, de locura. Me gustaría que el cine tocara más a menudo eso, porque, como decía Brecht, hablar del pasado ubicándolo en el algún lugar imaginario nos permite ver el presente con menos precaución, y verlo más a fondo. Y eso es lo que me pasó a mí al menos, con los discursos por la discusión del matrimonio igualitario, al escuchar las cosas que decían algunos de los opositores –diputados, senadores; gente con educación, con dinero, que podrían algún día presidir mi país–; cosas que forman parte de la historia del disparate humano en su más negra acepción. Cosas que nos hacen pensar que no estamos tan lejos de la irracionalidad de los tiempos de la Segunda Guerra, y que por momentos se parecen a la descripción que hizo esta gorda en Pasqualino: parecen bruti vermi mediterraneo, ¡podridos gusanos mediterráneos!

Así se subsiste en el mundo
x Federico Luppi...


  • Federico Luppi acaba de estrenar en cines la película Sin retorno, ópera prima del director Miguel Cohan, protagonizada por Leonardo Sbaraglia, Martín Slipak, Luis Machín y Ana Celentano.




Pasqualino Siete Bellezas

(Pasqualino Settebellezze, Italia 1975)

Escrita y dirigida por Lina Wertmüller y protagonizada por Giancarlo Giannini, Fernando Rey y Shirley Stoler, Siete bellezas sigue la vida de Pasqualino –un hedonista amoral, apodado “Settebellezze” por su fama de conquistador– a través de la Italia fascista. Cuando se desata la guerra, Pasqualino es liberado de la institución mental a la que fue confinado por asesinato, para poder servir al ejército. Pero, tras desertar, lo capturan los alemanes y lo mandan a un campo de concentración. Allí conoce a otro prisionero italiano, de convicciones anarquistas (Fernando Rey); y, como parte de su plan de fuga, seduce con sus ojos tristes –la marca de Giannini en esta película– a la jefa de la prisión que Luppi describe en esta página. Pero su estrategia se le vuelve en contra: la directora lo nombra comisario de su propio pabellón y lo obliga a seleccionar prisioneros para ser ejecutados, misión que cumple con la ayuda de sus amigos. A medida que avanza, el resto del relato se sume en una amargura cada vez mayor hasta desembocar en un final profundamente triste y desesperanzado.

Nacida en Roma en 1926, de ascendencia suiza y linaje aristocrático, Wertmüller hizo varias de sus películas más célebres, como Mimi metalúrgico, Amor y Anarquía, Noche de lluvia, Amor, muerte, tarantela y vino e Insólito destino, con Giancarlo Giannini, pero fue Siete bellezas la que la convirtió en la primera mujer nominada a un Oscar a mejor dirección. La película fue nominada también al Oscar a Mejor Actor, Mejor Película Extranjera y Mejor Guión Original.



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cholulos