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lunes, 5 de enero de 2026
VENEZUELA 2026
Los principales líderes latinoamericanos rechazaron el ataque sorpresa de EE.UU. durante la madrugada del sábado, en Venezuela, que derivó en el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo en la red X que el ataque a Venezuela y la captura de Maduro “superan una línea inaceptable”, mientras que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y su par colombiano, Gustavo Petro, llamaron a preservar “la paz regional”. A varios kilómetros de distancia, Rusia y China condenaron la “agresión militar” de Estados Unidos en territorio venezolano.
"Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela", con estas palabras el Santo Padre León XIV inició su llamamiento después de la oración mariana del Ángelus de este domingo 4 de enero de 2026 en la Plaza de San Pedro tras los recientes acontecimientos en el país latinoamericano.
"El bien del amado pueblo venezolano -aseveró- debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica".
"Por eso, rezo y los invito a rezar, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles", concluyó el Romano Pontífice.
Venezuela está viviendo una derrota fraguada desde afuera y desde adentro, en
una combinación tan desigual como impecable para cometer el atropello imperial.
Además de los helicópteros artillados de Estados Unidos, sobre Caracas sobrevolaron ayer más dudas que certezas y más precauciones que convicciones.
Desde las primeras horas de la madrugada sobrevoló una sensación –difusa pero cada vez más evidente– en los mensajes o conversaciones sobre el drama venezolano. En cada contacto nos sorprendía la anormalidad, rareza, singularidad y el modo irregular de los hechos que culminaron en la captura siniestra del expresidente Nicolás Maduro.
Un día antes, Maduro ofreció a Trump una mesa de negociación sobre drogas y terrorismo transfronterizo para buscar una salida pacífica. Mes y medio antes, Delcy Rodríguez, la vice y presidenta delegada de PDVSA, se instaló varios días en Miami para buscar acuerdos al conflicto. Miami, como se sabe, es la capital imperial del patio trasero latinoamericano. Washington, en cambio, es la capital del imperio para el resto del mundo. Nuestro hemisferio dirime su destino en Miami.
Rusia y China, dos potencias globales favorables a Venezuela donde tienen miles de millones en inversión, decidieron buscar en el Consejo de Seguridad de la ONU alguna solución que se sabe imposible en el terreno.
México y Brasil (Sheinbaum y Lula) redujeron sus tonos y guardaron equidistancias indispensables en la cultura diplomática de sus estados. Mientras Petro, aguerrido presidente de Colombia, aplacó su verborragia dura contra EE UU y declaró que en la Venezuela de Maduro “falta democracia”.
Ayer, sábado 3 de enero, día del ataque imperial al país y secuestro criminal de su presidente, hubo dos actos y una declaración reveladoras. Los tres ayudaron a desentrañar la trama del desenlace.
En el mediodía de Washington, Trump mostró con orgullo su pequeña victoria. Tenía en custodia a Maduro y a su mujer. Le repreguntaron varias veces sobre el personaje facilitador desde Caracas y respondió con claridad, que las negociaciones se realizaron con Delcy Rodríguez. Y despejó la duda de los reporteros: la gobernabilidad no incluye a María Corina Machado porque no cuenta con “representatividad” en el país ni asiento en las Fuerzas Armadas.
Dijo Trump: «No queremos que otra persona asuma el poder y que se repita la misma situación…». Es decir, la gobernabilidad de Venezuela no incluye a Machado u otro similar, si el objetivo es recapturar la fuente petrolera que EE UU necesita para sobrevivir como imperio. Esto deja abierta la hipótesis de un gobierno de transición pactado, pero endeble y en crisis hasta que se consolide la actual derrota político-militar, o el pueblo chavista imponga lo opuesto.
Después de Trump, la cadena colombiana NTN entrevistó al general retirado del ejército norteamericano, Eric Rojo, un personaje clave en este drama porque asesora a Marco Rubio en América latina. Dijo con todas las letras: «A Maduro lo entregaron los venezolanos a las fuerzas armadas de EE UU».
Eso quedó en evidencia en el acto hollywodense de la captura. Un solo muerto, el rescate más barato de todos los tiempos. El propio Trump se jactó en relatar el modo en que ingresaron a la habitación blindada con acero de Maduro y su mujer.
