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jueves, 3 de marzo de 2011

LA NOCHE DEL TÍO OSCAR





El momento fue inolvidable. En 1972, uno de los mejores actores de la historia, Marlon Brando, supo de boca de los organizadores que iba a ganar el Oscar al Mejor Actor, por su inolvidable papel en El padrino, de Francis Ford Coppola. Brando, un actor estupendo en los años 50, había sido elegido por Coppola para ese papel contra la opinión de todos los productores del film, y todos los de Hollywood, que estaban seguros de que su carrera había naufragado para siempre durante los años sesenta, en buena parte por su decisión de cobrar fortunas por interpretar papeles que le importaban un bledo.

Como el personaje de Don Corleone lo había traído de retorno a las Grandes Ligas, los productores de aquella ceremonia de la Academia pensaron que Brando haría el papel del hombre en problemas redimido por la industria, del perro salvaje por fin amaestrado. Se equivocaron feo: envió a la ceremonia a una actriz cuyos ancestros eran indios sioux, Sacheen Litleefeather, que se despachó en cadena mundial contra el modo en que el cine y la televisión estadounidenses narraron el exterminio de los antiguos dueños de aquel suelo y rechazó la estatuilla que, igualmente, intentaron entregarle. Mientras tanto, el galardonado disfrutaba del momento... en una reserva indígena. A Brando, que ya había obtenido un Oscar en 1952 por Nido de ratas, no lo invitaron nunca más. Tampoco hubiese ido, con certeza. Ya no tenía nada que ganar.



La última vez que a Brando, que murió en 2004, le preguntaron si se sentía el mejor en lo suyo contestó textualmente: “El mejor actor vivo del cine se llama Sean Penn”. Ese mismo año, Penn ganó el Oscar a la mejor actuación por su tarea en Río místico, una notable película de Clint Eatswood. A la hora de agradecer el premio, en uno de sus típicos gestos rebeldes heredados del protagonista de Último tango en París, Penn pronunció unas breves y significativas palabras. “Si hay algo que los actores saben bien es que, así como no existen las armas de destrucción masiva, no existe una mejor actuación”, dijo.

Era el momento en que el presidente George W. Bush intentaba convencer al mundo sobre la existencia de armas químicas en Irak, buscando justificar la invasión disfrazada de justicia, los negocios convertidos en política internacional, la matanza de civiles como inevitables daños colaterales. Pero el desafío de Penn no quedó allí. La Academia recibió para el año siguiente una instrucción muy clara del Departamento de Estado: de allí en adelante la televisación de cada ceremonia se concreta con un leve diferido de 60 segundos. Es decir, el tiempo exacto para censurar en el caso de que a algún otro actor se le ocurra meterse en temas candentes para la política interna de los Estados Unidos.

Eso es normal hoy en los grandes acontecimientos, sobre todo luego de que a una de las hermanas de Michael Jackson, Janet, se le viera durante segundos un pecho, durante su afiebrada performance en vivo durante el entretiempo de una final de Superbowl, que miraban en directo cien millones de espectadores. Susan Sarandon y Tim Robbins agradecieron cuando vinieron hace cuatro años al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, estar en un país en que se podía decir en voz alta lo que se pensaba, sin temor a censuras o represalias. Y en que la televisión, si transmite algo, no se toma un tiempo para diferir la emisión y censurar aquello que no le convenga. O al menos, eso parece. En Estados Unidos a los actores que suelen opinar en público sobre temas políticos les dan premios muy de vez en cuando. Por las dudas, ellos, como el resto, tienen apenas 45 segundos para hablar cuando están en escena. Y, por las dudas, a todos los nominados les envían a sus casas, semanas antes, un DVD que contiene un simulacro de entrega, con reloj incluido, para que vayan practicando la síntesis verbal.Ya se sabe, sólo la organización vence al tiempo.


La ceremonia de los Oscar, la de esta noche (domingo 27 de febrero de 2011) es la número 83, puede verse como una fiesta de millonarios observada por gente común que se fija más en los vestuarios que en las dotes artísticas, una gran transmisión televisiva en que una industria se premia a sí misma destacando a sus íconos de taquilla, una muestra del poderío de la imposición cultural estadounidense al resto del mundo o una triste velada decadente de una élite autoconvencida de su propia importancia, pese a que ya casi no tiene historias nuevas que contar. Pero también es, con toda certeza, una ceremonia bizarra recontra atractiva. El que busque actos de justicia artística, si es que existen, en una fiesta de características como éstas saldrá defraudado: los Oscar son los premios del negocio del entretenimiento a sus tótems del último año calendario. Así ha sido desde aquel día de 1929 en que se entregaron por primera vez las estatuillas que a partir de 1931 se conocerían con en nombre actual, luego de que la actriz Margaret Herrit exclamara al ver la que le tocaba que era muy fea, pero le daba ternura porque le recordaba a un tío suyo, llamado Oscar. Si su abuela hubiera bautizado al hermano de su padre con el nombre de John, hoy hablaríamos de los Premios John.



La lista de grandes que no ganaron jamás un Oscar como mejor director es larga, pero baste señalar que incluye a Orson Welles, Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Howard Hawks, Akira Kurosawa, Ridley Scott, Ingmar Bergman, Stanley Kubrick, Charles Chaplin, Quentin Tarantino y David Lynch.

