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sábado, 8 de julio de 2017

A PROPÓSITO DE LAS DECLARACIONES DE LUIS BRANDONI





Ocurrió una vez, que un presidente argentino pidió perdón en nombre del Estado por las atrocidades cometidas durante la dictadura Cívico Militar. Eran tiempos sin dudas sobre los roles que había desempeñado cada quién y cada cual. A pocos, muy pocos, se les hubiera ocurrido dudar de esa complicidad. El rumbo era, y es, la memoria, la verdad y la justicia. Se graficó claramente con el descuelgue de un cuadro, pero faltaban, y se sabía, otros cuadros que descolgar. Era la tarea pendiente para seguir avanzando.





La acción negacionista de lo ocurrido durante la nefasta etapa del gobierno de facto que condujo el terrorismo de Estado en nuestro país, puede adquirir distintas formas. Desde negar la cantidad de compañeros detenidos desaparecidos, hasta negar la criminalidad de lesa humanidad al pretender equiparar a los torturadores con presos comunes caracterizándolos de "viejitos enfermos", pasando por la negación de la participación y complicidad de civiles (como ocurrió con las infelices declaraciones de Luis Brandoni) en el negro plan que tiñó de luto parte de nuestra historia. Aunque nos resulte obvio para algunos, habrá que recalcar, sostener y argumentar que sin la complicidad civil de: dirigentes políticos y sindicales, medios periodísticos, comunicadores y sobre todo grupos empresariales con intereses económicos concretos, hubiera sido mucho más difícil semejante horror e impunidad. 

Cuesta entender que hoy en democracia, aunque golpeada y en riesgo, se deslicen irresponsables afirmaciones en medios públicos que, o quieren distraernos de los problemas angustiantes que nos invaden y vivimos a diario, o son una manera de pensar que tiene coherencia y estrecha relación con haber votado la ley de flexibilización laboral, la tristemente célebre "Ley Banelco", cuando fue diputado.

De una u otra manera, todas razones funcionales al "cambio" de época, a la mutación cultural en retroceso que apunta a invisibilizar al verdadero enemigo, lo que nos impide, por lo menos, no tropezar con la misma piedra, metáfora de: No seguir ayudando a generar las condiciones para la instalación de la pérdida de derechos ciudadanos, usando el disfraz que hoy en día use.

Por Memoria, Verdad y Justicia.
Por nuestros 28 Compañeros Actores Detenidos Desaparecidos.
Por los 30.000.

Pedimos disculpas por las declaraciones públicas de un afiliado nuestro al tiempo que rechazamos enérgicamente las mismas.

CONSEJO INTEGRAL








domingo, 14 de septiembre de 2014

TEATRO X LA IDENTIDAD 2014





Desde el 17 al 28 de septiembre, el Teatro General San Martín presentará el Festival Teatro x La Identidad 2014. 

La entrada será libre y gratuita. 


Teatroxlaidentidad es un movimiento teatral de actores, dramaturgos, directores, coreógrafos, técnicos y productores que se inscribe dentro del marco de teatro político y es uno de los brazos artísticos de Abuelas de Plaza de Mayo; movimiento cuyo objetivo es hacer propia la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo.

El teatro es la herramienta que utiliza Teatroxlaidentidad para cumplir con una función que considera esencial: actuar para no olvidar, actuar para encontrar la verdad. Hay todavía alrededor de cuatrocientos jóvenes con sus identidades cambiadas y su moto es el de "actuar hasta encontrar al último de los nietos".
















lunes, 21 de octubre de 2013

OESTERHELD: “El paraíso son los demás”






“El paraíso son los demás”, escribe el más importante narrador de aventuras de este país, polemizando con Sartre. Ya no es el mismo, el Viejo. En la bitácora de ese itinerario que comenzó en las fronteras de una viñeta y que trascendió el campo de la imaginación, sorteó los prejuicios, las dudas y las desconfianzas del pasado. El ejemplo de sus jóvenes hijas, Beatriz, Estela, Diana y Marina, fue la chispa que encendió la convicción del compromiso militante en Montoneros. A una edad en que muchos otros preferirían mirar el devenir de la historia “desde la banquina de la comodidad y el escepticismo”, Héctor Germán Oesterheld eligió dar un paso al frente y transformarse entre compañeros. El pibe que leyó sus obras con una voracidad insaciable tampoco es el mismo. Y da en el blanco –o en ese agujero negro– cuando dice que no es sencillo leer una biografía del autor de El Eternauta que se detenga exhaustivamente en ese camino político. “Algo obtura ese relato ausente o disperso. Algo que no permite profundizar la mirada, que incomoda, que perturba”, plantea Hugo Montero en la introducción de Oesterheld, la biografía. Viñetas y revolución (Sudestada), un libro notable que viene a saldar esa deuda.

El autor de esta biografía, fundador y codirector de la revista Su-destada, advierte que la tragedia familiar –la desaparición de las cuatro hijas y del propio Oesterheld– quizás haya sido el elemento que impidió hasta ahora poner la lupa sobre el trayecto militante en Montoneros, además del rechazo que han generado las erradas decisiones de la dirección partidaria.

 “¿Cómo fue que Oesterheld, un lector sagaz, agudísimo, no leyó el aventurerismo político de la militarista cúpula montonera”, se pregunta Guillermo Saccomanno. Montero intenta esbozar una respuesta al interrogante. “Ni Oesterheld ni sus hijas eran cuadros dirigentes de la organización en la que militaban. Por el contrario, eran militantes de base –aclara–. Su ámbito de trabajo político fue la villa y la prensa, su diálogo se generó con los compañeros que compartieron con ellos esos universos, y el vínculo militante pasó muchas veces menos por lo estratégico y programático que por lo afectivo. En tantos ensayos acerca de los años ’70, el eje siempre gira alrededor de tácticas asumidas por las direcciones, pero soslaya en muchos casos el anónimo trabajo en la base, el esfuerzo silencioso de todos los días, el vínculo inquebrantable con vecinos y trabajadores, el borrador de una historia que también merece ser contada.”

–Queda claro en el libro que son las hijas las que lo llevan a militar. Que Oesterheld comienza teniendo empatía con el entusiasmo militante de sus hijas y luego se va involucrando cada vez más.

–Sí, sin dudas. Ellas eran pibas jóvenes y estaban más predispuestas a superar el dilema entre teoría y práctica: “Sometamos las ideas al mundo de la realidad, veamos en la calle cómo resuelven los excluidos, los oprimidos, los marginados, esta contradicción”. Las chicas hacen esa experiencia de campo, y Héctor escucha los relatos de ellas en las sobremesas de la casa, en ese ámbito que es clave para entender cómo se van comprometiendo. El tiene mucha admiración por las chicas, tiene una relación muy cercana, de pares, más allá de que son muchos años que los separan. El Viejo siente que su ámbito cotidiano, su ámbito de discusión sobre política, sobre cultura, sobre todos los temas, está ligado a esa generación. Evidentemente es un fenómeno que tiene que ver con la nueva izquierda, porque hay muchos casos de padres que militan a partir del ejemplo de sus hijos. Héctor es uno de los más paradigmáticos, porque las cuatro chicas terminaron vinculadas a una organización revolucionaria.

–¿Qué fue lo que más lo sorprendió durante la investigación?

–Yo no conocía la dinámica de las juntadas a la noche en el chalet de Beccar. Sabía la historia de los Fernández Long –los hermanos Pablo y Miguel–, que habían sido señalados por Elsa como los responsables de haber apresurado los tiempos de las chicas y de Héctor. Encontrarme con ellos me permitió primero comprender la posición de Elsa y luego la de ellos. Y ahí apareció la dinámica de juego, de charlas, de sobremesa, de lecturas ligadas al grupo de amigos, en que la cuestión política no era lo central al principio; no era un cenáculo de discusiones sobre la lucha armada. En esa dinámica vi el pasaje del Viejo que recibe a los pibes jóvenes, que escucha y mezcla en ese puchero todo lo que cada uno trae. El Viejo es receptor de toda esa información, pero no desde un lugar del patriarca erudito y catedrático que les da clase a los pibes, sino del que escucha y quiere tratar de entender la realidad que está pasando a través de las hijas y de los amigos de las hijas. La verdad que era una imagen que yo no tenía de Oesterheld.

–Lo imaginaba más encerrado, escribiendo, pensando.

–Más intelectual, sí. Además, todos los que lo conocieron del mundo de la historieta tenían una imagen de él más serio, más gruñón y conflictivo como patrón, porque en algún momento fue jefe de su propio proyecto editorial –Frontera– y eso siempre genera roces, chisporroteos y contradicciones. Sacarlo de ese lugar y verlo al Viejo en cueros, como me contaron, haciendo el asado o sentado en un sillón con una copa de ginebra en la mano quedándose dormido, o jugando a los baldazos al carnaval en el chalet, es una imagen que rompe esa idea del tipo que le va mal en su proyecto profesional. En su casa encuentra un refugio de felicidad, pero es ahí también donde se empieza a preguntar cómo hacemos para cambiar el mundo.