Pero antes de conocerse la captura, a todos nos llamó la atención que ocho o 12 helicópteros artillados cruzaron la frontera desde La Guaira a Caracas, burlaron los radares sin un sólo disparo de advertencia, bombardearon Fuerte Tiuna donde se asienta la comandancia general y otros tres centros militares, además del parlamento. Uno de esos helicópteros se posó sobre el palacio, capturó sin ruidos a Maduro semidormido con mínima resistencia y lo extrajo del país.
Ninguno de esos actos puede ocurrir sin colaboración de los aparatos militares y de seguridad interior. Algo similar ocurrió con el final de Hugo Chávez, un acto imposible sin ayuda desde el palacio y aparatos de seguridad.
Más de una hora después, en la media tarde venezolana, la vicepresidenta escenificó el último acto de este drama. En una declaración oficial ceremoniosa avisó al país que ella presidía un nuevo gobierno y dijo las alusiones a Simón Bolívar y al derecho internacional que podían conformar a la base chavista.
Un dato clave es que fue acompañada por los dos ministros principales: Diosdado Cabello y Wladimir Padrino, garantes del poder militar y policial. Es decir, el nuevo gobierno lo conforman Delcy, Diosdado, Padrino y el presidente del parlamento, Jorge Rodríguez, hermano de Delcy.
Así, paso a paso, se fue develando la espesura brumosa de las primeras acciones iniciales. Detrás de la captura de Maduro actuó una cadena de pactos políticos y preparativos de inteligencia (CIA, MOSSAD, DEA), cuya sinuosidad ocupó meses completos. Un pacto de gobernabilidad de largo aliento fraguado con precisión de relojería, pero con final abierto.
Aún falta saber como reaccionarán los altos mandos en las FANB y la base residual del chavismo. Ni Delcy ni su hermano (presidente de la Asamblea Nacional y segundo candidato directo a la presidencia), cuentan con el favor suficiente en las bases chavistas para asegurar la durabilidad del gobierno. Sobre todo cuando esa base chavista escuchó y leyó lo mismo que el resto del planeta: «Marco Rubio está negociando con Delcy Rodríguez la transición. La vice habló con Rubio y dijo que hará lo que nosotros digamos”.
Aunque eso también está por verse, lo cierto es que puso bajo los reflectores a los principales del drama venezolano. Esa precisión fue militar en la acción final de la captura del ex presidente en su habitación blindada a las 2 am.
Luego no hubo registro de manifestaciones de calle para sostener los ataques militares yanquis en la calle, tampoco para rechazarlos, excepto en las primeras horas entre los ataques y las 7 de la mañana: primero salieron los conocidos “colectivos” armados; un poco más tarde algunos centenares de militantes y milicianos armados. Acciones que no fueron acompañadas por masas del chavismo ni manifestaciones de importancia social. Se apostaron en algunas calles y esquinas de Caracas y Miranda, para enfrentar grupos armados de Corina Machado que podrían salir a respaldar a los invasores. No salieron. Tampoco la masa chavista.
Solo se conoció una acción masiva en Aragua, a una hora de Caracas. Ahí la gobernadora convocó a las milicias, barrios y a militares frente a una base aérea que fue bastión anti golpista en 2002.
Las consultas personales que hicimos dieron cuenta de una sociedad que observaba expectante, pero sin sentirse parte del drama en marcha.
Sólo restaba otra frase-sentencia de Erico Rojo: «Esta acción tan limpia no se pudo haber ejecutado sin personal dentro del equipo de Maduro que estaba en coordinación con la CIA o la DEA».
La verdadera razón de la invasión de Venezuela por Estados Unidos se remonta a un acuerdo concluido por Henry Kissinger con Arabia Saudita en 1974.
Y voy a explicarte por qué, en realidad, se trata de la SUPERVIVENCIA del propio dólar estadounidense. Ni las drogas. Ni el terrorismo. Ni la “democracia”. Se trata del sistema del petrodólar, que permitió a Estados Unidos mantenerse como la potencia económica dominante durante 50 años.
Y Venezuela acaba de amenazar con ponerle fin. Esto es lo que realmente ocurrió: Venezuela posee 303 mil millones de barriles de reservas probadas de petróleo. Las más grandes del mundo. Más que Arabia Saudita. El 20 % del petróleo mundial. Pero aquí está lo que realmente importa: Venezuela vendía activamente ese petróleo en yuanes chinos, y no en dólares.
