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lunes, 26 de octubre de 2020

EVO DOCTOR HONORIS CAUSA x UNA



 
La Universidad Nacional de las Artes, a través del Departamento de Folklore, otorgará el Doctorado Honoris Causa a Evo Morales Ayma, 1° Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. 
 
 El viernes 30 de octubre a las 12:30 se realizó la ceremonia virtual que fue transmitida a través de Facebook -UNAObraColectiva- y por Instagram -UNA.oficial-. 
 
Evo Morales, primer Jefe de Estado de ascendencia Aymara de su país, lideró uno de los procesos políticos, culturales y económicos más innovadores y transformadores de todo el continente, a través de la aplicación de políticas inclusivas, progresistas, pluriculturales y descolonizadoras. El mismo cobra especial relevancia en la actualidad ya que ofrece una alternativa a los modelos neoliberales, colonialistas que hegemonizan la región y gran parte del mundo. 
 
Según datos del Banco Mundial y el Instituto de Estadísticas de Bolivia, el nivel de pobreza en el 2000 era de un 66,4% y se redujo a un 38,5% en 2016; de 2001 a 2012 se pasó de 1.312.428 personas con vivienda propia a 1.954.913. Los avances en materia educativa son notables: de 2001 a 2012 la cantidad de personas que no sabían leer ni escribir se redujo de 1.154.386 a 665.000; el nivel de educación y el ingreso al sistema de instrucción público creció de 1.644.674 a 2.910.921 en el nivel primario; de 753.000 a 3.755.648 en el nivel secundario, y de 426.000 a 653.098 en el nivel universitario.
 
El Estado Plurinacional de Bolivia ha establecido constitucionalmente que la educación constituye una responsabilidad del Estado, que tiene la obligación indelegable de sostenerla, gestionarla y garantizar que sea intracultural, intercultural y plurilingüe. En efecto, la política educativa fue fundada en el reconocimiento de la diversidad cultural y lingüística que caracteriza a nuestros pueblos, como condición para lograr la soberanía y la descolonización del pensamiento latinoamericano.
 
Es por ello que el otorgamiento de esta distinción a una figura de tal relevancia constituye un honor para la UNA, que logra materializar este reconocimiento en un momento en que el pueblo del hermano país ha expresado su voluntad contra las políticas neoliberales e ilegítimas y a favor de recuperar la democracia en manos de Luis Arce, candidato del MAS y ex ministro de economía del gobierno de Evo Morales.
 

Agenda
Entrega Doctorado Honoris Causa a Evo Morales Ayma
1° Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia

Viernes 30 de octubre, 12:30 

 Acto virtual con transmisión en vivo por redes institucionales:

Facebook UNAObraColectiva 

 Instagram UNA.oficial
facebook/UNAObraColectiva
instagram/una.oficial

jueves, 3 de marzo de 2011

LA NOCHE DEL TÍO OSCAR





El momento fue inolvidable. En 1972, uno de los mejores actores de la historia, Marlon Brando, supo de boca de los organizadores que iba a ganar el Oscar al Mejor Actor, por su inolvidable papel en El padrino, de Francis Ford Coppola. Brando, un actor estupendo en los años 50, había sido elegido por Coppola para ese papel contra la opinión de todos los productores del film, y todos los de Hollywood, que estaban seguros de que su carrera había naufragado para siempre durante los años sesenta, en buena parte por su decisión de cobrar fortunas por interpretar papeles que le importaban un bledo.

Como el personaje de Don Corleone lo había traído de retorno a las Grandes Ligas, los productores de aquella ceremonia de la Academia pensaron que Brando haría el papel del hombre en problemas redimido por la industria, del perro salvaje por fin amaestrado. Se equivocaron feo: envió a la ceremonia a una actriz cuyos ancestros eran indios sioux, Sacheen Litleefeather, que se despachó en cadena mundial contra el modo en que el cine y la televisión estadounidenses narraron el exterminio de los antiguos dueños de aquel suelo y rechazó la estatuilla que, igualmente, intentaron entregarle. Mientras tanto, el galardonado disfrutaba del momento... en una reserva indígena. A Brando, que ya había obtenido un Oscar en 1952 por Nido de ratas, no lo invitaron nunca más. Tampoco hubiese ido, con certeza. Ya no tenía nada que ganar.