Al principio, cuando arrancó con la escritura de la biografía, Montero quería dividir el libro en tres partes: el oficio, el amor y la pasión revolucionaria. Pronto comprendió que era descabellado intentar mantener ese plan. “El entrecruzamiento se da todo el tiempo, particularmente al final, cuando se vincula orgánicamente con Montoneros y pasa a publicar historietas en la prensa partidaria y a la vez milita en una villa del Norte del conurbano, en la Sauce, con Beatriz. Hay un trasvasamiento que no me permitía escindir las historias. Es imposible comprender sus trabajos políticos sin el vínculo que tenía con las chicas –explica–. El Viejo asume desde el punto de vista narrativo algunos desafíos, como contar la historia argentina, y se mete en debates históricos revisionistas sobre Mariano Moreno, sobre Rosas. Esos mundos que aparentemente parecen separados están muy entrecruzados: cada uno fue marcando un pedacito de su evolución política, de su cambio como narrador. Muchos plantean que la parte política de Oesterheld es la menos imaginativa, la menos creativa. Pero en realidad hay cosas muy lindas desde el punto de vista estético en esa etapa.”

–Cuando Oesterheld interviene con estas historietas de carácter político, ¿están atravesadas por el imperativo de la actualidad militante?

–Sí, en un punto están marcadas por la actualidad, por la coyuntura. Oesterheld entiende que en ese momento su función como intelectual orgánico es aportar esa mirada a la historia desde un punto de vista montonero. Hay un cruzamiento constante entre los traidores de Mayo de 1810 con los traidores del 25 de mayo de 1973. Si entrás a la historieta de Oesterheld por el lado de la aventura, la parte más rica es la de los años ’50. Eso es evidente. Ahora si intentás ver la obra que hace a nivel político, no es de baja calidad, sino que es distinta. A muchos del mundo de la historieta le sigue chocando la segunda parte de El Eternauta; hay cuentas que no cierran, pero él mismo dice que ya era otro, que tenía ganas de hacer otras cosas. Tenía una visión antiimperialista muy marcada y la aplica en su historieta.

–¿Por qué cuestiona el uso del Nestornauta y habla de “equívoco”?

–Creo que hay un problema, que sucede también con otros militantes que terminan siendo símbolos, como Rodolfo Walsh y Haroldo Conti. El problema del Nestornauta es utilizar sólo lo que te sirve de ese símbolo. Hay cuestiones que se vinculan con tu lucha o con el dirigente al que intentás comparar, pero hay partes que incomodan y generan una discusión que no podés sostener. Por ejemplo el tema de la lucha armada o su militancia en Montoneros, que no están relacionadas con los Kirchner, que siempre fueron críticos de la lucha armada. Cuando elegís de símbolo a un militante montonero, con cuatro hijas militantes montoneras, hay que entender que hay cosas de ese símbolo que van a generar contradicciones desde el presente político. Como el hecho de que el fusil de Juan Salvo se borra con el Photo-shop; en ese intento de manipulación hay una apropiación simbólica sólo de algunos elementos. Si vas a elegir un símbolo, bancate lo que venga: la discusión sobre la lucha armada en los ’70, la militancia en Montoneros. Me parece que no es justo con Oesterheld porque él no tenía dudas respecto de su militancia, no la ocultaba, puso el cuerpo y militó a la par de pibes de veinte años. Y relegar esa parte, intentar ocultarla o dejarla en un segundo plano, me parece que no le hace justicia a Oesterheld, que es lo que me interesa validar.

“Un pasillo con paredes de látex azul brillante. Las paredes de El Vesubio. Héctor allí, de pie, mirando a su nieto. Reconociendo de inmediato la dimensión de esa presencia: la ternura infinita del abuelo que se sienta a tomar la chocolatada con el nieto, a mirar los dibujitos en un viejo televisor, y el más lacerante dolor consumiéndolo por dentro. El Viejo lo sabía: si Martín está allí solito, era porque Estela había caído. La última de las chicas, la cuarta. Otro desgarro incurable, otra ausencia”, relata Montero en la biografía. “No necesito más homenajes ni las pelotas, no quiero saber nada de eso –dice Martín Mórtola Oesterheld, guionista y director de cine–. Cuando salí del juicio por El Vesubio, yo no podía dejar de pensar en mi abuelo. En mi abuelito, no en Oesterheld. El primer recuerdo de toda mi vida es estar con mi abuelo en El Vesubio, y seguramente hablando de las cosas que yo hablaba con él, o de lo que yo hablo hoy con mis hijos. El dato es que mi abuelo sabía lo que le esperaba. No puedo dejar de verla como una secuencia: mi abuelo hablando conmigo sabiendo que acababan de asesinar a su hija, y me habla y jugamos como si nada pasara.”

–El encuentro con Martín es uno de los momentos más impactantes de la biografía, ¿no?

–Sí, a mí me aportó una mirada distinta de cómo se da el proceso de construcción de la memoria a nivel colectivo. Martín habla de una etapa en la que relacionarse con un desaparecido era equivalente a ser hijo de un subversivo, a ser discriminado o chicaneado por las instituciones del Estado, y cómo ese discurso fue variando pero la posición de él no fue cambiando sobre lo que eran sus viejos. Uno escucha a hablar a Martín y te ponés a pensar en lo que han vivido los hijos de desaparecidos. Son miradas muy inteligentes, muy elaboradas; ha tenido un largo proceso de discusión con él mismo y con la memoria de sus viejos y de su abuela. El discute todo el tiempo con su abuela. Lo mismo hace Fernando (Araldi). Ellos tienen una relación de amor y conflicto constante con Elsa, como lo tenían también las chicas. La mirada de Martín es muy elaborada porque está cansado de los homenajes. El quiere otro vínculo con el recuerdo. El quiere la imagen íntima con su abuelo, por eso defiende esos espacios propios como un tesoro.

–¿Coincide con Martín en la necesidad de bajar del pedestal a Oesterheld?

–Sí, es difícil reclamarle cosas a esa imagen en el pedestal. Hay que bajarlo de ahí y saber cosas chiquitas. Martín se mira en las fotos –y yo las vi– y en todas las fotos están Estela, el Vasco y él chiquito. Hay una presencia de los tres muy fuerte. Los compañeros lo veían a él en la isla Maciel, donde militaban los viejos. Martín se sabe parte de una construcción familiar y se siente cómodo con ese recuerdo, que después fue truncado por el genocidio; pero rompe con ciertos lugares comunes y prejuicios sobre la militancia que está bueno sacárselos de encima definitivamente: que priorizaron la política por encima de los hijos, que dejaron atrás las cuestiones familiares y se volcaron exclusivamente a la política, cuando en realidad ellos hacían política con los pibes encima. Ese fue el caso de las chicas.

Un grupo de tareas secuestró a Oesterheld en La Plata, el 27 de abril de 1977.

Varios testimonios de sobrevivientes dan cuenta de su paso por los campos de concentración de Campo de Mayo, en el regimiento de Monte Chingolo, en El Vesubio de La Matanza y El Sheraton de Villa Insuperable. A cada una de las preguntas de sus carceleros por algún dato, una casa, una persona, el Viejo terco respondía con la misma frase: “No tengo nada que decir; no tengo nada que negociar”. Después de un traslado masivo desde El Sheraton presuntamente a la localidad bonaerense de Mercedes, en febrero de 1978, se diluye el rastro del escritor. “Como en una doliente historieta –escribe Montero–, la silueta de Héctor se funde en el negro de la viñeta. Y en el siguiente cuadrito, se hace sombra.”











martes, 30 de julio de 2013

QUÉ SIGNIFICA PUBLICAR UNA CARTA EN LA NACIÓN







Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo, se mostró "dolida" por la dura carta que le dirigió el productor y director teatral Carlos Rivas en la edición de hoy de LA NACION y defendió su apoyo a la reforma de la Justicia, que impulsó Cristina Kirchner.

"Asombrada, pero dolorida a la vez. Qué bueno hubiera sido que toque el timbre de nuestra casa y le habríamos dado las explicaciones, coincidentes o no, que tenemos para hacer estos actos visibles de una política de derechos humanos", afirmó Estela, en una entrevista con Radio Continental.