En 2018, Venezuela anunció su intención de “liberarse del dólar”. Comenzaron a aceptar yuanes, euros, rublos —todo menos dólares— para su petróleo. Solicitaron ingresar a los BRICS. Estaban estableciendo canales de pago directos con China, eludiendo por completo el sistema SWIFT. Y disponían de suficiente petróleo para financiar la desdolarización durante décadas.
¿Por qué es importante esto? Porque todo el sistema financiero estadounidense se apoya en una sola cosa: El petrodólar. En 1974, Henry Kissinger cerró un acuerdo con Arabia Saudita: Todo el petróleo vendido en el mundo debe cotizarse en dólares estadounidenses. A cambio, Estados Unidos garantiza su protección militar. Este acuerdo único creó una demanda artificial de dólares a escala mundial. Todos los países del mundo necesitan dólares para comprar petróleo. Esto permite a Estados Unidos imprimir dinero a voluntad, mientras otros países tienen que trabajar para obtenerlo. Financia al ejército. Al Estado de bienestar. Al gasto deficitario.
El petrodólar es más importante para la hegemonía estadounidense que los portaaviones. Y existe un patrón recurrente en lo que les ocurre a los dirigentes que lo desafían: 2000: Saddam Hussein anuncia que Irak venderá su petróleo en euros y no en dólares. 2003: Invasión. Cambio de régimen. El petróleo iraquí se reconvierte inmediatamente al dólar. Saddam Hussein es linchado. Nunca se encontraron armas de destrucción masiva porque nunca existieron.
2009: Gadafi propone una moneda africana respaldada en oro, el “dinar de oro”, para el comercio del petróleo. Los correos electrónicos filtrados de Hillary Clinton confirman que esta fue la razón PRINCIPAL de la intervención. Extracto de un correo: “Este oro estaba destinado a establecer una moneda panafricana basada en el dinar de oro libio.” 2011: La OTAN bombardea Libia. Gadafi es sodomizado y asesinado. Libia alberga hoy mercados de esclavos a cielo abierto. “Vinimos, vimos, murió”, dijo Clinton riendo ante la cámara. El dinar de oro murió con él.
Y ahora, Maduro. Con cinco veces más petróleo que Saddam y Gadafi juntos. Venta activa en yuanes. Creación de sistemas de pago fuera del control del dólar. Solicitud de adhesión a los BRICS. Asociación con China, Rusia e Irán. Los tres países a la vanguardia de la desdolarización mundial. No es una coincidencia. Desafiar al petrodólar → cambio de régimen. Cada. Vez. Stephen Miller (asesor de seguridad interna de EE. UU.) lo dijo literalmente en voz alta hace dos semanas: “La industria petrolera venezolana fue creada gracias al sudor, la ingeniosidad y el trabajo de los estadounidenses. Su expropiación tiránica constituye el mayor robo de riquezas y bienes estadounidenses jamás registrado.”
No lo ocultan. Afirman que el petróleo venezolano pertenece a Estados Unidos porque empresas estadounidenses lo explotaron hace 100 años. Siguiendo esa lógica, toda nacionalización de recursos en la historia sería un ‘robo’. Pero aquí está el problema MÁS PROFUNDO: El petrodólar ya está muriendo. Rusia vende su petróleo en rublos y yuanes desde la guerra en Ucrania. Arabia Saudita discute abiertamente pagos en yuanes. Irán comercia en monedas distintas al dólar desde hace años. China creó CIPS, su propia alternativa a SWIFT, con 4,800 bancos en 185 países.
Los BRICS desarrollan activamente sistemas de pago que eluden totalmente el dólar. El proyecto mBridge permite a los bancos centrales liquidar transacciones instantáneamente en monedas locales. La adhesión de Venezuela a los BRICS, con 303 mil millones de barriles de petróleo, aceleraría este proceso de manera exponencial. Este es el verdadero objetivo de la invasión.