La última vez que a Brando, que murió en 2004, le preguntaron si se sentía el mejor en lo suyo contestó textualmente: “El mejor actor vivo del cine se llama Sean Penn”. Ese mismo año, Penn ganó el Oscar a la mejor actuación por su tarea en Río místico, una notable película de Clint Eatswood. A la hora de agradecer el premio, en uno de sus típicos gestos rebeldes heredados del protagonista de Último tango en París, Penn pronunció unas breves y significativas palabras. “Si hay algo que los actores saben bien es que, así como no existen las armas de destrucción masiva, no existe una mejor actuación”, dijo.

Era el momento en que el presidente George W. Bush intentaba convencer al mundo sobre la existencia de armas químicas en Irak, buscando justificar la invasión disfrazada de justicia, los negocios convertidos en política internacional, la matanza de civiles como inevitables daños colaterales. Pero el desafío de Penn no quedó allí. La Academia recibió para el año siguiente una instrucción muy clara del Departamento de Estado: de allí en adelante la televisación de cada ceremonia se concreta con un leve diferido de 60 segundos. Es decir, el tiempo exacto para censurar en el caso de que a algún otro actor se le ocurra meterse en temas candentes para la política interna de los Estados Unidos.

Eso es normal hoy en los grandes acontecimientos, sobre todo luego de que a una de las hermanas de Michael Jackson, Janet, se le viera durante segundos un pecho, durante su afiebrada performance en vivo durante el entretiempo de una final de Superbowl, que miraban en directo cien millones de espectadores. Susan Sarandon y Tim Robbins agradecieron cuando vinieron hace cuatro años al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, estar en un país en que se podía decir en voz alta lo que se pensaba, sin temor a censuras o represalias. Y en que la televisión, si transmite algo, no se toma un tiempo para diferir la emisión y censurar aquello que no le convenga. O al menos, eso parece. En Estados Unidos a los actores que suelen opinar en público sobre temas políticos les dan premios muy de vez en cuando. Por las dudas, ellos, como el resto, tienen apenas 45 segundos para hablar cuando están en escena. Y, por las dudas, a todos los nominados les envían a sus casas, semanas antes, un DVD que contiene un simulacro de entrega, con reloj incluido, para que vayan practicando la síntesis verbal.Ya se sabe, sólo la organización vence al tiempo.


La ceremonia de los Oscar, la de esta noche (domingo 27 de febrero de 2011) es la número 83, puede verse como una fiesta de millonarios observada por gente común que se fija más en los vestuarios que en las dotes artísticas, una gran transmisión televisiva en que una industria se premia a sí misma destacando a sus íconos de taquilla, una muestra del poderío de la imposición cultural estadounidense al resto del mundo o una triste velada decadente de una élite autoconvencida de su propia importancia, pese a que ya casi no tiene historias nuevas que contar. Pero también es, con toda certeza, una ceremonia bizarra recontra atractiva. El que busque actos de justicia artística, si es que existen, en una fiesta de características como éstas saldrá defraudado: los Oscar son los premios del negocio del entretenimiento a sus tótems del último año calendario. Así ha sido desde aquel día de 1929 en que se entregaron por primera vez las estatuillas que a partir de 1931 se conocerían con en nombre actual, luego de que la actriz Margaret Herrit exclamara al ver la que le tocaba que era muy fea, pero le daba ternura porque le recordaba a un tío suyo, llamado Oscar. Si su abuela hubiera bautizado al hermano de su padre con el nombre de John, hoy hablaríamos de los Premios John.