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo criticó al director teatral por haber publicado una carta en este matutino. "Está muy desinformado. Todo esto es producto de una ira que tiene este hombre, no sé qué fantasía habrá tenido, a lo mejor se habrá creído que soy la Virgen María y soy Estela de Carlotto, una luchadora con errores y virtudes, junto a todas las Abuelas que hace 35 años luchamos para que él y sus hijos no sufran nuevamente un atropello y que le roben el día que se le antoje a esta gente que escribe en ese diario dónde el publicó en contra de esta democracia que estamos construyendo entre todos", afirmó.



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Recordemos que el director de LA NACION, Bartolomé Mitre, afirmó en un reortaje en Brasil que en la Argentina no había una democracia sino una dictadura de votos.

Recordemos que el director de LA NACION, Bartolomé Mitre, junto al CEO de Clarín, Héctor Magnetto, están acusados de delitos de Lesa Humanidad por complicidad con la dictadura genocida en la apropiación de la empresa Papel Prensa.


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Clarín, La Nación, La Razón: Papel Prensa y los vínculos con la Dictadura genocida...





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Carlos Rivas escribió un texto, que hizo llegar a LA NACION , donde contó por qué no pudo leer una carta de apoyo a la nueva edición del ciclo Teatro por la Identidad en la sala en la que se presenta una obra que él dirige...






Indignado por un episodio que tuvo lugar días atrás en la sala en la que se representa una obra que él dirige (Love, love, love), el autor, reconocido director y productor teatral, hizo llegar a LA NACION el siguiente texto...
«Nunca fui peronista. Ni creo que lo sea alguna vez. Nunca fui kirchnerista, y tampoco me veo allí en el futuro, si es que esta facción política tuviese algún futuro. No milito ni milité orgánicamente en ninguna organización política. Me sentí más o menos interpretado, a lo largo de casi 40 años, con lo que hoy se da en llamar "centroizquierda", algo parecido a las socialdemocracias. Fui a la Plaza a apoyar a Alfonsín. Fui a apoyar la elección de Cámpora. Fui a la cárcel de Devoto a reclamar la liberación de los presos políticos. Fui a muchos lados. Y también fui a la ESMA en aquel famoso acto de principio de gestión de Néstor Kirchner, apoyando la recuperación para las organizaciones de derechos humanos de esa vergonzosa institución militar que manchará eternamente la historia argentina.

»Me gusta ser argentino, a pesar de las innumerables razones (pobreza y corrupción estructurales, represión, discriminaciones) que la práctica política y social de instituciones varias me han ido dando a lo largo de mi vida, para empujarme a sentir vergüenza más de una vez.

»Pretendo ser un artista y colaborar con mi obra a la construcción de una conciencia comunitaria más solidaria, justa, equitativa y de signo nacional. Desde hace más de 40 años voy de teatro en teatro actuando y dirigiendo obras que me alimenten en la comprensión de la vida humana y sus misterios. No soy político. Pero no soy estúpido, creo. Sé que mis actos públicos (a través del teatro) constituyen un acto, también, de naturaleza político-social. Bienvenido sea, pero esencialmente soy un artista (lo pretendo) del teatro argentino.

»Admiro la lucha de la Madres de Plaza de Mayo en los "años de plomo". Admiro la lucha de las Abuelas y la altísima dignidad con la que buscan a sus nietos. Admiré (y quisiera que ella me permitiera seguir haciéndolo) a la señora Estela de Carlotto, con un énfasis que tuve el honor de transmitirle personalmente pocos meses atrás, cuando tuvo la deferencia de responder a una invitación nuestra y asistir a una función de la obra Love, love, love , que dirijo. Aunque aborrezco las actitudes "cholulas" y huyo de ellas como de la peste, le pedí que me permitiera tomarme una foto a su lado para mostrársela a mi hijo, con orgullo.

»Hace unos días me piden que se lea al público una carta apoyando la nueva edición del ciclo Teatro por la Identidad al finalizar la función de nuestra obra, como es costumbre en todos los teatros de Buenos Aires. Decenas de veces lo hicimos en otros espectáculos y yo mismo, en persona, fui el encargado de leerlo alguna vez. Siempre lo hice muy entusiasmado, como un acto que me obligaba moralmente y a la vez me enaltecía.

»Pero esta vez, con enorme dolor, no pude, Estela. La encrucijada moral en la que usted y su organización me encerraron no me dio alternativa. De ahí el motivo de esto que hoy me siento compelido a expresarle.

»Al llegar al teatro donde se representa nuestra obra con la intención de leer vuestra carta, me encontré en la puerta misma de nuestra sala (dentro del teatro, no en la calle) con un grupo de legítimos adherentes de Abuelas repartiendo al público que se retiraba el periódico oficial de su organización. En la primera plana estaba una gran foto suya junto a la señora Gils Carbó, apoyando la exótica y tendenciosamente bautizada "democratización de la Justicia". Había también otros titulares de primera plana acusando a la Corte Suprema de la Nación de atentar contra actos legítimos de gobierno, por el solo hecho de cumplir con las funciones a las que la Constitución (con la que este gobierno fue elegido) la obliga. En mi barrio no estaba bien visto ir corriendo los arcos en medio de un partido. Imposible para mi conciencia ética ser cómplice de semejante autoritarismo encubierto, contra el que traté de luchar durante toda mi vida. Con la carta de Teatro por la Identidad en la mano, a punto de leerla, me sentí violentado ideológicamente. Víctima de una encerrona fáctica que pretendía obligarme a convertirme en Drácula si la leía o en Frankenstein si no lo hacía.

»Pero aun había agravantes éticos más repugnantes a mi conciencia. Esto ocurría el día en que la presidenta de la República pretendía que se aprobara el pliego del general Milani, mientras una madre de desaparecidos de La Rioja lo acusaba de responsabilidad en la desaparición de su hijo conscripto.

»Todo esto, además, estando en plena campaña electoral.

»¿Cómo no leer al público la carta que apoya el noble objetivo de ayudar a la recuperación de hijos de desaparecidos? ¿Cómo leerla sin estar implícitamente apoyando acciones netamente partidizadas por una organización que (a mi juicio) jamás debió abandonar su misión de reclamar desde ese lugar de dignidad ética, que no es propiedad de ningún gobierno, cualquiera sea su signo político?

»Decidí no leerla: no quiero ser parte obligada de la campaña electoral del gobierno nacional. Y pedí que si alguno de mis compañeros de trabajo en el teatro quisiera hacerlo, aclarase al finalizar que no todos los integrantes de la compañía coincidían con esta acción. Debatimos, y se concluyó que no la leeríamos. Así fue. Por primera vez una compañía en la que yo participo no adhirió a lo que siempre habíamos adherido con el corazón.

»Tristeza, congoja, desazón. Dolor profundo. Angustia. Noche de pesadillas en mi cama.

»Decidí escribir este doloroso texto para explicarme. Decirles a mis amigos, a mi hijo, por qué "traicioné" la noble búsqueda de Estela de Carlotto a pocos días de fotografiarme con ella.

»Ayer vi un cartel de la campaña política del Gobierno: "En la vida hay que elegir". Por debajo del afiche creí ver chorrear el pegamento del autoritarismo.

Elijo la duda. No es pragmática y trata de eludir la soberbia de los necios».




Raro que un tipo ta progresista, dizque de "centroizquierda", publique una carta abierta a las ABUELAS en un diario manchado de sangre.

Raro que un tipo tan admirador de la altísima dignidad de las ABUELAS no quiera colaborar en encontrar los 400 nietos que faltan.




domingo, 2 de junio de 2013

GELMAN: «Bucean los poetas para encontrar lo que no tiene nombre todavía...»








Desde su casa en México, el autor de Poemas de Sidney West, cuenta cómo fue escribir su reciente libro «Hoy», luego de conocerse la sentencia contra los asesinos y torturadores del centro clandestino de detención Automotores Orletti.

Juan Gelman dijo, hace muy poco, que “en poesía el tema es lo de menos; mientras sea poesía, puede hablar de cualquier cosa”.

Tomando esa frase como disparador, sumando a ella la reciente aparición de su libro «Hoy», escrito luego de conocerse las condenas a los asesinos y torturadores del centro clandestino de detención conocido como Automotores Orletti, nos contactamos con el Premio Cervantes en su casa de México y cruzamos mails –cruzar mails con Juan Gelman es divertirse con los contratiempos informáticos, casi una manera de sentirlo charlar del otro lado de la mesa– para realizar esta entrevista...




–A lo largo de su producción poética, ¿qué cosas quedaron afuera todavía, como materias pendientes de resolver a la hora de sentarse a escribir?

–Uno no se sienta a escribir para resolver materias pendientes. La única materia pendiente cada vez es el poema, la expresión de lo que la imaginación encuentra en la vivencia.

–En contrapartida, entonces, ¿qué temas le fueron más afines?

