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martes, 4 de febrero de 2014

AGUANTE EL CINE NACIONAL





Entrevista con Lucrecia Cardoso, flamante presidenta del Instituto Nacional del Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). 

“La designación es un reconocimiento a la gestión de estos 6 años”.




¿Qué significa su designación al frente del Incaa?

Lucrecia Cardoso: En principio, es un orgullo, una gran responsabilidad que la presidenta me haya designado. La decisión que sea yo es un reconocimiento a todo un equipo de trabajo que está hace 6 años al frente de una gestión, con Liliana Mazzure al frente. La decisión viene a ratificar ese trabajo.


¿Cuáles son los principales logros que tuvo esa gestión?

LC: Estuvo muy relacionado con otras grandes políticas que se implementaron en estos años y que tuvieron como objetivo la democratización de la comunicación, como la ley de Medios, la Televisión Digital Abierta y los planes de fomentos que se pusieron en marcha alrededor de TDA para poder federalizar la producción de contenidos. Se han generado ficciones, animaciones en prácticamente todas las provincias. Esos contenidos fueron reconocidos por nuestro público y en el exterior, abriendo mercados, con premios en festivales. El balance es muy positivo.


¿Cuál es la importancia de Incaa TV, que ahora además tendrá lugar en Cablevisión?

LC: Expresa otro aspecto más de nuestra política. Que tenga lugar en Cablevisión es el resultado de la pelea de miles y miles de argentinos para lograr primero la sanción de la ley de Medios y después su aplicación plena. Incaa TV busca recuperar la producción del cine nacional, es una ventana más para nuestro cine. De los 1.500 títulos que se emitieron en estos tres años, y que los usuarios de Cablevisión no pudieron ver, se remasterizaron más de 600. Eso habla de acercar el cine nacional a nuestra gente y también la idea de recuperar nuestro patrimonio.


¿Qué análisis hace del momento de la industria del cine en la Argentina?

LC: Es un momento fantástico. El contexto es el de una revolución constante de las tecnologías audiovisuales, sea en la producción y la exhibición. En Argentina pasamos en 2003 de 35 millones de espectadores a 48 millones en 2013, casi un 40% más. Eso dice muchas cosas. De la industria cinematográfica y de la impresionante recuperación económica. Sobre ese total creció la incidencia del cine nacional. En 2003, 3,5 millones vieron películas nacionales. En 2013, fueron casi 8 millones. Cuatro de las 10 películas más vistas fueron argentinas.


¿Esa industria nacional cuántos puestos de trabajo involucra?
LC: Nosotros calculamos 100 mil, directos e indirectos. Desde los servicios vinculados a la producción a la exhibición, por ejemplo, los puestos generados por las salas.


Mazzure decía en una entrevista hace un tiempo, que la industria no tenía problemas de producción sino de distribución, por la falta de pantallas para el cine nacional. ¿Se revirtió esa situación?
LC: Eso necesita políticas de mediano y largo plazo. Hubo una recuperación en la cantidad de salas en estos años. Se está trabajando fuertemente en eso. El salto tecnológico supone muchos cambios, sea en la producción pero también en la circulación de contenidos.


 Todo el tiempo usted vincula la política del Incaa en relación con otras acciones del Gobierno. Una de las políticas del Ejecutivo en estos años tiene que ver con la integración latinoamericana. En ese sentido, ¿Cuál ha sido el diálogo de la industria argentina con las industrias de otros países de la región?
LC: Hay muchas iniciativas en marcha. Argentina es un gran co-productor, coproduce prácticamente con todos los países de la región. Eso fue acompañado por iniciativas como fondos de co-producción específicos, por ejemplo con Brasil. Después hay experiencias como DocTv Latinoamérica, que es una articulación de canales públicos e institutos de cine de la región. La idea es producir documentales latinoamericanos, que a la vez son difundidos por los canales públicos de todos los países.


Lugares emblemáticos de distribución de películas nacionales, son los "espacios Incaa". ¿La idea es aumentar la cantidad de salas en todo el país?

LC: Hoy hay alrededor de  48 pantallas en todo el país, la idea es llegar a 60 en lo que va de este año. Se hizo un concurso y se seleccionaron las salas que van a formar parte del concurso. En muchos casos articulamos con provincias, localidades, sindicatos o universidades, que ya tienen salas, entonces, firmamos un acuerdo por el cual el Incaa se ocupa de mejorar la sala a cambio de la programación de películas nacionales o latinoamericanas. En un trabajo con otras áreas del Gobierno apuntamos a la digitalización de los espacios Incaa (proyección en 3D, sonido 7.1) para que forme parte de una red de distribución a través de Arsat.