La lista de grandes que no ganaron jamás un Oscar como mejor director es larga, pero baste señalar que incluye a Orson Welles, Federico Fellini, Alfred Hitchcock, Howard Hawks, Akira Kurosawa, Ridley Scott, Ingmar Bergman, Stanley Kubrick, Charles Chaplin, Quentin Tarantino y David Lynch.

Lo mismo pasa con actores y actrices de renombre y prestigio, entre ellos Judy Garland, Greta Garbo, Richard Burton, Liam Neeson, Harrison Ford, Deborah Kerr, Barbara Stanwyck y Eleanor Parker.





A su vez, en verdaderos dislates vinculados con las reglamentaciones han ocurrido hechos como que Charles Chaplin obtuviera ¡en 1973! el Óscar a la mejor banda sonora por Candilejas, una película que había sido realizada ¡en 1952! pero que recién entonces se había estrenado en Los Angeles. En la época del lanzamiento inicial del film aún estaba en su apogeo un fenómeno político interno llamado por la historia La Era del Macartismo. Y Chaplin había sido una de las obsesiones centrales de la caza de brujas desatada por el senador Joseph Raymond McCarthy, con su vasta red de influencias políticas y una fijación con el universo del cine.

En cambio, el bueno de Walt Disney, que fue clave en la política de comunicación de los intereses internacionales estadounidenses sobre todo en los años ’40 y ’50, resulta para la historia el hombre favorito de la Academia con más 60 nominaciones y 26 Oscar ganados. Quien dude sobre este punto puede leer (o releer) el aún interesante ensayo Para leer al Pato Donald, publicado en 1972 por Ariel Dorfman y Armant Matellart, cuando la semiótica era apenas una palabra difícil y Salvador Allende gobernaba Chile.

El ciudadano, la obra maestra de Welles, no ganó el premio en 1941, y una y otra vez ha sido considerada la mejor película de todos los tiempos. De la que ganó ese año, Qué verde era mi valle, se acuerdan sólo los fanáticos de John Ford.



El inglés Alfred Hitchcock no consiguió ningún Oscar al mejor director pese a haber rodado más de 60 películas, muchas de ellas en Estados Unidos, cinco de las cuales le posibilitaron estar nominado en ese rubro, entre ellas Rebeca (1940), La ventana indiscreta (1954) y Psicosis (1960). Cuando se dieron cuenta, le entregaron un Oscar honorífico.





La leyenda negra de los premios cuenta con episodios de película, como aquel en que el actor Jack Palance estaba tan borracho cuando le tocó entregar en 1993 el Oscar a la Mejor actriz secundaria que convocó a recibirlo a Marisa Tomei, nominada por Mi primo Vinny, en lugar de la actriz cuyo nombre tenía ante sí. El galardón era para otra integrante del quinteto que completaban Judy Davis, Vanessa Redgrave, Joan Plowright y Miranda Richardson, pero no hubo forma de volver atrás la situación. Palance le dijo luego a sus amigos que había decidido hacer su propia voluntad porque era una afrenta al honor estadounidense que las otras cuatro actrices fueran inglesas. La Academia no rectificó la decisión de Palance. No quiso afectar la seriedad de sus galardones.




jueves, 2 de abril de 2009

TELE DE LA BUENA...



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canal encuentro


RAÚL SERRANO



Se abre un espacio de reflexión en la AAA. El objetivo es repensar nuestra identidad y formaciòn como actores. La Secretaría de Cultura ha implementado un encuentro mensual con personalidades que generosamente se suman con su aporte. El maestro Raúl Serrano realizará una charla debate sobre Estética.

el viernes 17 de abril
a las 19 horas,

en Alsina 1762 C.A.B.A.

sede de la
Asociación Argentina de Actores.






viernes, 27 de marzo de 2009

Día Internacional del Teatro: 27 de marzo



¿Por qué se conmemora el Día Internacional del Teatro?

El Instituto Internacional del Teatro (ITI) fue creado por delegados de nueve países en 1948, en Viena. Entre las actividades figuran los congresos que se realizan en distintos países cada dos años y el Teatro de las Naciones, festival de la escena que reúne las mejores expresiones teatrales de cada país.