–En mi opinión, y vuelvo a lo que dispara esta entrevista, el único tema de la poesía es la poesía y por eso puede hablar de todo.

–Y en cuestión de palabras, ¿cuáles son esas, principales, profundas, que aparecen como caballitos de batalla o como decidoras de algo que quiere escabullirse?

–Depende del tono de lo que se está escribiendo. La música de los versos de amor no es igual a la de los versos del desamparo.

–Su último libro –ateniéndose, antes o después de su lectura, al texto de contratapa (“Los textos de Hoy fueron escritos después de las sentencias condenatorias a los asesinos y torturadores de Automotores Orletti”)–, ¿puede leerse como una consecuencia? Señaló que en el juicio de Automotores Orletti dictaron perpetua a uno de los culpables del asesinato de Marcelo y que, mientras algunos jóvenes que no habían vivido la dictadura saltaban de alegría, usted no sentía nada, ni odio, ni alegría. Y continuó diciendo que al preguntarse el porqué de esa reacción, decidió escribir “para explicarme qué había pasado”. ¿No lo atemorizó ese “no sentir nada”, cómo se repuso de esa sensación o, mejor dicho, de esa ausencia de sensación?

–No, no me atemorizó, más bien me abrió la pregunta de por qué era así. Habían pasado 35 años del asesinato de mi hijo Marcelo y de mi nuera María Claudia y del robo de mi nieta en los que sentí muy hondo el dicho mexicano: “Justicia tardada, justicia negada”. Néstor Kirchner puso fin a esa situación de impunidad y también pasaron años antes de que se condenara a algunos de los victimarios. El tiempo no desgasta la voluntad de justicia, pero ya era cosa cantada. Para explicarme por qué no sentía nada empecé a escribir los primero textos de Hoy.

–¿Cuándo decidió quitar los primeros textos, los que pensó –como dijo– que eran periodísticos? Y, dicho esto, ¿cuándo y cómo apareció el tono poético?

–Los primeros textos eran, en efecto, periodísticos, crónicas, testimonios, pequeños relatos que no me decían mucho. En medio de ellos surgió el primer texto poético y por ahí se fue el resto.

–¿Qué sintió al descubrir que “ese” y no otro era el tono indicado?

–Que la necesidad de expresión me llevaba por ese camino y no por otro.

–Señala en el texto XXVI que “la relación entre las cosas y la palabra que las nombra no rinde...”, ¿cómo seguir, entonces, escribiendo, desde qué otra relación?

–Podríamos decir, como se usa tanto ahora, que es una cita fuera de contexto, que no indica para nada que no se pueda escribir. Pero la relación de la palabra con la cosa material o inmaterial que nombra es un gran espacio de lo invisible mudo donde bucean los poetas para encontrar lo que no tiene nombre todavía.

–En el mismo sentido, dos textos después (XXVIII), dice “necesitan que secuestro / tortura / asesinato / sean palabras sin materia, distraídas...”. Esa distracción, ¿se puede corregir sólo desde la poesía o, mejor aún, es corregible, qué materia debe aplicarse para lograrlo?

–Creo que los padres y la enseñanza pública deberían oxidar las palabras que disfrazan los hechos. Vivimos en una época en que el recorte de las conquistas obreras se denomina “flexibilización laboral”. Orwell estaría encantado.

–“El único mensaje que se puede dar a quien ame a la poesía es que lea a los grandes poetas de su lengua: definitivamente, esa es la mejor universidad”, dijo. ¿Con qué grandes poetas argentinos –que usen además, si considera que lo hay, un idioma argentino– armaría esa universidad? ¿Sería definitiva?

–La escritura de Raúl González Tuñón, Juanele Ortiz, Paco Urondo, Mario Trejo, Oliverio Girondo, Coco Madariaga, Enrique Molina, Olga Orozco, Edgar Bailey, Joaquín Gianuzzi, Roque Dalton, Antonio Cisneros, Alejandra Pizarnik, para mencionar sólo a los que se fueron, y la de tantos otros son una universidad inapreciable, maestros de quienes se aprende mucho para encontrar la propia voz. Pero no me refería solamente a la poesía argentina (¿o es que en realidad sólo hay una poesía en lengua castellana?), sino a la de toda América latina y España, de Pablo Neruda a Antonio Machado, de César Vallejo a José Angel Valente, de Jorge Boccanera a Federico García Lorca.

–Si me permite el atrevimiento de robarle una pregunta del texto XCV, pregunto: ¿Con qué bondad se mata a la injusticia?

–Permito, nomás. Ahora bien, ¿por qué no inventamos algo?

–Muchos lo imaginamos, quizá por una visión del siglo XIX, escribiendo sentado a una mesa en su casa, cuaderno y lapicera. Pero, en realidad, ¿dónde escribe, cómo, rodeado de qué elementos?

–No soy tan viejo, che. Escribo de noche, en una pieza del departamento que convertí en mi estudio. Allí hay una biblioteca y libros dispersos por todas partes, algunos cuadros, dibujos que me regalaron mis nietos, ceniceros (a granel). Fumo mucho cuando escribo y uso una computadora. Pero lo que más necesito es la noche, su silencio, la abolición del mundo.

–Dice en el poema CXXXVI, “se muere en arrabales de sí mismo, altos fuegos preguntan qué es un padre y se apagan cuando empiezan a oír”, y un poco después, en CXLIII, “en el miedo a la muerte la muerte no vale la pena”. ¿Es posible el exorcismo ante la muerte, es condenable, poetizable –perdón por el término–, esperable o definitivamente un término que atestigua en toda su brutalidad aquella relación a la que hacía mención entre palabra y cosa?

–Bueno, me parece que vivir con miedo a la muerte es morirse antes de tiempo. La muerte es el “Mal” último y no hay exorcismo que la pare. Por lo demás, Borges decía que si se supiera qué pasa después desaparecería el 99 por ciento del arte en el mundo. ¿Quiso decir que el arte y la palabra existen contra la muerte? Tal vez.

–Hay poemas dedicados a su hijo Marcelo, sobre todo, pero también a Miguel Briante, a Antonio Cisneros, a Chavela Vargas, a Mario Trejo, entre otros. ¿Son pedazos que le faltan y de allí la consecuencia de nombrarlos para volverlos a reunir o es un grito hacia lo irremediable?

–Bien decís que son pedazos faltantes de uno mismo que sólo pueden llenar los recuerdos, malos o buenos. Les dedico poemas cuando alguno de ellos me visita ese día por alguna razón particular.

–¿Puede imaginar a alguno de los condenados en el juicio de Automotores Orletti leyendo su libro?

–Ayudame, dale, ¿cómo suponés que lo harían?

–¿Hubo dolor, bronca, desasosiego en la escritura del libro?

–Proust opinaba que el que escribe es un desconocido que vive en el fondo de cada uno y que, llegado el momento, sale y escribe. No sé cómo la pasó “ése” cuando escribía los poemas de Hoy, mientras yo era feliz, porque el acto de escribir es una gran felicidad. Hay poetas que viven para escribir y otros escriben para vivir, como decía Marina Tsvetáieva. Creo que pertenezco a la última tribu.





Anticipo: 5 poemas de «Hoy»


XXVI
Hay furores en la clandestinidad de la experiencia, iras que embisten los arrimos de la melancolía. La naturaleza humilla la soberbia señoril, levanta mal su suerte en bancos de salvaje. El presagio común de la miseria vuelve a su posición. Alguien pregunta por las infraestructuras del horror como si los cisnes de Sor Juana no pudieran abrir ese misterio. Es el tiempo de las deserciones interiores. La relación entre las cosas y la palabra que las nombra no rinde y nubes de oro llueven muerte.

XXVIII
Las compasión tiene lotes estériles, necesitan que secuestro / tortura / asesinato / sean palabras sin materia, distraídas / retrocedentes / no pegadas a dictadura militar / a cuerpos vivos tirados al océano. Los inquilinos del no oír / antes / después / mercadean ansias oblicuas, desiertos negros, fugas. ¿Y qué hacer con las palabras otras / salvajerías del capitalismo / niños que mueren antes de su niño? / ¿Sabés tu saber, niño? Preguntaba Benn. Soportar las estaciones crudas / alumbran cuando pueden / dan animales vestidos de civil como si fuera tanto.

XCV
En la mano que disparó al enemigo hay restos de maldad. ¿Con qué bondad se mata a la injusticia? El pájaro que come flores mancha actos del tiempo / el mar no acepta amor que mal termina. El espíritu económico es carne de esclavitud violenta. Viola el paisaje que le fue rey de niño. Morirá sin honor cuando Beowulf vuelva a blandir su espada contra los fuegos venenosos / las primaveras malparidas / nadie en la sala de los nombres.