No se combate el narcotráfico. Venezuela representa menos del 1 % de la cocaína consumida en EE. UU. No es terrorismo. No existe ninguna prueba de que Maduro dirija una “organización terrorista”. No es democracia. Estados Unidos apoya a Arabia Saudita, que no celebra elecciones. Se trata de mantener un acuerdo de 50 años que permite a Estados Unidos imprimir dinero mientras el mundo trabaja para él. Y las consecuencias son aterradoras: Rusia, China e Irán ya lo califican como una “agresión armada”. China es el mayor cliente petrolero de Venezuela. Pierde miles de millones. Los países BRICS presencian la invasión de un país que comercia fuera del dólar. Todos los países que contemplan la desdolarización han recibido el mensaje: Desafíen al dólar y los bombardearemos. Pero aquí está el problema…
Este mensaje podría acelerar la desdolarización, no detenerla. Porque ahora todos los países del Sur global saben qué ocurre cuando se amenaza la hegemonía del dólar. Y comprenden que la única protección es ir MÁS RÁPIDO. El momento también es inquietante: 3 de enero de 2026: Venezuela es invadida. Maduro es capturado. 3 de enero de 1990: Invasión de Panamá. Captura de Noriega. 36 años de diferencia. Casi el mismo día. El mismo escenario. La misma excusa del “narcotráfico”. La misma razón real: control de recursos estratégicos y rutas comerciales. La historia no se repite. Rima.
¿Qué sucede ahora? La conferencia de prensa de Trump en Mar-a-Lago marca el tono. Las compañías petroleras estadounidenses ya están en fila. Politico informó que fueron contactadas sobre un “retorno a Venezuela”. Se instalará una oposición. El petróleo volverá a cotizarse en dólares. Venezuela se convierte en otro Irak. Otra Libia. Pero hay una pregunta que nadie hace: ¿Qué sucede cuando ya no se puede imponer el dólar a punta de bombas?
¿Cuándo tendrá China suficiente poder económico para responder? ¿Cuándo los BRICS, que controlan el 40 % del PIB mundial, dirán “no más dólares”? ¿Cuándo el mundo comprenderá que el petrodólar se mantiene mediante la violencia? Estados Unidos acaba de mostrar sus cartas. La pregunta es si el resto del mundo acepta el juego o si está faroleando. Porque esta invasión es una confesión de que el dólar ya no puede competir por sus propios méritos. Cuando hay que bombardear países para obligarlos a usar tu moneda, es porque esa moneda ya está muriendo. Venezuela no es el comienzo. Es el final desesperado. ¿Qué opinas?
Voy a decirlo sin rodeos: esto no va de Maduro. Va de quién ha gestionado su final y para qué. Cuando un presidente es apresado y no hay caos interno ni fractura visible en la cúpula, cuando no hay histeria militar ni sangre en las calles, estamos ante una operación controlada. Las revoluciones reales son ruidosas. Las transiciones pactadas son silenciosas.
Aquí no hay heroicidades ni épica. Hay negociación fría. Y la negociación no se hace con el pueblo, se hace con la élite que garantiza orden. Quien crea que Estados Unidos —o la estructura que marca la pauta— busca justicia, democracia o reparación histórica, no ha entendido cómo funciona el poder. Lo que se busca es estabilidad, acceso a recursos y cierre de un ciclo incómodo. Todo lo demás es decorado.
Por eso insisto: el elemento clave es la traición funcional del entorno de Maduro. No ideológica, no moral: funcional. La traición que se produce cuando se comprende que el régimen ya ha caído y que es mejor recolocarse que resistir. Ahí es donde entran nombres concretos, no por conspiración, sino por lógica de poder: Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López. No como salvadores ni como demonios, sino como gestores del aterrizaje.
El detalle verdaderamente inquietante, para mí, no es un vídeo ni una filtración. Es la calma reveladora. La calma de quien ya sabe que no va a caer al vacío. La calma de quien ha recibido garantías. Nadie está tranquilo en mitad de una tormenta si no tiene un refugio pactado. Esa serenidad no es inocente; es estratégica.
Y aquí viene lo más incómodo: las transiciones tuteladas no liberan países, los reordenan. Cambian el relato, redistribuyen poder, blanquean a unos y sacrifican a otros. El ciudadano no entra en la ecuación más que como coartada. Se le promete futuro mientras se decide el reparto en despachos cerrados.
Esto no va acerca de izquierdas o de derechas. Va de quién controla las riquezas, el dinero, las armas y la narrativa cuando se baja el telón. Y si el proceso avanza sin sobresaltos no es porque el sistema se haya humanizado, sino porque ya se ha pactado quién paga y quién se salva. Lo demás es ruido. Y el ruido, casi siempre, es para que no mires dónde de verdad se está decidiendo todo. Seguiremos informando. Sin anestesia.
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Venezuela: El factor Trump y el silencio de los BRICS. ¿Por qué nadie lo defendió?
Anatomía de una traición. 30 minutos es lo que tardó en caer un régimen de 13 años. 30 minutos es el tiempo que necesitó Donald Trump para resucitar la doctrina Monroe y demostrarle al mundo que en el 2026 las fronteras son de papel y los presidentes tienen fecha de vencimiento.