Lo mismo pasa con actores y actrices de renombre y prestigio, entre ellos Judy Garland, Greta Garbo, Richard Burton, Liam Neeson, Harrison Ford, Deborah Kerr, Barbara Stanwyck y Eleanor Parker.





A su vez, en verdaderos dislates vinculados con las reglamentaciones han ocurrido hechos como que Charles Chaplin obtuviera ¡en 1973! el Óscar a la mejor banda sonora por Candilejas, una película que había sido realizada ¡en 1952! pero que recién entonces se había estrenado en Los Angeles. En la época del lanzamiento inicial del film aún estaba en su apogeo un fenómeno político interno llamado por la historia La Era del Macartismo. Y Chaplin había sido una de las obsesiones centrales de la caza de brujas desatada por el senador Joseph Raymond McCarthy, con su vasta red de influencias políticas y una fijación con el universo del cine.

En cambio, el bueno de Walt Disney, que fue clave en la política de comunicación de los intereses internacionales estadounidenses sobre todo en los años ’40 y ’50, resulta para la historia el hombre favorito de la Academia con más 60 nominaciones y 26 Oscar ganados. Quien dude sobre este punto puede leer (o releer) el aún interesante ensayo Para leer al Pato Donald, publicado en 1972 por Ariel Dorfman y Armant Matellart, cuando la semiótica era apenas una palabra difícil y Salvador Allende gobernaba Chile.

El ciudadano, la obra maestra de Welles, no ganó el premio en 1941, y una y otra vez ha sido considerada la mejor película de todos los tiempos. De la que ganó ese año, Qué verde era mi valle, se acuerdan sólo los fanáticos de John Ford.



El inglés Alfred Hitchcock no consiguió ningún Oscar al mejor director pese a haber rodado más de 60 películas, muchas de ellas en Estados Unidos, cinco de las cuales le posibilitaron estar nominado en ese rubro, entre ellas Rebeca (1940), La ventana indiscreta (1954) y Psicosis (1960). Cuando se dieron cuenta, le entregaron un Oscar honorífico.





La leyenda negra de los premios cuenta con episodios de película, como aquel en que el actor Jack Palance estaba tan borracho cuando le tocó entregar en 1993 el Oscar a la Mejor actriz secundaria que convocó a recibirlo a Marisa Tomei, nominada por Mi primo Vinny, en lugar de la actriz cuyo nombre tenía ante sí. El galardón era para otra integrante del quinteto que completaban Judy Davis, Vanessa Redgrave, Joan Plowright y Miranda Richardson, pero no hubo forma de volver atrás la situación. Palance le dijo luego a sus amigos que había decidido hacer su propia voluntad porque era una afrenta al honor estadounidense que las otras cuatro actrices fueran inglesas. La Academia no rectificó la decisión de Palance. No quiso afectar la seriedad de sus galardones.




martes, 19 de mayo de 2009

SILVIO RODRÍGUEZ



De chico quería ser astrónomo o astronauta, pero sus canciones lo llevaron a ser el músico más identificado en el mundo con la Revolución Cubana. En 1978, Silvio Rodríguez viajó por primera vez a Estados Unidos para actuar junto al músico Pete Seeger.

Este 5 de mayo, Seeger cumplía noventa y Rodríguez fue invitado a participar de la celebración, pero el gobierno de Estados Unidos no le concedió la visa y no pudo viajar. Mientras termina de grabar su nuevo disco, el músico aceptó dialogar con Crítica de la Argentina sobre este y otros temas.

–¿Qué sucedió?

–Fui invitado por la familia de Seeger a un homenaje. Pedimos una visa especial que Estados Unidos da para acontecimientos culturales, pero no llegó nunca.

–Si, en vez de pedir la visa, se hubiera lanzado al mar en una balsa, ¿lo habrían dejado entrar?

–No sólo me hubieran dejado entrar, ¡me hubieran exhibido como trofeo!

–¿Cómo funciona el sistema migratorio para los cubanos?

–Según la “ley de ajuste cubano”, los emigrantes ilegales cubanos interceptados en el mar son devueltos a Cuba, pero los que logran pisar tierra adquieren el derecho a la residencia. Somos el único país al que se le aplica esta ley. Es un concurso macabro que les ha costado la vida a muchos.

–¿Y a los cubanos que quieren salir de Cuba, los dejan?

–Para salir o entrar, hace falta un permiso especial del gobierno. Es una medida que se tomó a principios de la Revolución, como control de fronteras. En mi criterio es obsoleta, daña mucho a Cuba y debería ser eliminada.

–¿Por qué Hilda Molina no puede viajar a Buenos Aires?

–No lo sé. Si fuera por mí, hace mucho que estaría donde desea.

–Obama habló de un diálogo con Cuba. ¿Cree que es posible?

–Sé de la disposición de diálogo del gobierno cubano y de las manifestaciones presuntamente conciliatorias de Obama. Si hubiera un diálogo, debería ser respetuoso y en condiciones de igualdad. Cuba es un símbolo de dignidad y América Latina le está haciendo ver a Estados Unidos su disconformidad con el bloqueo.

–¿Cuáles son las consecuencias del bloqueo?

–El estrangulamiento del comercio y de la economía, la pérdida de miles de millones de dólares, no poder hacer transacciones con bancos que tengan relaciones con Estados Unidos. Nos niegan los créditos y el acceso a la tecnología. No podemos comprar equipos médicos, computadoras y ni siquiera micrófonos. Nos borraron hasta de los mapas de las líneas aéreas. Esta hostilidad lleva medio siglo y todavía dicen que lo hacen para ayudar al pueblo.