CXXXVI
Un cortejo de mendigos pasa pidiendo aprobación. La costumbre de etiquetar ensucia imágenes. La pobreza se instala en la estructura del delirio y ministros de las cosas vacunan a los locos. La máquina política aplasta provincias del espíritu. Se muere en arrabales de sí mismo, altos fuegos preguntan qué es un padre y se apagan cuando empiezan a oír.

CXLIII
En el miedo a la muerte la muerte no vale la pena. Los afligidos no interesan, ni los tullidos por amor, ni el portentoso ingenio de un verano. Importa la luz recibida en forma de entrañas para verse. La sensación del cuerpo que termina no vive en rincón cerrado, crea su doble en estaciones impalpables y las alícuotas de pena sin notario. Una calandria ordena el fracaso de un fósforo apagado.








miércoles, 2 de enero de 2013

CLARÍN. UN INVENTO ARGENTINO









Dirigida por Ari Lijalad y producida por David Blaustein, la serie documental «Clarín. Un invento argentino» consta de 8 capítulos temáticos. La miniserie ganó un concurso de TV digital organizado por el INCAA, el ministerio de planificación y la Universidad de San Martín.

Bajo la investigación y guión del productor y director del proyecto, la serie desarrolla la historia de Roberto Noble, continúa con los pormenores y objetivos de la fundación de Clarín en 1945 y recorre la historia de este actor central de la política argentina durante 60 años.

Así, se da cuenta de una sólida investigación periodística basada en archivos fílmicos y fotográficos inéditos hasta el momento, la historia de cómo se cimentó el crecimiento de Clarín. Y llega a la actualidad, con el diario ya convertido en el grupo multimediático más importante del país y uno de los mayores de Latinoamérica. Con el fin de lograr la rigurosidad del relato, se convocó a un amplio espectro de testimonios, poniendo especial énfasis en que las voces fuesen plurales y diversas.

Para sostener esa pluralidad de voces y miradas fue necesario contar con el rigor académico de historiadores especializados en los procesos históricos previos a la fundación del diario. Se convocó a sociólogos y expertos en comunicación, para una comprensión cabal de Clarín como proyecto comunicacional. También a políticos que desempeñaron altas tareas jerárquicas en el diario, como Oscar Camilión, Octavio Frigerio, y a algunas de las figuras más destacadas del periodismo argentino que pasaron por su redacción.

Se dio voz a periodistas y delegados despedidos, que aportaron elementos hasta hoy desconocidos. También incorporaron datos relevantes periodistas que investigaron esta historia, así como se sumaron diversos testimoniantes que ayudaron a reconstruir la vida y obra de los actuales conductores del diario, Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto. Uno de los testimonios más conmovedores es el que aportó Guadalupe Noble, única hija de Roberto Noble. Estos y otros, conforman un relato coral que permite decodificar la historia de Clarín. Una historia jamás contada en televisión hasta el día de hoy.

La TV Pública comparte todos los capítulos emitidos de la serie documental dirigida por Ari Lijalad y producida por David Blaustein que narra la historia de Clarín. Un diario que, desde hace seis décadas, es un actor central en la vida política argentina. La serie documental recorre los pormenores de la biografía política y personal de Roberto Noble, el fundador del diario en 1945, y las relaciones que mantuvo con gobiernos civiles y militares. En base a una sólida investigación periodística que articula los relatos de periodistas, sociólogos e historiadores y a partir de imágenes de archivos fílmicos y fotográficos inéditos, la serie documental devela la historia de cómo se produjo el crecimiento de Clarín hasta convertirse en el grupo de multimedios más importante de la Argentina y uno de los más influyentes de Latinoamérica. Una historia del periodismo argentino que forma parte de la política, la identidad y la cultura nacional.




















sábado, 15 de septiembre de 2012

INFANCIA CLANDESTINA






En la película, los hechos transcurren bajo el refrescante e inocente punto de vista de Juan, interpretado por Téo Gutiérrez Moreno. Allí, de manera casi autobiográfica, se relata el pasado de Benjamín Ávila, el director, quien es hijo de una militante montonera desaparecida.

La película Infancia clandestina se estrenará el jueves 20 de septiembre. En ella se narra la historia de una familia compuesta por la madre (Natalia Oreiro) y el padre (César Troncoso) montoneros, y su dos hijos pequeños. En 1979, luego de un largo exilio en Cuba y con la ayuda del tío Beto (Ernesto Alterio) regresan a la Argentina adoptando una falsa identidad para participar de la primera contraofensiva montonera contra la dictadura militar...










miércoles, 15 de agosto de 2012

TEATRO x LA IDENTIDAD 2012




Vuelve Teatro x la identidad.

ENTRADAS GRATIS

Las entradas se entregarán los mismos días de función, desde las 10 horas, en la boletería del TEATRO hasta agotar la capacidad de la sala.

MIRÁ LA PROGRAMACIÓN





sábado, 23 de julio de 2011

“Teatro Abierto salió de las catacumbas”





Una es francesa de París. La otra, estadounidense de Boston. Apenas pasan los 20 años. Ambas vinieron a verme, por separado, en días de la semana pasada. ¿El motivo? Recabar información sobre Teatro Abierto. Ambas investigan un hecho ocurrido en Buenos Aires hace 30 años. Ambas lo eligieron como parte de sus estudios universitarios.

Es un síntoma de lo que significó Teatro Abierto y de la curiosidad que aun hoy despierta como fenómeno de resistencia cultural a una dictadura.

Personalmente, esta repercusión no me llama la atención. En los últimos años he recibido periódicamente a periodistas e investigadores, generalmente jóvenes, argentinos y extranjeros que estudian Teatro Abierto, las circunstancias políticas que le dieron origen y su significado.

Confieso que me conmueve este interés, especialmente cuando nace de jóvenes que no habían nacido en 1981 y, más aun, que nacerían en tierras extrañas.

Todos quieren saber cómo se gestó Teatro Abierto en plena dictadura. Suelo contarles que nació por una iniciativa de varios autores, hartos de prohibiciones y ninguneos. Salimos a decir: el autor argentino existe. Naturalmente, no sabíamos que estábamos encendiendo una antorcha. Fueron convocados 21 autores y todos dijeron que sí. Luego llegaron los directores y los actores. Finalmente, el público que, desde los ensayos generales desbordó la sala, el Teatro del Picadero, con una capacidad de 300 butacas.

Rápidamente entendimos que lo que habíamos lanzado no era solamente un hecho teatral. Estábamos frente a un fenómeno político. La reacción de los primeros espectadores no era la habitual. Cada función terminaba con una respuesta que nos sorprendía. Recibíamos verdaderas ovaciones que superaban el estímulo meramente teatral. Estaban saludando la protesta.

La dictadura hizo la misma lectura. Cumplida la primera semana, un atentado destruyó parcialmente la sala.

Y ahí nació el verdadero Teatro Abierto, el que hoy –30 años después– despierta la curiosidad de investigadores propios y ajenos.

El atentado no nos atemorizó. Todo lo contrario: nos dio más fuerza. Tampoco se atemorizaron los espectadores que, de colmar una sala de 300 localidades, desbordaron una de 600, el teatro Tabarís, en plena calle Corrientes. La fila que se formaba desde horas del mediodía, que nacía en la puerta de la sala y doblaba por la calle Suipacha, le dio una visibilidad insospechada. Teatro Abierto salió de las catacumbas.

Y no sólo eso. Teatro Abierto invadió la comunidad cultural. Se creó Danza Abierta, Poesía Abierta. La solidaridad de los artistas, especialmente, de los pintores, fue notable. Recibimos más de 100 obras para poder recuperar las pérdidas económicas que había producido el atentado.
Treinta años después Teatro Abierto está presente. No sólo en la memoria y en el corazón de quienes fuimos sus protagonistas, cosa natural. Sino en la memoria colectiva, en las nuevas generaciones que no lo vivieron pero lo perciben como un ejemplo de resistencia cultural.

Teatro Abierto no fue un brote espontáneo. Fue una continuidad de las luchas del teatro independiente que, desde 1930, inició su pelea contra el oscurantismo fascista. Y Teatro Abierto se prolonga hoy en fenómenos como Teatro por la Identidad y en los centenares de espacios donde miles de jóvenes, en los afortunados tiempos de la democracia, también ejercen su derecho a expresarse en libertad.


Roberto “Tito” Cossa
Dramaturgo
Presidente de Argentores

lunes, 16 de mayo de 2011

EL PUNTERO DEL 13





Julio Chávez es ahora El Gitano, el personaje protagónico de El puntero, el unitario que canal 13 estrenó a las 22 horas del domingo. Ya no es el neurótico de clase media que interpretó en Tratame bien, sino un puntero político de un barrio indeterminado, pero que indefectiblemente es del Gran Buenos Aires.