Hoy, 3 de enero de 2026. Bienvenidos. El café hoy amarga más de lo habitual porque lo que ocurrió esta madrugada en Caracas no sólo fue una operación militar, fue una clase magistral de traición. Mientras los radares de la última generación callaban, los Delta Force entraban en la fortaleza de Miraflores, ni un disparo de respuesta, ni un misil interceptado, sólo el silencio de los que abrieron la puerta desde adentro.
El petróleo venezolano es ahora el dilema más peligroso para la economía de Estados Unidos y por qué la purga que está ocurriendo hoy en Kiev, sí, compañeros, toquen el ascenso de Kyrylo Budánov (1986. Es un oficial militar ucraniano. Desde enero de 2026 es el jefe de la oficina del presidente de Ucrania), tiene más que ver con Venezuela de lo que nos quieren contar.
Me llamaron loco, cuando les dije en Siria que la lealtad tiene precio, me criticaron cuando advertí que esto pasaría en nuestro continente. Hoy, con unos hechos sobre la mesa, les digo, mantengan la mente despierta. Porque si hoy el tabú de atacar a un presidente ha muerto en el Caribe, mañana el objetivo podría estar en cualquier otro lugar del mapa.
El zarpazo de Mar-a-Lago, traición o invasión. Atención, lo que ocurrió a la madrugada de este sábado 3 de enero de 2026 en Venezuela no tiene precedentes, no fue una guerra de desgaste, no fue una revolución de colores, fue un zarpazo quirúrgico donde Donald Trump desde Mar-a-Lago acaba de anunciar lo impensable. Nicolás Maduro y su esposa han sido capturados y sacados de Venezuela tras una incursión relámpago. ¿Cómo es posible que Caracas cayera en tres horas y no en tres días?
El escenario que se dibuja es oscuro. Se habla de que las fuerzas especiales estadounidenses no habrían podido entrar al distrito gobernamental sin que los de adentro le abrieran la puerta. No hubo resistencia porque el anillo de seguridad, según las primeras hipótesis, habría entregado al presidente… es el fin del tabú de la inmunidad presidencial en el nuevo orden de dos mil veintiséis. Los objetivos son conocidos y nadie, absolutamente nadie, parece estar a salvo.
La anatamía de una traición. Analicemos esto con mente fría. Venezuela tiene sistemas chinos y rusos de primer nivel. Que no se disparara ni un solo misil contra la incursión estadounidense confirma que el mando militar fue neutralizado desde dentro, no desde afuera.
El estilo de Trump 2026. Esto no es el Irak de Bush, es una operación low cost, en vidas estadounidenses, pero de alto impacto político. Trump lo anuncia en sus redes sociales como quien reporta un éxito empresarial, marcando el retorno de la doctrina Monroe con una agresividad que no veíamos en décadas. El mensaje a Moscú y Beijing. Maduro era aliado estratégico en el patio trasero de Estados Unidos. Su captura su mensaje directo a los BRICS.
Mientras ustedes avanzan en el Danubio, yo limpio mi casa. Así pues. Esto huele a un pacto secreto entre generales venezolanos y Washington. La pregunta es ¿Quién se quedó con las llaves de Miraflores a cambio de entregar a Maduro? Rusia debe prestar mucha atención porque el método de captura por traición interna podría ser el nuevo estándar de la CIA para este año.
La anotomía de traición siria en el Caribe. Así pues, es que lo que voy a decirles me duele, pero me da la razón, es que muchos me criticaron cuando dije que Estados Unidos no estaba jugando a las sanciones sino a la infiltración, que era una operación bajo cubierta, lo vi en Siria, amigos lo vi en Siria, vi cómo se sobornaba a la élite que juraba Lealtad eterna y hoy lo estamos viendo en Venezuela, no fueron ninjas cayendo del cielo, fue el círculo íntimo abriendo la puerta desde adentro.
En Siria, el de la gasolinera, el de la carnicería, el sastre, todos eran agentes del gobierno, absolutamente el sistema de seguridad de Siria era impenetrable, Pero, ¿ya ustedes vieron mi resultado? De pura suerte que Bashar al-Ásad pudo salir. Gracias quizás a la ayuda rusa o la inteligencia rusa. Maduro no tuvo esa suerte.