APU


martes, 28 de enero de 2014

EL VIAJE DE AVELINO





Combinando elementos del documental antropológico con ficcionalización de hechos reales, en El viaje de Avelino, el porteño Francis Estrada echa mano de un método largamente utilizado por Abbas Kiarostami, solicitando de sus protagonistas la reconstrucción dramática de un episodio vivido por ellos tiempo atrás. A mediados de 2005, Avelino Vega, poblador de un modestísimo caserío catamarqueño, emprendió un largo viaje en burro hasta la distante ciudad de Fiambalá, desafiando las dificultades del terreno, el frío y la intemperie. Intentaba salvar a la hija, a quien la disentería puso en riesgo de muerte. Enterado del episodio gracias a un noticiero de televisión, Estrada (Buenos Aires, 1964) viajó hasta el poblado de Río Grande, se familiarizó con los Vega y terminó filmando aquella aventura, sin pretender sacarla de proporciones en relación con lo real.






Presentada en la competencia argentina del Bafici 2009, El viaje de Avelino funciona como si a algún retrato documental de Jorge Prelorán (Hermógenes Cayo o Medardo Pantoja, pongámosle, aunque más no sea por contigüidad geográfica) se lo hubiera puesto en movimiento, mediante el recurso a lo narrativo. Narratividad que no se impone de modo forzado sobre ambiente y personajes, sino que parecería desprenderse de ellos. Ambos planos coexisten. El plano documental pone al espectador porteño frente a un entorno y unas costumbres sideralmente distantes: las comunicaciones limitadas al radiomensaje, el sacrificio y la preparación de un cordero, la celebración de una fiesta comunal, el acordeón que al final toca Avelino, celebrando tal vez la cura de la Nely.

Sobre esos datos se entrelaza la historia de la enfermedad de la nena, que incluye la consulta a la curandera, algún infructuoso pase mágico, el empeoramiento progresivo y la visita de un enfermero, que aconseja llevarla a Fiambalá. Donde, a diferencia de Río Grande, hay médicos y un hospital.

Narrada con la austeridad que el ambiente pide, El viaje de Avelino da a pensar que, más que diferencias esenciales, las relaciones entre documental y ficción tal vez consistan en una cuestión de grados o dosificación. En este caso se pasa de la mayor concentración documental de los primeros tramos a una intensificación de lo ficcional, a partir del momento en que padre e hija inician su viaje. Sin el menor comentario o intrusión musical y ayudado por una pulida fotografía de Carla Stella, Estrada se atiene a las formas más estrictas del documental de observación, dejando que las imágenes cuenten la historia, sin mediaciones.

Imágenes en ocasiones construidas con deliberación, como la presencia de algún personaje colateral (el cazador que anda detrás de un puma) o la escena en que un burro amaga escapársele a Avelino. O, sobre todo, una en la que la aparición de una vaca espantada, en medio de la noche y entre los matorrales, puede llegar a generar algún sobresalto fuera de programa. Si alguna conclusión hay para extraer de la historia –que la distancia y la pobreza pueden conducir a la mortalidad infantil, por ejemplo–, esa conclusión queda a cargo del espectador. En un momento, Estrada marca con lucidez diferencias de fondo entre el documentalismo cinematográfico y el televisivo, contraponiendo, en la misma imagen, el desdramatizado entorno del caserío con el dramatismo que desde la pantalla del televisor intenta imponer, en la cobertura de esa misma noticia, un conductor de noticiero.






El viaje de Avelino se estrenó en una única sala del complejo Arteplex Belgrano, que de aquí en más pasa a llamarse Incaa-Doc y que, por iniciativa del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales, estará exclusivamente destinada a la exhibición de documentales locales. Una forma de estímulo que estaba haciendo falta. Ahora puede verse por televisión, en el canal de INCAA TV.








EL VIAJE DE AVELINO

Argentina, 2009.

Dirección y guión: Francis Estrada.

Asesoramiento de guión: Carmen Guarini.

Dirección de fotografía: Carla Stella.

Edición: José María del Peón.

Producción: Michelle Jacques Toriglia para MC Producciones.

Estreno en proyección DVD, exclusivamente en la sala Incaa-Doc del Arteplex Belgrano.









cholulos