En una entrevista con Perfil, el actor habla de la nueva propuesta del
Grupo Clarín, que a pesar de su buena voluntad (y cierta ingenuidad) es una bolsa de malas noticias acerca de las condiciones en que se desarrolla la política en ciertos sectores de nuestra sociedad.

¿Qué busca el grupo de Héctor Magnetto y Ernestina Herrera poniendo este unitario de claro tinte antipolítico en el año electoral? Viniendo del Grupo Clarín que hace 10 años entorpece la búsqueda de verdad sobre la identidad de Felipe y Marcela, que se apoderó de Papel Prensa en complicidad con la dictadura, y que no acata la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual... suponemos que nada bueno.



—Cuando me citó Adrián para hablarme de El puntero, lo que más me interesaba no era el puntero en sí. Para eso están los libros, lo que dicen del clientelismo y de los punteros. No me interesa mi espacio de pensamiento para eso. Me parecía un hombre con sus contradicciones, un tipo que tiene buenas intenciones pero malas ejecuciones. Este hecho de tener una idea positiva y una ejecución dudosa lo emparenta con cualquier ser humano. Es un ser complejo y muy básico. Muy sanguíneo, muy temperamental. No es un gran ideólogo, es un hombre de acción. Es un tipo que cree en las mejoras de la gente con la que se comprometió. Recibe coimas porque, si no, no puede hacer su trabajo. Es de los que dicen: “Si no entrás en la trenza, no podés ejecutar”. Eso, claro, habría que verlo. La coima la recibe, y no es que la dona a una institución benéfica.

El canalla suele justificar sus acciones en “no tuve otra opción”, ¿no?

—Sí, pero en ese sentido yo me siento muy canalla también. Todos nos levantamos todos los días y hacemos cosas que si las pensamos no están bien, y creemos que es la única opción. Y nos acostamos con miles de facturas.

—¿Es un personaje violento?

—No particularmente. Lidia con un mundo un poco animal. Se piensa o se pega. Cuando ya no se puede pensar, se pega. Es un mundo muy duro. El Gitano tiene cocainómanos alrededor, él mismo es un ex cocainómano. Y después es un hombre muy afectuoso. Es una de esas personas que creyeron en ciertos ideales, entraron al sistema y cayeron en un engaño. Creen que el que les da una caja de pan es bueno. Y eso le pasa a este puntero y a mucha gente, porque hay personas que pueden elegir a determinado gobernante para cuidar su propia quinta. ¿Cuál es la diferencia con la caja de pan?

¿Alguna vez te comprometiste políticamente?
—No, yo tengo un compromiso con el arte. Comprometerme con la política es una deuda personal.

¿No te interesó nunca al grado de comprometerte o no te interesó nunca al grado de no informarte?

—No milité. Una cosa es la práctica política y otra el pensamiento político. Al militar uno se aleja del pensamiento, y yo me siento emparentado con los espacios puros de pensamiento. No entiendo sobre qué está sostenido el poder. Cuando grabamos El puntero estamos en contacto con barrios muy carenciados, y eso me pone en jaque de una manera muy personal y muy particular. Ver esos barrios carenciados, a mí, me genera muchas preguntas, me inquieta. ¿Qué es esto? ¿Qué se hace con esto?

“El puntero” se estrena en un año electoral. ¿Tuviste eso en cuenta cuando te hicieron la propuesta?

—Estoy absolutamente involucrado en un programa de ficción con cero tendencia. Lo del año electoral es cierto, quizás alguien diga “qué piolas”, pero sería como que yo le dijera “qué piola” al tipo que cuando llueve sale a vender paraguas.

No te lo preguntaba en el sentido del oportunismo comercial, sino en el de la estrategia política, tomando en cuenta que se va a emitir por El Trece, que pertenece al Grupo Clarín, que está enfrentado con el Gobierno…

—Desde mi punto de vista, es una ficción casi naif. Soy sumamente ignorante y quizás no me doy cuenta de algo. Yo no estoy involucrado ni interesado en esa lucha. Ni informado. Tengo otros intereses. Me gusta la gente que piensa, que se dedica a pensar y a ser consecuente con lo que piensa, tenga un aliado o ninguno. A mí no me pasa que tenga que elegir entre el Grupo Clarín y el Gobierno. Sería de una enorme pobreza que el programa se hiciera o se interpretase como parte de esa pelea. Te digo más: a este puntero no le da el pinet para ser un corrupto groso. No es un tipo que se terminó de integrar al sistema; es alguien que se quedó a medio camino y lo atropelló un coche. Yo conozco enormes personas que mantienen esa pasión política. Mi propio padre, hasta el último día de su vida, seguía puteando porque Frondizi lo había traicionado. Cada vez que surgía la palabra Frondizi, veías en su cara que había sido un gran amor que terminó en desilusión. En la pasión política se establece identificación hasta en el fracaso, lo cual me parece conmovedor. Es sentirse parte de algo.

¿Vos de qué sos parte?

—Del arte y la actuación. Cuando me reúno con mis contemporáneos o con otros que ya han muerto… El otro día agarré un libro de Pessoa, lo leí y me di cuenta de que ese era mi partido. Es lo que me hace pensar qué es ser un humano. A veces miro de reojo a los pensadores de la política…

¿Cómo es para tus ritmos de trabajo darte cuenta de que un proyecto que iba a ir una vez por semana, por decisiones estratégicas del canal va a ir dos veces por semana?

—No me altera en lo más mínimo porque nosotros tenemos un ritmo de trabajo de diez horas diarias de lunes a viernes. Eso no se va a modificar. Si llega a pasar que se atenta contra mi gusto por el trabajo diré: “Muchachos, hay que parar un poco”. Pero no creo que pase. La programación es una selva que no conozco. No altera mi forma de trabajo, y si lo alterase estaría muy atento a que no me perjudicara. Si yo siento que me perjudica en el servicio que ofrezco… Yo establezco un acuerdo de prestar un servicio, y si alguna cosa se modifica yo puedo exigir que me den una mano para poder prestar mi servicio con la calidad que creo que debo prestarlo.

¿La televisión afectó tu modo de trabajo? Te lo pregunto porque los actores suelen quejarse de los tiempos televisivos…

—Estoy lejos de pensar eso. Puedo entender que hay personas que tuvieron experiencias de mierda en televisión, pero también conozco personas que tuvieron experiencias de mierda en el cine y en el teatro. No digo que la televisión sea buena. No es ni buena ni mala. Voy a hablar de los actores: es muy fácil echarle la culpa a la televisión. De repente te dicen: “Vos viste cómo es la tele”. Agarraría a la raza de los actores y les diría que a veces no es tan así, porque a veces no vienen con la letra estudiada, no marcan el libreto, estudian en el set, no traen una puta idea, un puto regalito al set. Es como el puntero, que termina diciendo: “Qué querés que haga, si otra cosa no se puede hacer”...

lunes, 16 de agosto de 2010

El agente naranja



Les gusta identificarse como “la ola naranja”, por la sensación de avance que produce esa frase más que por el color de sus banderas.

Las mismas que llevaron a la marcha contra el matrimonio igualitario y que levantarán cuando el Congreso discuta el derecho al aborto.

Son militantes ultracatólicos y reaccionarios (no admiten la posibilidad de cambios) que tienen como referente a la agrupación “Para hacerse oír. Hablemos claro”, cuyo objetivo declarado es “facilitar el enlace de todas las instituciones y de todos los argentinos que la Providencia Divina ha colocado en una posición de destaque (...para) difundir todos aquellos principios y valores que sustentan a la sagrada institución de la familia y que fortalecen las raíces cristianas de nuestra nación”.

Ahora la agrupación tiene en la mira a Florencia Peña, quien desde sus columnas en el diario Tiempo Argentino se manifestó a favor de esas leyes. A través de su página web, el grupo convoca a enviar e-mails a la pañalera Huggies, de Kimberly-Clark, para que saque a la actriz de sus publicidades. Martín Viano y su esposa, Araceli Ramilo Álvarez son los responsables del sitio y las únicas caras visibles de la agrupación, que no declara cantidad de socios ni adherentes. Son los agentes naranja de una cruzada que recuerda los peores tiempos de la Argentina.

Viano se formó en el grupo Heraldos de la ultraderechista Tradición, Familia y Propiedad (TFP), al que ingresó a los 14 años y abandonó para casarse. En los foros de ex integrantes –donde hablan con pesar de las prácticas ocultas y secretas, como la adoración a Plinio Correa de Oliveira, fundador de TFP, privación de libertad y castigos corporales– se lo recuerda como un joven de “grandes valores morales”. Esa pertenencia le permitió conocer a Antonio Caponnetto, filósofo y director de la revista nacionalista y católica Cabildo, con quien comparte la sala de profesores en el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval.