El primer festival se llevo a cabo en París en 1995, precisamente el 27 de marzo. Poco tiempo después, para conmemorar este feliz encuentro, el delegado de Finlandia propuso que el 27 de marzo fuera declarado Día Mundial del Teatro.

Desde entonces, cada ciudad del mundo celebra en este día la trascendencia humana y artística que emana de la actividad teatral.


DÍA MUNDIAL del TEATRO

El 27 de marzo se conmemora el Día Mundial del Teatro, celebración instituida por el Instituto Internacional del Teatro de la UNESCO. Cada temporada, un destacado realizador teatral ofrece su mensaje a la comunidad teatral internacional.

Un mensaje redactado por el director brasileño Augusto Boal:

"Todas las sociedades humanas son espectaculares en su vida cotidiana y producen espectáculos en momentos especiales. Son espectaculares como forma de organización social y producen espectáculos como este que ustedes han venido a ver.

"Aunque inconscientemente, las relaciones humanas se estructuran de forma teatral: el uso del espacio, el lenguaje del cuerpo, la elección de las palabras y la modulación de las voces, la confrontación de ideas y pasiones, todo lo que hacemos en el escenario lo hacemos siempre en nuestras vidas: ¡nosotros somos teatro!


"No sólo las bodas y los funerales son espectáculos, también los rituales cotidianos que, por su familiaridad, no nos llegan a la consciencia. No sólo pompas, sino también el café de la mañana y los buenos días, los tímidos enamoramientos, los grandes conflictos pasionales, una sesión del Senado o una reunión diplomática; todo es teatro.


"Una de las principales funciones de nuestro arte es hacer conscientes esos espectáculos de la vida diaria donde los actores son los propios espectadores y el escenario es la platea y la platea, escenario. Somos todos artistas: haciendo teatro, aprendemos a ver aquello que resalta a los ojos, pero que somos incapaces de ver al estar tan habituados a mirarlo. Lo que nos es familiar se convierte en invisible: hacer teatro, al contrario, ilumina el escenario de nuestra vida cotidiana.

"En septiembre del año pasado fuimos sorprendidos por una revelación teatral: nosotros pensábamos que vivíamos en un mundo seguro, a pesar de las guerras, genocidios, hecatombes y torturas que estaban acaeciendo, sí, pero lejos de nosotros, en países distantes y salvajes. Nosotros que vivíamos seguros con nuestro dinero guardado en un banco respetable o en las manos de un honesto corredor de Bolsa, fuimos informados de que ese dinero no existía, era virtual, fea ficción de algunos economistas que no eran ficción, ni eran seguros, ni respetables. No pasaba de ser mal teatro con triste enredo, donde pocos ganaban mucho y muchos perdían todo. Políticos de los países ricos se encerraban en reuniones secretas y de ahí salían con soluciones mágicas. Nosotros, las víctimas de sus decisiones, continuábamos de espectadores sentados en la última fila de las gradas.


"Veinte años atrás, yo dirigí 'Fedra' de Racine, en Río de Janeiro. El escenario era pobre: en el suelo, pieles de vaca, alrededor, bambúes. Antes de comenzar el espectáculo, les decía a mis actores: "Ahora acaba la ficción que hacemos en el día a día. Cuando crucemos esos bambúes, allá en el escenario, ninguno de vosotros tiene el derecho de mentir. El Teatro es la Verdad Escondida."

"Viendo el mundo, además de las apariencias, vemos a opresores y oprimidos en todas las sociedades, etnias, géneros, clases y castas, vemos el mundo injusto y cruel. Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida.


"Asistan al espectáculo que va a comenzar; después, en sus casas con sus amigos, hagan sus obras ustedes mismos y vean lo que jamás pudieron ver: aquello que salta a nuestros ojos. El teatro no puede ser solamente un evento, ¡es forma de vida!
"Actores somos todos nosotros, el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que la transforma!".


cholulos