Analistas de la taya del coronel André Pinchuk lo confirman. Una operación así es imposible sin una traición calibrada. La defensa aérea no falló por técnica, falló por orden superior. Tenemos 2 hipótesis sobre la mesa: o el círculo más estrecho de Maduro lo entregó por la recompensa de 50 millones de dólares, o hubo un acuerdo secreto de salida honorable, ante la amenaza de una muerte inminente. Trump no solo rompió el tabú de atacar a un presidente, rompió la cadena de un mando venezolano usando el arma más vieja del mundo… La ambición.
Mientras Zelenski organizaba ataques contra la residencia de Putin hace apenas una semana, Trump tomaba nota. El filósofo Alexander Dugin lo dice con indignación.
Trump nos está enseñando cómo actuar. Mientras Moscú observa el derecho internacional, Washington ejecuta nocauts políticos. La captura de Maduro es el fin de una era y el comienzo de un mundo donde los presidentes ya no son intocables.
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Leandro Morgenfeld: "El 70% De Los Estadounidenses Están En Contra De La Intervención En Venezuela"
El ataque militar lanzado por la administración de Donald Trump contra la República Bolivariana de Venezuela, coronado con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, luego de meses de asedio, constituye una violación flagrante del derecho internacional y un retroceso histórico. Se trata de una agresión ilegal que vulnera la Carta de las Naciones Unidas —en particular la prohibición del uso de la fuerza y el principio de solución pacífica de controversias—, desconoce los compromisos asumidos en el marco de la OEA y pisotea principios largamente defendidos en América Latina y el Caribe, como la no intervención y el respeto irrestricto a la soberanía de los Estados nacionales.
La Casa Blanca intentó presentar el operativo como una acción quirúrgica, ordenada, indolora y ya consumada. Sin embargo, más allá del impacto inicial y del despliegue mediático, estamos ante un proceso político y militar abierto, inestable y profundamente disputado. La historia latinoamericana enseña que los golpes y las intervenciones no se definen en el primer acto: se dirimen en la resistencia popular, en la cohesión de las fuerzas internas, en la correlación de fuerzas a nivel internacional (incluidas las reacciones diplomáticas de los distintos actores) y en la capacidad de los pueblos para convertir la indignación en acción política sostenida que modifique la correlación de fuerzas tras el embate inicial.
Este artículo propone 10 claves para comprender el alcance del ataque, los escenarios en disputa y los desafíos que enfrenta Nuestra América ante una ofensiva imperial que busca reinstalar, sin eufemismos, la lógica del patio trasero, reivindicando sin pruritos la bicentenaria doctrina Monroe.
1. Condenar sin ambigüedades la agresión imperialista → Lo primero y principal es condenar de manera firme, clara y sin vacilaciones la agresión imperialista de Estados Unidos contra Venezuela y, por extensión, contra Nuestra América. Se trata del ataque más grave contra la región desde la invasión a Panamá en 1989. No hay atenuantes posibles: no es una «operación de seguridad», ni una «misión humanitaria», ni un episodio aislado. Es una acción de fuerza que busca disciplinar a un país soberano y enviar un mensaje intimidatorio al conjunto de la región. La discusión sobre el gobierno chavista, sobre las elecciones de 2024 y demás cuestiones son en este momento secundarias. Todas las fuerzas democráticas, del campo nacional popular progresista y de izquierda deben condenar esta brutal agresión.
Toda relativización —en nombre de diferencias políticas con el proceso venezolano, del pragmatismo, de supuestas «excepciones» o de cálculos coyunturales— debilita la defensa de principios que son, a la vez, jurídicos y políticos. La condena debe ser inequívoca porque lo que está en juego no es la simpatía o antipatía por un gobierno determinado, sino la vigencia de reglas básicas de convivencia internacional que protegen especialmente a los países periféricos ante una agresión militar imperial como la consumada por Estados Unidos, que recuerda a las peores intervenciones de hace un siglo.