También está allí Guillermo Rojas, autor de 30.000 desaparecidos, realidad, mito y dogma (con prólogo de Caponnetto) y de Años de terror y pólvora: el proyecto cubano en Argentina.

El Círculo San Bernardo de Claraval cuenta con un blog para promocionar sus actividades pero no brinda datos físicos. Sin embargo, el material de sus Encuentros de Formación Católica está disponible en la página de la librería y editorial Santiago Apóstol, de los hermanos Jorge y Marcelo Gristelli, jefes de la Agrupación Custodia que participó en el ataque a la muestra de León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta. En el noveno de esos encuentros, Viano compartió mesa y conferencia sobre “Verdad, mentira y apariencia en los medios masivos de comunicación” con Gerardo Palacios Hardy, cuyo estudio representa a 400 acusados de violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar.

El titular de “Para hacerse oír...” reclama la anulación de la ley de matrimonio igualitario y ya comenzó la campaña contra una posible ley de aborto legal y gratuito. Además, militó para censurar la película La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese, y el sketch sobre Peperino Pómoro del ciclo Cha Cha Cha, que se emitía por el canal América. Años antes, en 1989, creó la Fundación Argentina para el Mañana (con el mismo objetivo, palabras más o menos, que “Para hacerse oír...”) que sigue funcionando bajo la dirección de Juan Carlos Voiseau y Jardón y Teresa González del Solar de Dufourq. Dufourq es, justamente, el apellido del titular de la línea telefónica de un departamento palermitano, propiedad de Viano, que conecta a un fax.

Ese es el perfil de quien promueve el envío de e-mails a Huggies para que aleje a Florencia Peña de su publicidad. La compañía Kimberly-Clark respondió mediante un comunicado en el que aclara: “Frente a las recientes declaraciones de la Sra. Florencia Peña en relación con el aborto, Kimberly-Clark Argentina declara que la actriz emitió estas declaraciones como opiniones personales y no en representación de la compañía ni de ninguna de sus marcas”. La aclaración peca de innecesaria: la actriz nunca mencionó a la empresa en sus opiniones.

La nota completa,
en la edición impresa de Veintitrés


lunes, 2 de agosto de 2010

Graciela ALFANO y MASSERA



Cuando el periodista Jorge Hirschbrand, del diario online mendocino MDZ, se sentó con un café a revisar los materiales que alguna vez había bajado y se acumulaban en su computadora, no sabía que generaría un escándalo en los medios de la farándula argentina.

Porque ¿quién se iba a imaginar que un viejo expediente del espionaje chileno donde se habla de la relación de la diva Graciela Alfano con uno de los máximos responsables del genocidio que vivió la Argentina entre 1976 y 1983, Emilio Eduardo Massera, no hubiese generado semejante repercusión en el año 2000, cuando fue desclasificado?

“Sobre más antecedentes de Graciela Alfano, actual amante de Massera, puedo informar que ésta es actriz y modelo. Está con Massera aproximadamente desde hace 6 meses. Últimamente se ha sabido de costosos regalos que fueron hechos (departamento, pieles, joyas, etc.). (...) Anteriormente Massera tenía como amante a una modelo publicitaria, que hacía la propaganda de los cigarrillos Jockey Club. Más antecedentes sobre la Alfano enviaré oportunamente”, dice un tramo del documento.

El informe, enviado a la Dirección de Inteligencia Nacional chilena (DINA), la encargada de la represión durante la dictadura de Augusto Pinochet, seguía los pasos de Massera durante su visita a Londres y París entre el 3 y el 5 de julio de 1978, y daba los últimos detalles de la situación de la Argentina bajo la dictadura militar, entre otros detalles.

Las 8 páginas escritas a máquina fueron firmadas como Luis Felipe Alemparte Díaz, el seudónimo del militar chileno Enrique Arancibia Clavel, condenado luego en la Argentina por delitos de lesa humanidad.

“Este documento pone en evidencia el doble juego de los agentes chilenos acá en Buenos Aires, quienes espiaban a sus propios compañeros de ruta de la represión”, explica la periodista Stella Calloni, una experta en el tema.

El documento se centra en un período del conflicto limítrofe por el fallo sobre el Canal de Beagle, que casi desemboca en una guerra promovida por las dictaduras de Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet. Así, fueron detenidos varios espías chilenos en Buenos Aires junto con los informes que los delataban como dobles agentes.

“En ese momento los militares argentinos no hicieron mucho jaleo porque no podían romper las relaciones con sus socios de esta ‘internacional del terrorismo de Estado’, incluso Arancibia luego siguió trabajando en el Cóndor junto con los argentinos, pero estos informes son clarísimos y fueron fundamentales para parte de la historia de la represión en América Latina”, explica Stella Calloni.

En este informe de Arancibia Clavel se deslizan algunos errores (habla del apoyo de Massera a la postulación del padre adoptivo de Alfano a la presidencia de River, cuando en realidad fue Racing).

Sin embargo, Calloni resalta que es importante poner atención “cada vez que sale algo relacionado con estos tipos. Lo de Alfano, como cualquier otro tema de estas fuentes, es muy serio, y hay que seguirlo, porque los servicios de inteligencia buscaban fundamentalmente pasar información sobre las debilidades políticas, sentimentales de cada uno de sus objetivos espiados”.




miércoles, 23 de junio de 2010

CÓMPLICES DEL SILENCIO


Sorpresa en los almuerzos de Mirta Legrand: a propósito del estreno de Cómplices del silencio, la Señora invitó a Florencia Raggi (protagonista) a uno de sus almuerzos.

A raíz de la trama del film, Legrand contó que tuvo familiares desaparecidos y que en aquel entonces hizo una gestión con el ministro del Interior de la dictadura para salvarlos.

Florencia Raggi
tomó la palabra para referirse no sólo a las caras visibles de la dictadura militar sino también a quienes se beneficiaron de esa política y fueron cómplices de su accionar, haciendo hincapié en el nombre de la película.

Luego, desde 678, Juan Leyrado acusó a La Señora de defender el régimen de facto y le reprochó tantos años de silencio.

Así como venimos festejando los partidos de la Selección Argentina alimentando esperanzas mundialistas, hace 32 años, en tiempos del Mundial 1978, había argentinos gritando goles mientras otros esperaban que esos partidos nunca terminasen para que las nuevas rondas de tortura no volvieran a empezar en los campos de concentración. Esta es unas de las reflexiones que propone Cómplices del silencio, estrenada esta semana y dirigida por el italiano Stefano Incerti, producto del primer convenio entre el Incaa y su equivalente en Italia, la Direzione Generale per il Cinema.

Maurizio Gallo (uno de los hermanos de La mejor juventud , Alessio Boni) es un periodista italiano que viene a la Argentina a cubrir el Mundial, y aprovecha para reencontrarse con sus parientes emigrados años atrás. Una vez en el país conoce a Ana Ramírez (una excelente Florencia Raggi), de quien se enamora instantáneamente sin saber que es miembro activo de la resistencia a la dictadura militar.

A través de esta relación, el periodista italiano descubre que el Mundial es tan sólo una pantalla para que la mayoría de la gente ignore o se distraiga mientras la muerte y la tortura empiezan a poblarlo todo. Uno de los integrantes de su familia, Pablo Pere (Juan Leyrado), funcionario del gobierno militar, descubre la relación. Sospechado de formar parte de la misma célula que su amante y acusado de pertenecer a las Brigadas Rojas, Maurizio no tarda en ser detenido y trasladado a la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), a pocas cuadras del Estadio Monumental de fútbol. Con la conquista del Mundial por parte del equipo argentino y en medio de la euforia popular, Maurizio es liberado.

Como dice Leyrado, si bien hay gente a la cual películas como ésta no la va a movilizar porque cotidianamente y en democracia prefieren seguir siendo cómplices, sigue siendo positivo que el cine se ocupe de temáticas como los derechos humanos. Suceden cosas como, por ejemplo, La Señora confesando algo que nunca se le ocurrió contar en la millonada de almuerzos que lleva en su haber y, como consecuencia, los familiares de las víctimas de la última dictadura militar exigiendo que sea citada a declarar en la Justicia. Claro que las películas contextualizadas en un momento histórico tal invitan al espectador a comprometerse con la realidad, y la variedad de recursos que posee el cine permite a los realizadores llegar a muchos sectores de la sociedad, y de ahí su capacidad de incidir en la política. Cómplices del silencio cumple con las expectativas.


FICHA TÉCNICA

Titulo: Cómplices del silencio
Dirección: Stefano Incerti
Con Alessio Boni, Jorge Marrale, Juan Leyrado, Florencia Raggi y otros.
Fotografía: Pasquale Mari.
Música: Pivio y Aldo de Scalzi.