–¿Qué pasaría si Obama levantara el bloqueo?

–Cuba no sólo es lo que ha elegido, también lo que ha podido, con la enemistad de un poder exterior grande y cercano. Pero hay un punto en el que acordamos: Cuba debe cambiar, evolucionar. Lo dice la dirección de la Revolución, lo dice Obama, lo dice el pueblo y también la oposición. Lo único que generará ese cambio con rapidez es el levantamiento incondicional del bloqueo. Lo que ocurra será lo que merecemos los cubanos por ser como somos y no porque nos lo imponen.

–Estados Unidos habla de “democratizar” Cuba. ¿Sería más democrática con otros partidos?

–Democracia es el gobierno del pueblo, pero el pluripartidismo no garantiza per se que los pueblos se gobiernen. Sobran ejemplos de países con varios partidos y que ninguno defiende las razones populares: mandan los políticos comprometidos con las oligarquías. ¿Cómo se identifica la democracia con la defensa de los intereses de los ricos? Haciéndoles creer a los pobres que un día van a ser ricos. Lo que hace falta es más voluntad de hacer justicia.

–Vi más oposición y reclamos entre los jóvenes. Los mayores parecían estar mucho más identificados con la Revolución. ¿Es así?

–El trastrueque de llamar reaccionaria a la izquierda y progresista a la derecha empezó en el sindicato Solidaridad y la Perestroika; el derrumbe del muro de Berlín lo canonizó. Es lo que el consorcio ideológico capitalista escupe vía satélite y Occidente mitifica como “políticamente correcto”. Los movimientos de liberación ahora son “terroristas” y los que derribaron un avión comercial son “combatientes anticastristas”. A los jóvenes les tocó una época en que algunos principios fueron cambiados de bando. Los vencedores renombran el mundo a través de sus medios. Hay muchos jóvenes que creen en los fundamentos revolucionarios y saben que el socialismo es más justo. Sin embargo, el mundo es diferente del de aquellos jóvenes que emprendieron la Revolución. Hablemos de internet: no se puede decir que sea mala porque haya páginas en contra del gobierno. De otros socialismos aprendimos que el autoaislamiento es un falso remedio destinado al fracaso. Por desigual que sea, Cuba debe asumir la confrontación. Que la gente alquile señales de satélite y vea los canales. Enfrentar eso con realismo nos puede preparar para cuando no exista el bloqueo. Si la política para el acceso a la información es acertada, los jóvenes estarán orgullosos de su país.

–Un cubano que vive en Buenos Aires me decía que reconocía los logros, pero lo sofocaba el discurso único: “Pongo la televisión y está Fidel. Y en la radio, ¡basta de Silvio!”. ¿Qué le respondería?

–Que sus palabras las provocó una Cuba pasada. Hace tiempo que Fidel sólo se pronuncia por escrito. En los 80, decían: “Silvio primero estuvo prohibido y ahora es obligatorio”. Pero hoy me ponen poco. No me quejo, prefiero estar prohibido: te quieren más.

–En el centro de La Habana vi una gigantografía con la cifra de niños que mueren cada año en el mundo por desnutrición, y decía: “Ninguno es cubano”. ¿Cree que los más jóvenes saben que afuera las cosas son diferentes?

–José Ingenieros escribió hace un siglo: “Joven es el que no tiene complicidad con el pasado”. Es natural que los jóvenes exijan a partir de lo que tienen. Y es un deber de la sociedad contarles a las nuevas generaciones la historia y decirles cómo es el mundo.

–Usted empezó a militar con apenas 14 años, en las campañas de alfabetización. ¿Cómo fue eso?


–Hacerme hombre en las circunstancias extraordinarias de la Revolución fue una gran oportunidad para tener una juventud interesante. ¿Dónde más podía ser parte de una generación que postergó sus estudios para alfabetizar? El tiempo que pasé con los pescadores de la Flota Cubana de Pesca y las dos veces que fui a Angola durante la guerra fueron también experiencias muy especiales.

–Usted es identificado en el mundo como el músico de la Revolución. ¿No es una carga, a veces?


–Es una carga si me asalta la vanidad y me dejo picar por el bicho pequeñoburgués de creerme más allá de todo. Pero la mayoría de las veces no y, aunque me duela, asumo que mi karma es la interrogación política. El trovador que he sido siente celos del entrevistado que seré y quizá por eso compongo menos.

–¿Cómo conoció a Fidel?

–Oí hablar de él por primera vez en 1953, cuando asaltó el cuartel Moncada al frente de otros jóvenes. Lo conocí en 1984, después del primer viaje que hicimos a la Argentina.

–¿Y cómo es, más allá del personaje?

–Es un hombre muy cordial, aunque a mí siempre me impresionó. Por eso he sido parco en su presencia. La última vez que lo vi, me tocó la frente y dijo: “Cuánto me gustaría saber lo que pasa por ahí dentro”. Semejante expresión no me soltó la lengua. Siempre lo he visto como la figura histórica que es y, en las pocas ocasiones que estuvimos cerca, no he logrado obviar su trascendencia. Puede ser que por eso me lo haya perdido un tanto.

–¿Cómo están la economía y los salarios en Cuba, luego del “período especial”?

