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sábado, 24 de mayo de 2014

ADRIÁN SUAR CONTRA LOS ACTORES






El jefe de Pol-ka, Adrián Suar, realizó polémicas declaraciones que le valió el enojo de sus ex colegas, los actores. Es que el gerente de programación de Canal 13 afirmó que en el mundo del espectáculo hay mucha sobreactuación respecto de las opiniones y la ideología política.

"Hay actores que se la han jugado por nada y se depreciaron muchísimo", afirmó Suar. Pero sus dichos no se quedaron ahí y desarolló más su idea: "A mí me cuesta creer eso de 'por mi ideología...' que es una escena que se inventaron; porque que grites y te pongas así no significa que tengas la verdad". Y para cerrar con el tema, agregó que "el 80 por ciento de los actores nunca hablaron de política".





La respuesta no se hizo esperar y provino de la Asociación Argentina de Actores, que emitió un durísimo comunicado contra el productor. "No nos sorprenden las declaraciones de Adrián Suar, lo que no quiere decir que no nos produzcan desagrado y merezcan desde nuestro sindicato el rechazo más absoluto. Es evidente que en la balanza de sus actitudes, se reconoce más como empresario que como actor", comienza diciendo el texto.

El escrito continúa afirmando que en el sector empresarial suele haber "aversión" a que los trabajadores participen políticamente o tengan agrado por ciertas ideología, y lo que buscan continuamente es "mantener el trabajo precarizado". "Suar pretende que defendamos exclusivamente intereses particulares. Que no nos importe el compañero. Que no nos importe nadie más que nosotros mismos. Pretende que no tengamos pensamiento político, participación ciudadana y lo más grave, opinión", agrega el texto.

Y el comunicado concluye diciendo: "Nos ha costado, todavía nos cuesta, y seguimos luchando para que los empresarios del sector, Suar entre ellos, reconozcan plenamente nuestra condición de trabajadores y respeten íntegramente nuestros derechos laborales. Lo único que falta es que sea un exponente de ese sector el que pretenda darnos el certificado de buenos ciudadanos y nos diga qué debemos decir y qué no".





Pero los cruces no terminaron acá y desde el entorno de Adrián Suar tambien hubo una respuesta. Fue su esposa, la también actriz Griselda Siciliani, la encargada de descargar su furia a través de Twitter. ¿Se habrá acabado la polémica o las replicas en el mundo del espectáculo en relación al rol de los actores en la política seguirá por un par de días más?









Comunicado de la Asociacion Argentina de Actores (AAA) en referencia a los dichos de Adrián Suar:


"Es común encontrar en el sector empresarial esa aversión hacia la participación política de sus empleados, hacia lo ideológico, aún hacia la toma de conciencia de los trabajadores cuando deciden agruparse y sindicalizarse. El sueño de un mundo sin sindicatos que velen por los derechos de los trabajadores se hace explícito en la permanente intención de mantener el trabajo precarizado. Y no conformes con esto, como en este caso, pretenden la asepsia de pensamiento de los actores, ávidos de seguir manteniéndonos dentro de la “ficción”; esa que intencionalmente  intenta trocar nuestro trabajo y nuestro arte por farándula,  fuera de la realidad.

Suar pretende que defendamos exclusivamente intereses particulares. Que no nos importe el compañero. Que no nos importe nadie más que nosotros mismos. Pretende que no tengamos pensamiento político, participación ciudadana y lo más grave, opinión. La situación de debilidad de cualquier trabajador actor, famoso o no, frente a nuestros patrones hace que las palabras de Suar suenen a amedrentamiento. Pues son ellos en cada oportunidad y por un tiempo limitado los que determinan quienes trabajan y quienes no.


Como sabemos, hay varias maneras de limitar la libertad de expresión. Por supuesto que los actores conocemos la censura, las listas negras de épocas nefastas por la que atravesó nuestro país. Triple A y Dictadura, ejercieron sobre nosotros la represión en toda sus formas. Desgraciadamente, 28 compañeros detenidos desaparecidos así lo certifican.  Tal vez estas expresiones bravuconas, quizá guionadas para provocar, no tienen la dimensión de lo sucedido en aquellos tiempos, pero igualmente, en plena democracia, tenemos la obligación de alertar sobre este escenario en donde desde el poder real se quiere imponer el mismo silencio, el mismo orden, el mismo temor, que nada se mueva, que los actores seamos meros decidores de textos ajenos, aún en la vida real.