Duración: 104 minutos


Entrevista a Juan Leyrado:
Un mundial bastante psicótico



Le pregunto si era de la Juventud Peronista, y responde: “Yo fui joven. Quería tener amigos y novia, gracias a la militancia conocí gente entrañable”. Hijo de un padre radical y una madre sobreprotectora, a los 16 años empezó a militar en la Juventud Peronista.

En Cómplices del silencio, el actor tuvo que ponerse en la piel de Pablo Pere, un funcionario de la dictadura. “Traté de darle un perfil contradictorio, que es el que siento que alguna gente tuvo. Este personaje terrible, no por nada, es parte de una familia en donde su sobrino, sin ser militante, era muy sensible a lo que pasaba en el país, ubicándolo así en el ojo de la tormenta.”

–¿Cómo trabajaste el personaje?

–Pude disociarme sin conflicto. Nuestra generación tiene muy grabada en la retina, en los olores, en las pieles lo que sentíamos cuando veíamos a esos personajes por la calle. Así que la construcción fue ésa, la de extraer esos recuerdos que todavía tengo encima.

–¿Creés que el hacer películas con perspectiva de derechos humanos ayuda para tomar conciencia?

–Ojalá. De todas maneras me parece que si hoy en día hay gente que no es capaz de ver y de sensibilizarse con estas temáticas, no lo va a hacer nunca, hagamos películas al respecto o no. Hay muchos argentinos que todavía prefieren no ver lo que pasó. Sigue habiendo gente que por ejemplo elige no asumir lo que pasó y ahí se escuchan cosas como "No fueron 30 mil", "No hubo chicos apropiados", etc. Hay editoriales de algunos periodistas que escribieron en esa época que ayudaron a construir ese discurso desde la ceguera, y hoy los seguimos leyendos en los grandes diarios. Los vemos en la televisión.

–¿Qué recuerdos tenés del Mundial ’78?

–Cuando la militancia se empezó a formalizar y había grados, superiores, capitanes, nos parecíamos mucho a un ejército, y yo nunca fui muy bélico que digamos. Me fui de la militancia antes del golpe, pero fui perseguido, pasé por calabozo. El Mundial ’78 fue una cosa bastante psicótica. Éramos concientes de lo que pasaba en el país pero a la vez queríamos que Argentina ganase, entonces había que hacer un trabajo muy fuerte con uno mismo para no sentirse un traidor o no ponerse una venda en los ojos. Fue un tránsito bastante psicótico. No corría el aire puro.

–¿Y hoy? ¿Pleno Mundial 2010?

–Hoy sí corre aire y se abren puertas. La otra vez miraba a Diego abrazando a Estela y me emocionaba. Pensemos que nosotros todavía tenemos muy presente la imagen de Videla levantando nuestra copa. Hoy es diferente, por ejemplo, la ley de medios es una puerta que se abre, y no hay que alarmarse por esos que desean cerrar puertas.

–¿Desde los medios de comunicación?

–Por supuesto. Esto de querer mantener en la oscuridad a la Argentina, esto de querer meter miedo con cada nueva ley que sale, con cada nueva propuesta, legítima, pero es lo único que está quedando en esta época, y además, ¿sabés qué? Es lo último. No hay tiempo lógico natural que los pueda mantener, se están cayendo solos.



lunes, 22 de septiembre de 2008

ACTORES DESAPARECIDOS






ACTORES DESAPARECIDOS

1 - Diego Botto
2 - Juan Rubén Bravo
3 - Mirta Britos de Ruarte
4 - Polo Cortés
5 - Fabio Goldryng
6 - Hugo Federico González
7 - Raúl Iglesias
8 - Gregorio Nachman
9 - Margarita Azize Weiss
10- Oscar Pérez Ruarte
11- Armando Prieto
12- Jorge Ernesto Romero
13- Pablo Luis Rouger
14- Alfredo Mesa
15- Silvia Shelby
16- Felipa Raquel Herrera
17- Alicia Palanco
18- Osvaldo Zuin
19- Luis Conti
20- Carlos Alberto Gaud
21- Carlos Waitz
22 - Guillermo Ernst
23 - Hugo González
24 - Jorge Diez
25 - José Miguel Ferrero
26 - Juan José Chabrol
27 - Julio Campopiano
28 - Mirta Britos







El hombre de teatro debió luchar sostenidamente, desde la arena del circo criollo de los hermanos Podestá hasta las salas independientes, contra las estructuras políticas y económicas que menospreciaban el oficio o lo consideraban riesgoso.

Los vaivenes de esta pelea, siempre despareja, se incrementaron en la década del ‘70, porque los actores, conscientes del rol y del compromiso social que adquiría el oficio, fueron víctimas del terrorismo de estado, de las prohibiciones, las listas negras y el exilio. “Que unas personas representen y reflexionen sobre la condición humana, sobre sus grandezas y miserias –que eso es la actuación después de todo-, parece ser un arma demasiado peligrosa, que ninguna dictadura está dispuesta a tolerar”, dice Alfredo Alcón en Podrán cortar todas las flores, video documental realizado por el Instituto Nacional de Arte Dramático (IUNA) y la escuela de periodismo Taller, Escuela, Agencia (TEA). Este documental reconstruye la vida de 21 actores detenidos desaparecidos, a través del testimonio de familiares y amigos.

La cantante y actriz Cecilia Rosetto, ex esposa del actor Hugo Federico González, cuenta que González interpretaba canciones para amortiguar el dolor por los vejámenes sufridos en el campo de detención El Vesubio. “El les cantaba las canciones a sus compañeros para darles ánimo mientras los torturaban. Para ellos, en el momento de la tortura, significaba muchísimo escuchar la voz de él, porque eso los hacía resistir”, señala Rosetto, que se enteró de este mecanismo (aferrarse a la vitalidad del canto para atenuar el impacto de la picana) gracias al testimonio de los sobrevivientes del Vesubio.

POLO CORTES
Además de González, integran el listado de actores desaparecidos por la dictadura militar: Diego Botto, Juan Rubén Bravo, Mirta Britos de Ruarte, Polo Cortés, Fabio Goldryng, Raúl Iglesias, Gregorio Nachman, Margarita Azize Weiss, Oscar Pérez Ruarte, Armando Prieto, Jorge Ernesto Romero, Pablo Luis Rouger, Alfredo Mesa, Silvia Shelby, Felipa Raquel Herrera, Alicia Palanco, Osvaldo Zuin, Luis Conti, Carlos Alberto Gaud, Carlos Waitz, Guillermo Ernst, Hugo González, Jorge Diez, José Miguel Ferrero, Juan José Chabrol, Julio Campopiano, Mirta Britos.

Los relatos de los parientes no sólo permiten conocer quiénes fueron estos artistas sino que sirven también para rememorar el engranaje de un genocidio sistemático y planificado.

Mariú Carrera, esposa de Juan Rubén Bravo, presenció el secuestro de su marido. “En ese momento una de las cosas que más me marcaron fue que a mí se me había bajado la venda, y veía lo que robaban de la casa, y también vi a Nazareno, que estaba parado en la cunita y miraba. Y los ojos de Nazareno eran los ojos de una persona grande. Tenía los ojos de una persona mayor.” Nazareno, ese niño transformado irremediablemente en un adulto, hoy sabe que miles de chicos fueron testigos de la brutalidad criminal de los grupos de tareas.

Eduardo, hijo del actor Gregorio Nachman, inició un doloroso peregrinaje por dependencias policiales y militares para averiguar dónde podía estar su padre. La explicación que recibió refleja la barbarie de los que supuestamente defendían los valores de la civilización occidental y cristiana. “Cuando yo lo fui a buscar me dijeron: ‘pero Gregorio Nachman ¿el actor? Ah... puto, pero además judío y además zurdo...’ Seguramente eran tres razones suficientes para su detención, para su secuestro.”

“Esta gente que pensaba, que actuaba, que dijo ‘esto tiene que cambiar, esto no es justo, esto no está bien’ supongo que molestaba, no servía y los mataron. Perdimos a una generación tremendamente valiosa”, subraya Alejandro Botto, hermano del actor Diego Botto.

El documental Podrán cortar todas las flores, realizado por Cecilia Cárdenas y Julia Arizmendi (con música original de Facundo Di Stéfano), es un homenaje indispensable. Norman Brisky, Víctor Bruno y Agustín Alezzo, entre otros, evocan anécdotas compartidas con sus compañeros desaparecidos. “La imposición de un discurso uniforme y autoritario no es compatible con ese infinito juego de espejos que es la actuación. Por eso quisieron silenciarnos, robarnos nuestra esencia. Por eso cometieron tantos crímenes”, advierte Alcón en el final del documental.








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