–Ha mejorado el transporte, los apagones casi no ocurren, hay más canales de televisión, pero los tres ciclones del año pasado nos hicieron mucho daño. Los salarios son bajos y no alcanzan, aunque al sueldo hay que sumarle la total gratuidad de la salud y la educación, y el casi regalo de la cultura, los libros, los deportes. A todas las familias se les entrega, a precios muy bajos, una parte de la canasta básica. Sin embargo, habría que revisar medidas que en su momento fueron buenas y hoy son insuficientes, teniendo en cuenta lo pobres que somos y lo limitados que estamos.

–¿Cuál es el límite entre habilitar una mayor iniciativa privada y correr el riesgo de volver a una sociedad desigual e injusta?


–Esa pregunta es para Dios. Algunos socialismos se pudrieron buscando justamente esa frontera. Yo creo que la perspectiva que no se puede perder es que el gobierno esté junto a los más necesitados.

–Usted debe de generar mucho dinero con sus canciones. ¿Cuánto es para usted y cuánto es para el Estado?

–Yo empecé sin saber que podía ganar dinero en un concierto. El que mejor me lo pagaron, en los años de mayor auge, fue el de Chile con Irakere en 1990. Era una cantidad que no habíamos visto ni en sueños y con Chucho Valdés decidimos destinarla a la construcción de estudios de grabación, que hacían falta en Cuba. La música popular es un negocio sobredimensionado y puedes ganar mucho. Pero hace años que apenas hago giras comerciales y hace tres que no saco un disco. Nunca recibí grandes liquidaciones.

–¿Cuándo se dio cuenta de que la música y la poesía iban a ser su vida?

–En mi adolescencia me interesaba ser dibujante de historietas, pero mis amigos y mi familia me hicieron ver que lo que componía podía interesar. Un día, cuando estaba por salir del servicio militar, conocí a Mario Romeu, un gran músico cubano que me llevó a la televisión.

–¿Recuerda cuáles fueron su primera canción y su primera guitarra?

–Mi primera canción fue a capela y se llamaba “El rock de los fantasmas”. La primera guitarra que tuve entre manos fue la de Lázaro Fundora, un compañero de trabajo, cuando yo tenía quince años.

–¿Qué músicos fueron los que más lo influenciaron?

–Por mi familia materna, cantadora de la trova tradicional, escuché desde la cuna a Sindo Garay, Manuel Corona y Miguel Matamoros. En los años cincuenta, Elvis Presley sonó mucho en La Habana, aunque me gustaban más las baladas de Johnny Mathis. De mi adolescencia recuerdo al grupo Los Astros de Raúl Gómez, El cuarteto de Meme Solís, Danny Puga, Luisito Bravo. De la Argentina, a Los Cinco Latinos, y de Europa, a Charles Aznavour. Pero creo que lo que más me ha influenciado es la música clásica. Desde niño, es lo que más escucho.

–¿Por qué se define como trovador, y no como músico o cantante?

–Trova es la música cantada que primero me llegó, hecha por los autores más afines a la manera de entender la canción que yo tuve, que no descuidaba lo literario. También preferí llamarme así por una razón de clase: en los años sesenta, los trovadores eran los músicos más devotos y peor pagados.

–Cuarenta años después de la Nueva Trova, ¿hay una “nueva” trova joven en Cuba?


–Cada vez que averiguo, descubro gente nueva y valiosa. El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de La Habana Vieja, les ha dado un patio para que canten y ha grabado sus conciertos. Su colección de discos “A guitarra limpia” es un documento imprescindible para saber cómo piensa y canta la trova cubana de hoy.

–¿Le gusta Celia Cruz?

–No hay cubano con sentido del oído que no la haya escuchado con admiración.

–Usted le escribió varias canciones al Che. ¿Cuál le gusta más?

–La primera que le hice: “La era está pariendo un corazón”.

–En “El reino de todavía” canta que “nadie sabe qué cosa es el comunismo”. ¿Qué es el comunismo?


–Yo creo que el comunismo es el deseo de construir un mundo mejor para las mayorías que han llevado el peso de las sociedades. Supongo que, una vez conseguido el paraíso, habrá que rehacerlo, porque –por lo circunstancial de nuestras acciones o la inconformidad de la naturaleza humana– la vida suele tirar hacia delante.

–¿Está grabando un nuevo disco?

–Sí, se llama Segunda cita. Lo concebí para trío acústico. Por eso participan tres magníficos jazzistas: Roberto Carcassés en el piano, Feliciano Arango en el contrabajo y Oliver Valdés en la batería. Niurka González aporta flauta y clarinete. También invitamos a algunos metales y el tema titular lleva cuerdas. Hay una “Carta a Violeta Parra”, una canción inspirada en un cuento que me hizo García Márquez y otra dedicada a Charles Lloyd. En esta última toca el saxofón José Carlos Acosta, que hace un solo breve pero impresionante. Varios textos tienen que ver con las inquietudes de la Cuba actual. En principio incluí una canción basada en un bello poema de Víctor Heredia, pero ahora me lo estoy guardando para un trabajo futuro con otros autores.

–Al principio de la Revolución, hubo persecuciones contra los homosexuales. ¿Por qué fue posible aquello mientras se proponía, justamente, acabar con la opresión?

–Por ignorancia, machismo, prejuicios heredados. Es más fácil cambiar un sistema político que una cultura ancestral. Tiene que ocurrir mucha educación humanística y sucederse generaciones para que tanta mugre incrustada se diluya. Con el asunto racial sucede parecido.