Nos ha costado, todavía nos cuesta, y seguimos luchando para que  los empresarios del sector, Suar entre ellos, reconozcan plenamente nuestra condición de trabajadores y respeten íntegramente nuestros derechos laborales. Lo único que falta es que sea un exponente de ese sector el que pretenda darnos el certificado de buenos ciudadanos y nos diga qué debemos decir y qué no".









martes, 20 de mayo de 2014

¡¡¡ VOLVER TIENE QUE GARPAR !!!





El Grupo Clarín deberá pagarles a los actores por las repeticiones en canal Volver.

La Sala H de la Cámara Civil porteña confirmó un fallo de primera instancia en el que se reconoció el derecho de los actores demandantes a cobrar una suma de dinero por las emisiones repetidas entre el 18 de setiembre de 1999 y el 31 de diciembre de 2006 de los programas y películas en las que habían trabajado.

Durante años el canal del Grupo Clarín facturó a raiz de la emisión de series enlatadas del pasado televisivo nacional, un fallo de la Corte reconoció el trabajo de esos actores que participaron en las tiras y la empresa deberá indemnizarlos.

El fallecido actor Ricardo Bauleo fue quien comenzó la demanda que abarca a reconocer el trabajo de gran parte de los actores y actrices argentinos. Los damnificados en la causa cobrarán 827.475 pesos más actualizaciones.

En tanto, la Sala H de la Cámara Civil porteña confirmó el fallo de primera instancia reconociendo el derecho de los actores demandantes a cobrar esa suma en caracter de indemnización por las emisiones repetidas en el canal Volver entre el 18 de setiembre de 1999 y el 31 de diciembre de 2006.

"Si bien el Canal Volver puede utilizar en sus transmisiones el material de archivo gracias a que la ley argentina le asegura una licencia para difundir por televisión interpretaciones de los artistas actores, no cumple con las obligaciones que derivan de tal aprovechamiento", apunta la demanda.

Por esta omisión legal, los intérpretes audiovisuales pidieron que se les aplique el mismo plazo de protección que a los autores, de cincuenta años a partir del fallecimiento del último de los colaboradores.

En la extensa lista de obras repetidas en Volver incluye "Al diablo con este cura", "Así es Buenos Aires", "Autocine mon amour", "Canuto Cañete detective privado", "Canuto y Cañete y los 40 ladrones", "Cautiva de la selva", "Destino para dos", "Don Carmelo Il capo", "El cabo tijereta", "El derecho de gozar", "El novicio rebelde" y "En busca del brillante perdido".

También, "Enfermero de día, camarero de noche", "Gitano", "Hipólito y Evita", "Los superagentes y los paraguas asesinos" y "La Banda del Golden Rocket", entre muchos otros.

Los camaristas Claudio Kiper, Sebastián Picasso y Liliana  Abreut de Begher rechazaron la postura de Volver que negó las repeticiones y aceptó las pruebas presentadas por los actores al tiempo que destacaron que el canal del Grupo Clarín "obtenía beneficios económicos al difundir las obras en las que habían participado los actores".

El tribunal también desestimó los planteos de "prescripción" de los reclamos y de inconstitucionalidad de las normas que consagraron los derechos de los actores sobre las repeticiones en las obras en las que participaron.







domingo, 4 de mayo de 2014

LAS BABAS DEL DIBLO




El 8 de agosto de 2013, el CEO del Grupo Clarín Héctor Magnetto tenía cita cara a cara con Víctor Hugo Morales, a quien había denunciado ante la Justicia. De ese momento parte un libro imprescindible para conocer los mecanismos que los medios hegemónicos utilizan para perpetuar su dominio. Una historia en la que se cruza la información sobre el mundo de la política, el periodismo y el poder, con las vivencias personales de uno de los principales protagonistas de la actualidad periodística.



Héctor Magnetto permaneció solo en la oficina que le asignaron. Lo imaginé como una sombra más, seca y mustia, en ese espacio impersonal y utilitario, en la penumbra de una habitación en la que el poder se recorta como la belleza de un cisne desplumado. “Davanti a lui tremava tutta Roma”, dice Tosca mirando al inclemente Scarpia, apuñalado a sus pies. “Pensar que este tipo es el amo de la Argentina”, digo, no sin gozarlo. “Y ahora lo tengo ahí”, me ufano, acaso para alivianar la carga del fastidio. Lo imaginé impaciente y terco, desoídor de todas las voces que le reprocharon que se rebajara de esa forma. Un Menelao enloquecido lanzado a una guerra absurda, ganada de antemano pero con la derrota en el vientre. Un capricho más de un poder insaciable y estúpido, como es el poder cuando sólo sirve para acrecentarlo. Tenso, como el que se habitúa a jugar con las cartas marcadas, pero ha descuidado el mazo y es otro el que reparte.