2. Un proceso abierto, no un hecho consumado → Pese a que Trump intentó instalar, en su conferencia de prensa del 3 de enero, la idea de que la situación estaba definida (habló de «transición» para no usar el término «cambio de régimen», que irrita a buena parte de su movimiento MAGA), la realidad muestra un escenario en pleno desarrollo. La experiencia del golpe de Estado de abril de 2002 contra Hugo Chávez es el antecedente interesante, aunque el contexto es sin dudas bien distinto: una acción que pareció triunfante durante horas (Bush se apuró a reconocer diplomáticamente como nuevo presidente al empresario Pedro Carmona), pero que fue revertida por la movilización popular, la lealtad al chavismo de las fuerzas armadas y la presión regional. Dos días después de ser secuestrado en helicóptero el líder bolivariano volvía a reasumir el poder en el Palacio de Miraflores
Hoy, como entonces, el desenlace no está escrito. La intervención abre una fase de confrontación política, diplomática y social que puede prolongarse en el tiempo. El intento de imponer un nuevo orden por la fuerza suele generar resistencias inesperadas y costos crecientes para el agresor, tanto en Venezuela, como en Estados Unidos y en el resto de la región y el mundo.
3. Guerra psicológica, operaciones y cohesión interna → Desde el primer momento se multiplicaron y difundieron distintas hipótesis, especulaciones y versiones sobre la operación, las supuestas complicidades internas y las traiciones dentro del chavismo (Maduro fue capturado por una infiltración de la CIA, negoció entregarse o fue traicionado por los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello). Aunque todavía es temprano para conocer realmente qué sucedió, por estas horas pareciera ser que parte de esa avalancha informativa responde menos a datos verificables que a una posible estrategia deliberada de guerra psicológica destinada a sembrar desconfianza, fragmentar liderazgos y quebrar la moral de la militancia y la dirigencia chavista.
La asunción de Delcy Rodríguez como presidenta interina, con respaldo explícito de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas y con reconocimientos diplomáticos iniciales de otros países (Brasil), indica que el núcleo del poder estatal venezolano mantiene cohesión. Al menos por ahora. Esa cohesión es, históricamente, el principal obstáculo para los planes de desestabilización externa. Hoy Trump volvió a amenazar al gobierno venezolano: a hacen lo que él quiere o terminarán peor que Nicolás Maduro, tras una segunda incursión militar, declaró.
4. El Corolario Trump y la Doctrina Monroe recargada → Trump inauguró una nueva fase del denominado Corolario Trump de la Doctrina Monroe, presentado formalmente en la Estrategia de Seguridad Nacional del 4 de diciembre de 2025. Allí se reivindica sin rodeos la noción de (cinco) áreas de influencia y el derecho de Estados Unidos a actuar unilateralmente en su «vecindario estratégico». El Hemisferio Occidental, como llaman al continente americano, debe quedar bajo su control. En el marco de la Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada en curso, el declive relativo de Estados Unidos hace que sea más agresivo y peligroso en América: Groenlania Canadá, México, el Canal de Panamá, Cuba, Colombia y hasta Brasil, declaran sin disimulo desde la Casa Blanca, deben quedar bajo control de Estados Unidos o con gobiernos totalmente alineados, como el de Milei, Bukele o Noboa.
Sin embargo, como ha señalado Gabriel Merino, reconocer una estrategia de esferas de influencia no implica aceptar la tesis simplista de un reparto del mundo ya acordado con Vladimir Putin y/o Xi Jinping. Según esta tesis, el «acuerdo» implicaría darle Ucrania a Rusia, Taiwán a China y que Venezuela y el resto de América Latina sean el patio trasero, una suerte de protectorado, estadounidense. El sistema internacional es hoy mucho más conflictivo, fragmentado y competitivo. Washington pretende reafirmar su primacía en el hemisferio occidental precisamente porque la percibe amenazada (China, por ejemplo, es primer o segundo socio comercial de todos los países latinoamericanos, y un prestamista e inversor cada vez más importante).
5. El petróleo como objetivo explícito → Trump fue absolutamente sincero en algo en la conferencia de este sábado: el objetivo central de la incursión militar es quedarse con el petróleo venezolano, que controló por décadas hasta la llegada del chavismo. El país caribeño tiene la mayor reserva mundial comprobada de cruso. Ya no se apela al ropaje discursivo de la «defensa de la democracia», a los «valores republicanos» o a los «derechos humanos». La excusa del narcotráfico resulta particularmente hipócrita cuando el propio Trump acaba de indultar hace pocas semanas al ex presidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado en 2024 en la justicia estadounidense a 45 años de cárcel por vínculos con el narco.
Esta franqueza brutal desnuda la lógica extractivista y depredadora que subyace a la intervención: garantizar el control de recursos estratégicos en un contexto de creciente competencia global. Pero le genera un grave problema de legitimidad interna y externa a su acción militar y, como sabemos, ninguna hegemonía se sostiene sólo en base a la coerción, sino que requiere consenso.