–¿Qué opina usted sobre la propuesta de Mariela Castro de legalizar el matrimonio gay en Cuba?

–Me parece correcta. Hace justicia.

–Usted, que ha dedicado tantas canciones a tantas causas justas, ¿escribiría una para los gays y lesbianas que luchan contra la discriminación?


–Quizás algún día lo consiga. Escribí dos canciones sobre la homosexualidad, pero no quedé conforme con ninguna. También compuse “El sol no da de beber”, que aunque no tuvo esa motivación ha sido interpretada por ahí. Sabiendo eso, en ocasiones la he presentado con ambigüedad. Creo que no la traiciono, porque la provocó un amor que, como el de algunos homosexuales, tenía que esconderse para sentirse realizado.

lunes, 9 de marzo de 2009

La cara de Shakespeare



¿Cómo era WS, cómo era su rostro? Expertos londinenses que estudian la vida y época del dramaturgo William Shakespeare develaron un retrato que creen es la única imagen auténtica del dramaturgo que se le hiciera en vida. Los expertos de la fundación Shakespeare Birthplace Trust creen que la pintura se usó como base para el grabado de Shakespeare que decora la portada de la colección de sus obras teatrales Primer Folio.

Paul Edmondson, director educativo del grupo, dijo que también se usó como base para el famoso retrato que cuelga en la Biblioteca Folger Shakespeare en Washington. "Lo que lo hace tan importante es que es un retrato de William Shakespeare hecho durante su vida. Creemos que fue pintado en 1610 y que se hicieron varias copias del mismo al principio, incluyendo el grabado. Así que nuestro retrato es la versión primaria de uno de los más grandes retratos de Shakespeare".

El resto de las imágenes de Shakespeare se hicieron todas tras su muerte en 1616, lo que hace que el cuadro develado sea único. Los expertos confían en que el hombre de barba en el retrato es el autor de algunas de las palabras más perdurables que se hayan escrito en el idioma inglés.

Estamos 90 por ciento seguros de que este es Shakespeare. Nunca estaremos completamente seguros. Siempre habrán voces de discordia. Indicó que los expertos están convencidos de que es Shakespeare por el gran número de copias que se hicieron y porque la pintura fue pasando de generación en generación junto con un retrato del Conde de Southampton, principal patrocinador de Shakespeare.

El retrato fue, por años, parte de la colección Cobbe, de la familia Cobbe, que no lo vinculó a Shakespeare hasta el 2006, cuando uno de los miembros de la familia vio el de la biblioteca Folger Shakespeare en una exhibición rodante en Londres y se dio cuenta de las similitudes.

La revelación se produjo en un día extraordinario para los devotos de Shakespeare alrededor del mundo: el Museo de Londres también anunció que los cimientos del teatro donde se presentaron las obras de Shakespeare, y donde el mismo dramaturgo actuó como actor, se hallaron en Hackney, a las afueras de Londres.

Funcionarios del museo dijeron que el rudimentario teatro, llamado The Theatre, fue construido en 1576 por James Burbage. El sitio, donde Shakespeare presentó su trabajo desde 1594 hasta 1597, ahora es un depósito abandonado. Las autoridades esperan construir un pequeño teatro en el lugar, donde los expertos creen que se estrenó "Romeo y Julieta".




jueves, 11 de diciembre de 2008

G G M


A 26 años de haber sido galardonado con el Nobel de Literatura, el escritor colombiano Gabriel García Márquez, su obra y su enseñanza, ha recorrido las venas literarias del mundo entero, diseminando sus conocimientos y su gran influencia como uno de los mayores ejemplos de la nueva literatura de nuestro continente, donde se fusiona el realismo mágico, el contexto social, la realidad colombiana y en general, latinoamericana.

La vida y obra del insigne escritor colombiano, nos pasea por un sin número de narraciones, personajes, anécdotas y hazañas de un mundo mágico, que García Márquez entrega para honrar y reivindicar a cada uno de los pueblos de nuestra América. Su labor es resaltar un pasado rico en historia, un presente noble y verdadero, para reflejar un futuro galopante, emergente y auténtico.

El Gabo, como llaman cariñosamente al Nobel de Literatura, llega a convertirse en un personaje más de sus propias creaciones, su imaginación sin límites no se escuda en un premio para continuar su siembra literaria, pura y mágica.


Su vida:

En un pequeño pueblo de la costa atlántica de Colombia llamado Aracataca, nació un domingo 6 de marzo del año 1927, uno de los más grandes exponentes de la nueva literatura latinoamericana. Un hombre que consagraría sus estudios, sus experiencias y su vida al servicio del periodismo, las leyes y las letras.

Conocido en el ámbito familiar como Gabito (hipocorístico guajiro para Gabriel), posteriormente un compañero del diario bogotano El Espectador, José Salgar, lo llamaría Gabo, para dar un seudónimo de conocimiento mundial al periodista y escritor colombiano Gabriel José de la Concordia García Márquez.

Fue criado por sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, en Aracataca, pero a la muerte de éste, se mudó con sus padres a Barranquilla para culminar sus estudios de secundaria. Luego en Bogotá, comenzaría una carrera en Leyes y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Colombia que más tarde abandonaría para trabajar como columnista y reportero en el diario El Heraldo, a finales de 1949.

Años después, se desempeñó en Bogotá como reportero y crítico de cine, trabajando para El Espectador.