Y lo confirmó Fabiana, la coordinadora de mi programa de radio. Ella había logrado pasar entre la multitud, con la mano apoyada en mi hombro como en la formación antes de ir a clase. Lo que vería en un abrir y cerrar de puerta, acomodada en un sillón del living, se parecía a una escena de El Padrino. La voz que se oía era como la de Brando. “Mejor”, me dijo.

Desde el recibidor, ubicado en el centro de la escena, se veía a un guardaespaldas sentado en la entrada, a la salida del ascensor. Luego el sitio dispuesto para Magnetto, quien por un instante, al entrar sus abogados, quedó al descubierto mirando hacia la pared o a un interlocutor, también silencioso. Fue apenas, cuando entornaron la puerta. Callado y duro, como enojado, lo vi.

En la última sala, estábamos la mediadora, los abogados de Magnetto, uno rojo y sobrador, el otro pálido y serio, el doctor Eduardo Barcesat y yo. Discutíamos sobre la ausencia del demandante. La mediadora señaló que no era una obligación la presencia de Magnetto. La insistencia de Barcesat, que yo apoyaba mirando a la funcionaria con expresión de “¿qué sentido tiene, si no?”, provocó que ella les pidiese a los letrados de Magnetto que fueran a buscarlo. “A lo mejor viene”, asintió Barcesat. Se leía fácil en los rostros el escaso optimismo de los enviados, cuando se alzaron con la pereza del alumno que debe pasar al frente.

La puerta de al lado fue superada con rapidez. Los abogados ingresaron como si fueran siameses. Y retornaron a nuestra reunión unos diez minutos después. “Dice el señor Magnetto que no. Que su representado ya anunció que no piensa disculparse, por lo que no vale la pena el encuentro.”

Los cantos de la gente en la calle, al oírse demasiado fuerte, provocaron una mirada de la mediadora que descifré como: “¿Qué más quiere?”. Era una invitación a que firmáramos el acta, pero antes Barcesat se expresó severamente sobre la ausencia de Magnetto. El abogado de pelo rojo ladrillo oía llover. Se convertiría en una celebridad por su pobre desempeño en una audiencia de la Corte Suprema sobre la ley de medios, semanas después. Ahora escuchaba a Barcesat desparramado en su silla, con las piernas estiradas, las manos en el bolsillo y ese aire sobrador que toman prestado de sus jefes los que cuidan la puerta de un lugar.

Magnetto no tenía dudas de lo que yo sería capaz de decirle. No quiso darme ese placer. A una distancia de tres metros pero con una pared en el medio, mis discursos, los atropellados, los feroces argumentos de mi rabia, se desvanecían. Había llegado con el propósito de controlar las ideas que giraban con la potencia de un tornado, solo en el umbral de la delicadeza que merecían las personas que oficiarían de testigos, aun los guardaespaldas del Padrino. No le diría “un mafioso como usted”. Tenía decidido hablar de la mafia como algo que hubiese soportado mejor en el cotejo con la muerte civil que quiso destinarme.

Mire, Magnetto, era mejor que mandase a matarme que la muerte lenta a la que quiso someterme con su ataque incesante, usted que tiene idea clara de lo que significa para un hombre en contacto permanente con el público la mirada desaprobatoria de cuanto imbécil juega a creer en las mentiras de sus diarios y de sus canales, y me acusa de pertenecerle al gobierno, se solaza en el invento, más atroz aún, de asignarle un interés económico a esa afiliación para que la gente tenga un pretexto que le permita descargar su odio solo porque no tolera al que piensa distinto, y no le alcanza con que a uno lo rechacen por pensar equivocado, sino que debe haber según sus inventos un interés espurio, es decir, tiene que haber dinero, pero sosteniendo la infamia sin pruebas que sería imposible reunir, solo con insidias, mencionando la plata del Estado, la entrega de la conciencia a cambio de lo que no solo no necesito, sino que lo he ganado con creces, y lo logré, pese a confrontar públicamente con su diabólico poder, sin resignar una sola bandera, sabiendo como sabemos que hubiera bastado entregarme al mismo y beneficiarme con pertenecerle yo también como pudo haber sucedido tantas veces, y no quise, en cada ocasión que quisieron cooptarme con TyC, con Radio Mitre, en el Canal Metro, en el diario Olé, del que fui el primer periodista entrevistado para escribir los comentarios del fútbol, y a cambio fui castigado a la desaparición de sus medios, y así veinte años, lo cual era entendible, hasta que apareció la discusión de la ley de medios y entonces, porque mi palabra adquiría otro valor, porque tenía antecedentes de haberlo denunciado en incontables ocasiones en mis espacios, en los reportajes, en el Congreso de la Nación, entonces, para anularme como contendiente procedieron a herir mi credibilidad y lo hicieron con una saña jamás vista contra un periodista, salvo los asesinados por mafias, comprando redactores de libros infames, arrojándome los perros de sus redacciones con títulos y comentarios provenientes de lo que ustedes mismos preparaban.

