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viernes, 30 de agosto de 2013

MÁS HUMO






El mundo del espectáculo argentino está de duelo: se separó el capo cómico Jorge Lanata. El que le arranca una sonrisa a todos por sus disparatadas investigaciones que terminan en nada. El que decía una cosa hace un tiempo y ahora, cuenta bancaria llena mediante, dice otra bien antagónica.


Tuvimos acceso a una conversación de la pareja que fue grabada por un vecino con un smartphone con Android 4.1.2 Jelly Bean, y luego enviado vía WhatsApp a un amigo que mediante mensaje privado de Facebook nos pasó la transcripcción del acalorado diálogo. La fuente pidió reserva de su identidad para evitar situaciones de apriete por parte del multimedios depredador que le paga las cuentas al farsante...


─ Lavate los dientes antes de acostarte, o mejor bañate, sucio, tenés un olor a pucho insoportable.

─ Pero por qué no te lavás el culo, boluda, me importa un recontracarajo tu olfato, fuck you.

─ Quedamos que no ibas a insultar adelante de la nena, y no cumplís con tu promesa.

─ Lo tengo recontrachequeado todo, Lola está mirando un capítulo de Violeta en YOU TUBE con los auriculares puestos, motherfucker, así que no me rompas las pelotas...



Jorge Lanata y su mujer Sara Stewart Brown se separaron. La pareja que llevaba 15 años de contrato y tiene un hija (Lola, de 8 años), decidió ponerle un punto final a la relación.







“No soy actor, no quiero hacer declaraciones al respecto, es algo muy personal”, le dijo ayer el periodista a Clarín, por vía telefónica. La Asociación Argentina de Actores (AAA) agradece la aclaración; el sindicato jamás aceptaría tener un mercenario entre sus asociados.


 Lanata aclaró: “Todo es cierto. Terminamos de la mejor manera y no hubo peleas”.  Miente.


─ ¿Dónde mierda dejaron la insulina, la puta que los pario a todos en esta casa?

─ Está en la valija que llevaste a Seychelles, vos mismo la pusite ahí...

─ ¿Y por que no la vaciaste, no pueden ayudar manga de inútiles?, la recontraputaquelosparió a todos en esta casa.


El conductor de Periodismo para todos (El Trece, domingos a las 22 horas) y del programa radial Lanata sin filtro (Mitre, AM 790, de lunes a viernes, a las 10 horas) siempre mantuvo un perfil bajo respecto de su vida íntima. Lanata, además, es padre de Bárbara, una joven de 23 años, fruto de la relación con la periodista Andrea Rodríguez.

El contrato con Sara Stewart Brown comenzó en 1998. Se conocieron en una revista que él dirigía y en la que ella hacía traducciones.

Años más tarde, en el 2004 nació la hija de ambos, y en el 2011 contrajeron matrimonio en un registro civil, con absoluta discreción. Eran tiempos en que Lanata todavía parecía progre y criticaba a Clarín. Después, por la guita baila el mono...









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PALADÍN DE LA JUSTICIA O ACTOR DE REPARTO



1.000 x EL CINE






sábado, 6 de julio de 2013

1.000 x EL CINE







Mil personalidades del sector audiovisual firmaron un documento en defensa del trabajo para productores, directores, actores y técnicos de cine y televisión, con el objetivo de sostener las políticas públicas y audiovisuales del Estado nacional luego de las denuncias que se ventilaron en los últimos días.

"Gracias a los subsidios a la producción (audiovisual), hoy se generan más de 100.000 puestos de trabajo al año en el país para productores, directores, actores y técnicos de cine y televisión, generando la industria audiovisual más poderosa de Latinoamerica", expresa el texo.

El comunicado, encabezado con el título "Apoyamos y defendemos las políticas públicas y audiovisuales del Estado Nacional", lleva más de 1.000 firmas y se da a conocer cuatro días después de que en su programa "Periodismo para Todos" Jorge Lanata intentara sembrar sospechas sobre una de las políticas públicas más efectivas de los últimos años.

Los actores Alfredo Alcón, Pepe Soriano, Mercedes Morán, Cecilia Roth, Darío Grandinetti y Pablo Echarri; los realizadores Luis y Lucía Puenzo, Ana Piterbarg, Jorge Nisco y Bruno Stagnaro y los productores Bernarda Llorente, Esteban Mentasti, Hernán Musaluppi y Verónica Cura, son algunos de los firmantes de la larga lista de adherentes y promotores de esta declaración pública.

También acompañan el documento distintas entidades del sector como la Cámara Argentina de Exhibidores Multipantallas, la Cámara Argentina de Productoras Pymes Audiovisuales, el Consejo Federal de la Televisión Pública, la Cámara Industrial de Productoras de Animación, la Asociación de Realizadores Integrales de Cine Documental, Directores Independientes de Cine, Proyecto Cine Independiente, la Asociación de Productores y Directores de Cine Documental Independiente de Argentina, entre otros.

El documento agrega que "2.000 empresas productoras de cine y televisión, de las cuales el 40 por son de las provincias de todo el país; 150 largometrajes al año, 50 cortometrajes, 2000 horas de producción para televisión, con más de 290 premios internacionales en los últimos 4 años", son el resultado de una política oficial efectiva que apunta a la industrialización y el fortalecimiento de la industria audiovisual en el país.