Tuvo dos hijos con su esposa Mercedes Barcha (Rodrigo y Gonzalo), con la que el 22 de marzo de 2008 Gabriel García Márquez celebró sus bodas de oro.

Como corresponsal de Prensa Latina en 1961, vivió en Nueva York, hasta recibir críticas y amenazas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la cual atacó duramente su trabajo periodístico, así que decidió instalarse en México.

Cien años de soledad, ha sido la obra más celebrada y reconocida del escritor, la cual vio la luz en 1967. La novela es considerada un gran referente del Realismo Mágico, y cuenta la historia de la familia Buendía en la fantasiosa localidad de Macondo.

A partir de 1975, García Márquez vivió entre Cartagena de Indias, La Habana y París, pero desde 1981, ha residido permanentemente en México.

La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), llegó en 1994 de la mano de sus fundadores García Márquez, su hermano Jaime y el abogado Jaime Abello. El propósito de esta institución, es que jóvenes periodistas puedan aprender con maestros del oficio como Alma Guillermo Prieto, Javier Darío Restrepo o Jon Lee Anderson, en busca de renovar sus vocaciones y aprender a hacer un mejor y moderno periodismo.

Según la opinión del geógrafo y crítico literario Wolfgang R. Vicent V., quien a su vez funge como Director de los Servicios Técnicos de la Biblioteca Nacional de Venezuela, los aportes más resaltantes de Gabriel García Márquez hacia la literatura latinoamericana, tienen que ver con el hecho de haber convertido en "universales las cosas cotidianas que le pasan o le han contado a cualquier latino en su terruño, el haber conjugado la fantasía, la realidad y la historia y haber construido con una prosa sencilla pero muy culta a la vez, sentimientos y pasiones que los latinos tenemos en lo más profundo de nuestro ser, y que ese sentir nos represente a todos los que vivimos en torno a esa maravilla que es el mar Caribe".

Vicent, destacó en entrevista exclusiva para la página web de Telesur, que "la técnica narrativa y el poder de transportarnos a esos mundos tan maravillosos, tan reales y tan mágicos que nos absorben en esas sabrosas y cautivantes lecturas, ese inmenso poder creativo de García Márquez de mostrarnos las cosas interpretadas a su modo que es nuestro modo, es su gran aporte".

Por otro lado, El Gabo, ha demostrado un profundo interés en el cine, logrando participar desde muy joven en la realización de numerosas producciones, entre ellas, su primer cortometraje surrealista "La langosta azul".

En 1950, cursó estudios en el Centro Sperimentale Di Cinematografia di Roma (Cinecittá), teniendo como condiscípulos al argentino Fernando Birri y al cubano Julio García Espinosa, quienes más tarde, serían considerados fundadores del llamado Nuevo Cine Latinoamericano.

Desde 1986, García Márquez ejerce como presidente de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano con sede en La Habana. En ese mismo año, funda, junto a Fernando Birri y Julio García Espinosa y apoyados por el Comité de Cineastas de América Latina, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños en Cuba.

El escritor colombiano ha dedicado a la institución tiempo y dinero de su propio bolsillo para apoyar y financiar la carrera cinematográfica de jóvenes provenientes de América Latina, el Caribe, Asia y África.

En 2006, fue llevada a la gran pantalla su obra "El amor en los tiempos del cólera", escrita en 1985, con guión del sudafricano Ronald Harwood y bajo la batuta del director británico Mike Newell. Se grabó en Cartagena de Indias.


Actividad política:

García Márquez se ha desempeñado como intermediario en conversaciones de paz entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno de su país, llevadas a cabo en Cuba. Asimismo, incursionó en el fallido proceso de paz entre el ex presidente colombiano Andrés Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El autor, no sólo ha servido de mediador en su país, también colaboró en apoyo a la independencia de Puerto Rico para su descolonización y libre determinación.

Además de ser partícipe, colaborador y activista en numerosos eventos de paz, una de sus grandes virtudes y hazañas ha sido el apoyo permanente a Fidel Castro, su proceso socialista y a la revolución cubana.

Ha sido enfático en repudiar el bloqueo estadounidense impuesto en la isla, actitud que ha servido para instar a la cooperación de otros países hacia Cuba, evitando nuevas intervenciones norteamericanas.


La nueva Literatura Latinoamericana:

Desde 1960, las letras hispanas experimentan un fenómeno trascendental: el surgimiento de un grupo de jóvenes escritores, narradores y novelistas.

Esta aparición de nuevos artistas de las letras, se conoció como la Nueva Literatura Latinoamericana. A partir de esta etapa, la llamada "nueva novela", adquirió un rol fundamental y contundente en América y en Europa.

Unos se destacaron como escritores y críticos literarios, quienes a su vez, narraban y valoraban las creaciones y obras de sus compañeros.

"La obra de García Márquez debemos considerarla como una creación comprometida con nuestros pueblos, puesto que al reivindicar personas y personalidades, hechos, lugares, pasiones y sentimientos (dentro de una atmósfera envuelta en la magia y en las creencias), dotan a su obra de una fuerza creadora que ha sido capaz de conmover a todos", agrega el director de los Servicios Técnicos de la Biblioteca Nacional de Venezuela, Wolfgang Vicent.

Un gran ejemplo de esta Nueva Literatura Latinoamericana la representa "Cien Años de Soledad", la cual, a partir de la incursión de su autor Gabriel García Márquez en esta corriente, la novela se convierte en un territorio imaginativo que totaliza la realidad en todos los planos.