6. Rechazo internacional y fisuras en el consenso occidental → La acción militar recibió rechazos explícitos, de distintos tonos, de numerosos gobiernos: China, Rusia, Irán, Brasil, México, Colombia, Chile, Uruguay, España, Cuba, Honduras, Guatemala, entre muchos otros. Aunque las posiciones no son idénticas ni equivalentes, el dato central es la ausencia de un consenso internacional que legitime la intervención. Hay pedidos de acción urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Incluso dentro del llamado «Occidente ampliado» emergen fisuras que limitan la capacidad de Washington para construir una coalición estable y duradera. De no lograr estabilizar rápidamente la situación en Venezuela Trump puede complicar la relación con sus aliados-vasallos del Occidente Geopolítico.
7. Oposición interna en Estados Unidos → La ofensiva contra Venezuela no ocurre en un vacío doméstico. Hubo movilizaciones de rechazo en ciudades como Nueva York y pronunciamientos críticos desde sectores de la oposición, incluyendo figuras como Zohran Mamdani, flamante alcalde de la ciudad donde confinaron a Nicolás Maduro, y organizaciones como Democratic Socialists of America, además de miembros del congreso, sindicatos, activistas y medios de comunicación.
La aprobación de Trump viene cayendo a sus mínimos niveles desde que asumió su primer mandado en 2017 y en un contexto de dificultades económicas, derrotas electorales en 2025 y la proximidad de las elecciones de medio término de 2026, en las que podría perder el control de una o ambas cámaras del Congreso. La aventura exterior puede convertirse en un búmeran político si el plan de Marco Rubio —hoy hombre fuerte de su gabinete y principal candidato a sucedar a Trump, junto al vice J. D. Vance— no triunfa.
8. Nuestra América en disputa → La región atraviesa una disputa intensa. Como explicamos en el libro Nuestra América, Estados Unidos y China. Transición geopolítica del sistema mundial (Merino y Morgenfeld, CLACO y Batalla de ideas, 2025), es una región clave para las aspiraciones geopolíticas de Washington. Trump recurre cada vez más al garrote que a la zanahoria, pero (todavía) no controla a los gobiernos de los principales países de la región (México, Brasil y Colombia). Una incursión fallida en Venezuela podría debilitar su estrategia hemisférica y comprometer a figuras clave como Marco Rubio, Secretario de Estado, Consejero de Seguridad Nacional y administrador de la USAID.
Lejos de consolidar un liderazgo indiscutido de las ultraderechas pro estadounidense, que Milei pretende acaudillar, la agresión puede acelerar procesos de coordinación autónoma entre países que rechazan la lógica de la subordinación.
9. Dos caminos para la región → Nuestra América enfrenta una disyuntiva histórica: resignarse al rol de patio trasero de Estados Unidos (el plan de Marco Rubio, con sus alfiles Bukele, Noboa, Peña, Milei y Kast) o avanzar hacia la construcción de un polo emergente con voz propia en un mundo cada vez más multipolar (la estrategia de Lula a través del grupo BRICS+). Este segundo camino no es sencillo ni lineal, pero es el único compatible con la soberanía, el desarrollo y la justicia social.
La crisis actual puede funcionar como catalizador de definiciones estratégicas largamente postergadas. Por eso, en la definición del actual ataque militar está en juego mucho más que el futuro de Venezuela.
10. El rol urgente de la movilización popular → Los pueblos y sus organizaciones sociales y políticas deben pasar a la acción. Frente a las actitudes claudicantes o de sumisión neocolonial de gobiernos como los de Javier Milei, Nayib Bukele o Daniel Noboa, e incluso de algunos gobiernos no alineados, la respuesta desde abajo no puede ser el silencio, la resignación o el mero declaracionismo.
Las correlaciones de fuerza no están dadas ni son fijas. Depende de la acción política. Las numerosas convocatorias que se vienen multiplicando desde el sábado en toda la región, y en el mundo, dan cuenta del rechazo a la agresión imperial de Estados Unidos, que debe seguir creciendo. Es importante tener presente el ejemplo de las masivas movilizaciones globales contra la invasión a Irak en 2003. La historia demuestra que ningún imperialismo es invencible cuando los pueblos deciden ponerse de pie y defender su dignidad. En esta hora tan dramática para los pueblos latinoamericanos, la unidad para rechazar la agresión militar es necesaria para evitar una mayor periferialización y desintegración de Nuestra América.
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