En este sentido, los firmantes agregan: "Agradecemos a nuestra Presidenta, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, la decisión política de apoyar, subsidiar e impulsar a todo el sector, con enorme respeto a la diversidad, la libertad de expresión y la participación de todas las voces".




sábado, 20 de abril de 2013

PALADÍN DE LA JUSTICIA O ACTOR DE REPARTO







Así como Julio Verne vaticinó en su obra algunas delicias tecnológicas de la modernidad, el precursor literario del registro visual en su variante secreta fue, a todas luces, el escritor francés Guillaume Apollinaire. En su cuento Un bello film, publicado en 1910, se refiere al barón D’Ormesan, un tipo que pretendía rodar un asesinato con una cámara oculta.

Ignoro quién fue el cineasta que llevó semejante idea a la práctica. Pero sí recuerdo que la primera cámara oculta que tuve la oportunidad de ver fue realizada por Pipo Mancera en sus inolvidables Sábados circulares. Para ello, se valió de un actor que provocaba insólitas reacciones en los transeúntes; lo suyo, por cierto, no tenía que ver con enganchar al prójimo en alguna actitud reñida con el Código Penal.

En mi caso, la única vez que utilicé dicho recurso fue en el año 2000. Por entonces, trabajaba con Juan Castro en el programa televisivo Unidos y Dominados. Y se me había ocurrido un informe sobre el uso por jueces de bienes secuestrados en procedimientos policiales. A tal efecto, fui a un juzgado, cuyo titular seguía usufructuando la camioneta de un narco que ya había recuperado la libertad. Debo decir que, en esa ocasión, yo no contaba con los beneficios de la tecnología de punta. En la espalda debía llevar una caja; adentro estaba la cámara. Cubría tal joroba con un saco ridículamente holgado; la lente estaba disimulada en la corbata, que persistía en torcerse. No obstante, el asunto salió bien. El juez en cuestión –sin saberse filmado– hasta atinó a decir: "¿Quién va a cuidar un vehículo mejor que un juez?" Cuando vi esa escena en la pantalla, me pareció muy graciosa. También sentí que mi pequeño acto había servido para hacer justicia, ya que el dueño de la camioneta no tardó en recuperarla.

Tal vez en alguna cinemateca se conserve una copia de las escenas tomadas a hurtadillas por un equipo de la televisión alemana a presos políticos chilenos en un cuartel fronterizo con Perú, tras el derrocamiento de Salvador Allende.

Los militares pinochetistas, en base a la errónea creencia de que los alemanes estaban allí por un documental sobre minería, los alojaron allí en calidad de huéspedes. La difusión mundial de aquellas imágenes hizo que los prisioneros recobraran la libertad.

No todas las manifestaciones del género son tan honorables. Días atrás, a través de un seguimiento que se prolongó por semanas, las cámaras ocultas del canal América se anotaron un hito en la materia: poner al descubierto un falso ciego que pedía limosna.

De modo que, a lo largo de su historia, las cámaras ocultas a veces sirvieron para esclarecer delitos y remediar injusticias. También fueron muy útiles en la producción de canallescas violaciones a la intimidad y chivatazos de toda laya, entre otras indignidades. Y siempre con la misma regla: registrar a un sujeto sin su conocimiento, en medio de una acción reprochable o una confidencia incriminatoria.

Sin embargo, nada es infalible. Porque, ¿cuál sería el efecto del asunto si se invierte esa condición? ¿Cuál sería su resultado si el objeto de una cámara oculta actúa ante ésta a sabiendas de que lo están filmando? El affaire Lanata-Fariña se perfila como un gran ejemplo al respecto.

En este punto, bien vale volver al texto de Apollinaire.

El barón D’Ormesan pretende filmar un crimen. Con ese fin, secuestra a una pareja –las víctimas– y conmina, bajo amenazas, a un hombre para cometerlo. Éste accede, aunque con una condición: cubrirse el rostro con un pañuelo que tiene dos orificios en el lugar de los ojos. El asesino cumple. "El pañuelo no se le movió de la cara durante la lucha –dice Apollinaire– y lo conservó puesto todo el tiempo que la cámara funcionó. ‘¿Están ustedes conformes? ¿Puedo ahora arreglarme un poco?’, preguntó. Lo felicitamos por su labor. Se lavó las manos, se peinó, cepillándose después el traje. Inmediatamente, la cámara se detuvo."

Ya se sabe que las máscaras encubren caras pero no los ojos. Congelan la mirada de sus usuarios. Pero al despojarse de ellas, esa mirada jamás recupera su expresión original. ¿Gajes de la culpa? De una manera más que metafórica, la cámara oculta es una máscara. Esa es precisamente la máscara que, durante la noche del último domingo, se le cayó al afamado conductor de Periodismo para todos (PPT), en medio de una operación mediática vulnerada por una contraoperación. Una increíble contraoperación urdida sin otro recurso que las dotes de buen psicópata exhibidas por su rival en esta historia, el insondable Leo Fariña.

Más allá de los intereses fácticos en juego, el asunto en sí guarda cierta semejanza con una añeja fábula policial: un inescrupuloso comerciante vende con papeles apócrifos un automóvil mellizo y recibe a cambio dinero falsificado. Lo cierto es que lo de Lanata y Fariña fue un duelo de gigantes. Un duelo que, en vez de convertir al primero de ellos en el gran desbaratador de un escándalo de corrupción, hizo de él un simple actor de reparto, tal vez el más desafortunado del elenco.

Cosas de la era digital. Cosas de un tiempo en el cual hay cámaras en los subtes, en los peajes, en el banco y en los baños. Hay cámaras en todos lados. Y como en The Truman Show nadie deja de ser filmado.






cholulos