"Llevar el ambiente de Aracataca al mundo entero envuelto en las sábanas de Remedios la bella y en el embrujo de Melquíades es definitivamente hermoso y conmovedor. El realismo mágico es el elemento que le da a su obra esa espiritualidad y esa sensibilidad que nos identifica como latinos de este arco caribeño que tan alto lleva el Gabo", analizó Vicent.


La consagración:

"Cien años de soledad", fue concebida gracias a la repentina visión de su creador, la cual se manifestó en 1966, cuando García Márquez se trasladaba desde Ciudad de México hacia Acapulco.

La concreción de la novela, que durante 17 años venía esculpiendo el Gabo en su imaginación, fue madurando su contenido y cobró vida cuando el autor dispuso que era el momento de sentarse a escribirla.

Durante los siguientes 18 meses, el escritor colombiano trabajó ocho y más horas diarias en su gran referencia literaria, hasta que finalmente en 1967, nació uno de los libros que más traducciones ha merecido (al menos 30 idiomas), "Cien años de soledad".

La historia cuenta, en un universo cíclico, historias fantásticas, pestes de insomnio, diluvios, fertilidad desmedida, levitaciones, entre otras interesantes innovaciones. Es una gran metáfora en la que, a la vez que se narra la historia de las generaciones de los Buendía en el mundo mágico de Macondo, desde la fundación del pueblo hasta la completa extinción de la estirpe, se cuenta de manera insuperable la historia colombiana desde después del Libertador hasta los años treinta del presente siglo.


Premio Nobel de Literatura:

El geógrafo y crítico Wolfgang R. Vicent V., considera al Gabo como el autor latinoamericano "que más nos ha fascinado como escritor, hay cosas que de él llaman la atención, en primer lugar su extracción humilde y el área geográfica a la que ha estado vinculado, al Caribe", características que han hecho evolucionar al escritor para convertirlo en el gran hombre sensible y social que representa en nuestros días.

La madrugada del 21 de octubre de 1982, Gabriel García Márquez recibió una esperada noticia en México, la Academia Sueca le otorgaba el tan ansiado Premio Nobel de Literatura, "por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente", como lo explicara la directiva de la Academia sueca.

Esta prestigiosa designación, fue en Colombia y toda Latinoamérica, un gran acontecimiento cultural.

El escritor mexicano Juan Rulfo, perteneciente a la generación del 52 y autor de la novela "Pedro Páramo", considerada por la crítica como una de las obras maestras de la literatura latinoamericana, señaló: "Por primera vez después de muchos años se ha dado un premio de literatura justo".

La ceremonia de entrega del Premio Nobel, se llevó a cabo en Estocolmo, capital sueca, entre los días 8, 9 y 10 de diciembre de 1982.

Poco después se conoció que el galardón fue disputado con Graham Greene (escritor, guionista y crítico británico, cuya obra explora la confusión del hombre moderno, tratando asuntos política o moralmente ambiguos en un trasfondo contemporáneo), y Günther Grass (escritor y artista alemán, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y diecisiete años después el Premio Nobel de Literatura en 1999).

García Márquez asistió a la entrega del premio, engalanado en un clásico e impecable liqui-liqui de lino blanco, debido a que era el traje que usaba su abuelo, y el que portaban los coroneles de las guerras civiles, además que continuaba siendo de etiqueta en el Caribe Continental.

El discurso "La soledad de América Latina", leído por García Márquez el miércoles 8 de diciembre de 1982, ante la Academia Sueca en presencia de 400 invitados, fue traducido simultáneamente a ocho idiomas.

Su disertación intentó acabar con los tradicionalismos y frases hechas con las que Europa describía a América Latina, destacó la ausencia de atención de los países desarrollados ante nuestro continente.

El autor neogranadino explicó la manera errática en que los países de Europa han subestimado a Latinoamérica, exhortando a un cambio hacia la apreciación de nuestros pueblos.

"La soledad de América Latina", se transformó en una pieza literaria en sí misma, con un profundo estilo y contenido americanista; una oda a la fe en el destino del nuestro pueblos.

El Gabo, con su discurso, insistió en su compromiso con las naciones de esta parte del mundo, convencido de que "el subdesarrollo total, integral, afecta todos los elementos de la vida latinoamericana", haciendo hincapié en el deber que es eje fundamental de los escritores de nuestro continente: la realidad social.

Un extracto del discurso dice: "La violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia, son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento (...). Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida."

Ante el acto de entrega del prestigioso galardón al escritor, el gobierno colombiano de ese entonces, presidido por Belisario Betancur, organizó un tradicional espectáculo folclórico en Estocolmo.

Asimismo, ordenó la emisión de sellos con la efigie de Gabriel García Márquez dibujada por el pintor Juan Antonio Roda, a lo que el escritor agradeció: "El sueño de mi vida es que esta estampilla sólo lleve cartas de amor".

A partir de recibir el Nobel de Literatura, diferentes medios de comunicación iniciaron un seguimiento permanente al autor para conocer su experiencia, destacar su vida y sus aportes a la literatura latinoamericana.

No obstante, en marzo de 1983, García Márquez regresó al Callejón de Santa Clara, en el tradicional barrio de Manga ubicado en Cartagena, donde le esperaba su madre, doña Luisa Santiaga Márquez de García.

Luego de convertirse en un laureado escritor, el Gabo se consagró como modelo de la cultura nacional, latinoamericana y mundial. Sus grandes contribuciones y conocimientos en gran variedad de temas, marcaron una gran influencia en las letras hispanas.

El premio Nobel de Literatura, "es un reconocimiento que Gabo hace extensivo a los latinoamericanos que vivimos en torno al mar Caribe. Indudablemente un premio bien concedido y recibido", elogió el crítico literario Vicent.

La manera de narrar sus historias, son un referente mundial, debido a que García Márquez emplea numerosas técnicas en el arte de la escritura, donde convergen la identidad de América Latina, su protagonismo y realidad social, mezcladas con un lenguaje poético que evoca nuestros propios recuerdos, nuestra propia historia.

Vicent: "Es un reconocimiento a la creación de todos, es el premio a todo el esfuerzo hecho por el Gabo en su trabajo creador, en el que cada uno de nosotros podría identificarse con alguno de los personajes de su inmensa obra; o nuestros nombres o actos podrían ser tomados en préstamo por el autor para darle más vitalidad a su trabajo e incluso darle un sentido más práctico".

Su intención no es afinar o endulzar la crudeza de sus narraciones, por el contrario, consiste en mostrarlas con una sintonía entre la lírica y las cicatrices históricas de nuestros pueblos, digna característica de uno de los más grandes escritores que ha visto nacer este lado del mundo.

"Sus vivencias, su experiencia de vida colmaron a un ser creativo que con su pluma nos ha llenado de prosa, historia y fantasía", puntualizó Wolfgang Vicent.

"Es un bonito tributo al pueblo y a la tierra que pisamos, poner de manifiesto el comportamiento de las personas y las personalidades de la costa caribeñas, sus serranías y planicies con sus ríos, puentes y poblados, que han sido cruzados por libertadores, indios, mestizos, comerciantes, traficantes, seres apasionados y constantes, que viven realidades que se mezclan con la fantasía dan el marco ideal para la narración, para la poesía".

"Todo eso que queda definitivamente marcado para formar parte del exhuberante mundo de García Márquez", señaló Wolfgang Vicent ante el genial empeño del nobel escritor colombiano en mostrar al mundo las ralidades de familias, personajes ilustres, personajes fantásticos y en hasta de sí mismo en cada libro.

"Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la del presdigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura."
G.G.M

"Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra".
G.G.M.


Obras:

Ojos de perro azul, 1950 (Sólo el cuento con este nombre),
La Hojarasca, 1955,
Relato de un náufrago (edición en formato de serie periódica), 1955,
El caníbal, 1955,
Un día después del sábado, 1955,
La mala hora, 1961,
El coronel no tiene quien le escriba, 1961,
Los funerales de la Mamá Grande, 1962,
Rosas artificiales 1962,
Un señor muy viejo con unas alas enormes, 1966,
Cien años de soledad, 1967,
Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, 1968,
Relato de un náufrago (edición en formato libro), 1970,
La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, 1972,
Cuando era feliz e indocumentado, 1973,
Ojos de perro azul, 1973 (libro recopilatorio de cuentos),
Chile, el golpe y los gringos, 1974,
El otoño del patriarca, 1975,
Todos los cuentos (1947-1972), 1976,
Crónica de una muerte anunciada, 1981,
Textos costeños, 1981,
Viva Sandino, 1982,
El olor de la guayaba, 1982,
El secuestro, 1982,
El asalto: el operativo con el que el FSLN se lanzó al mundo, 1983,
Eréndira, 1983,
El amor en los tiempos del cólera, 1985,
Las aventuras de Miguel Littín clandestino en Chile, 1986,
El general en su laberinto, 1989,
Doce cuentos peregrinos, 1992,
Diatriba de amor contra un hombre sentado, 1994,
Del amor y otros demonios, 1994,
Noticia de un secuestro, 1996,
Obra periodística 1: Textos costeños (1948-1952),
Obra periodística 2: Entre cachacos (1954-1955),
Obra periodística 3: De Europa y América (1955-1960),
Obra periodística 4: Por la libre (1974-1995),
Obra periodística 5: Notas de prensa (1980-1984),
Vivir para contarla, 2002,
Memoria de mis putas tristes, 2004,
El rastro de tu sangre en la nieve.


Premios y reconocimientos recibidos:

Premio de la Novela ESSO por "La mala hora" (1961),
Doctorado honoris causa de la Universidad de Columbia en Nueva York (1971),
Medalla de la legión de honor francés en París (1981),
Condecoración Águila Azteca en México (1982),
Premio Nobel de Literatura en Estocolmo (1982),
Premio cuarenta años del Círculo de Periodistas (1985),
Miembro honorario del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá (1993),
Doctorado honoris causa de la Universidad de Cádiz (1994).




Curiosidades en torno al Gabo:

En 1985 cambió la máquina de escribir por el computador.

Su esposa Mercedes Barcha siempre ha colocado un ramo de rosas amarillas en su mesa de trabajo, flores que García Márquez considera de buena suerte.

Un vigilante autorretrato de Alejandro Obregón, que el pintor le regaló y al que quiso matar en una noche de locos con cinco tiros del calibre 38, preside su estudio.

Finalmente, dos de sus compañeros periodísticos, Álvaro Cepeda Samudio y Germán Vargas Cantillo, murieron, cumpliendo cierta predicción escrita en Cien años de soledad.


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