¿De qué se siente ofendido, usted, cuya infamia me perseguirá más allá de mi muerte? Mire esta carpeta, ¿sabe cuántas páginas de falsedades hay aquí? Mil páginas, Magnetto, en menos de cuatro años, esa es su campaña y la de quienes lo siguen por complicidad o por temor a sus represalias, mil páginas sin contar las horas de radio y televisión que me ha dedicado, o los correos electrónicos canallas enviados, empezando por aquel que decía que el gobierno me dio diez millones de dólares para torcerme el brazo, salido de la clandestinidad de su usina de la calle Perú, probadamente falso, “firmado” por personas inexistentes, correos que llegaron a millones de personas para que, como peces en una red lanzada al mar, quedaran atrapados los ingenuos, los odiadores, los fachos, esos que, por carecer de argumentos para la discusión de fondo, se sienten cómodos en la injuria. ¿Sabe usted que he ganado en mi vida bastante más que ese dinero, y que lo conseguí sin venderle mi dignidad a nadie, empezando por usted mismo, que no pudo comprarme? ¿Y que sin embargo no puedo manejar el auto de mi mujer porque es importado, a riesgo del insulto de los que, por odio o por envidia, lo pondrían en la cuenta de esos diez millones de dólares que sus criminales mediáticos entintados pusieron en mi cuenta? ¿Y sabe dónde está la prueba de cada peso facturado? En la AFIP, donde debo ser el periodista que más dinero pagó nunca en impuestos a las ganancias, acusando un salario que, vergüenza debería darle a usted, es un poco, nada más que un poco, inferior al que usted declara. Ahí tiene mi verdad, ahí está pulverizada su mentira y la de sus sicarios, ¿sabe cuánto dinero pude ganar decentemente en la TV Pública? Nada más el Mundial de 2010 pudo dejarme una fortuna y renuncié a ese privilegio la misma noche que se votó la ley de medios. ¿Y sabe para qué? Para que no pudiera usted decir, o sus esbirros, que el gobierno pagaba de esa manera mi adhesión a la causa de la ley, que en realidad era mi propia causa mil años antes de que existiera el gobierno en cuestión.

¿Imagina, Magnetto, cuánto hubiera gozado profesionalmente del privilegio de conducir y relatar un Mundial en la televisión? ¿Le parece que me lo merezco, que soy alguien en esta profesión que podría hacerlo bastante bien y, quizás, era capaz de cambiar los paradigmas de amarillismo, grosería, y obviedades con las que se castigó a la audiencia mientras usted controló a la televisión, a la AFA, al fútbol, a los competidores? ¿Puede calcular cuánto dinero dejé de percibir en un solo mes del Mundial si, en la radio, que es nada comparada comercialmente con la televisión, la cláusula extra por transmitir un Mundial es de cien mil dólares aparte de los sueldos y los acuerdos publicitarios? ¿Sabe el convencimiento y el desinterés que hay que tener para esa renuncia? ¿Le consta que he declinado desde siempre trabajar en Fútbol para Todos, solo para que usted no declame “con razón le molestaba el fútbol privado, lo que quería era quedárselo”?

¿Tiene idea del dinero que me he negado a ganar para no darles ese gusto a usted y a su caterva de serviles? ¿Y cuánto me ha servido? Ustedes apuestan a que la mentira llega a mucha más gente que la refutación y relativizan la verdad como si la hubieran arrodillado en una cava para darle un tiro en la nuca, como actúan las mafias con los que les son molestos, como hace usted conmigo.

¿Sabe, Magnetto, cuándo escribí por vez primera sobre Clarín? En 1987, hace veintiséis años. ¿Sabe desde qué fecha está documentado que hablo contra los multimedios como el suyo y denuncio los perjuicios que provocaría al periodismo, a la sociedad y a las relaciones del poder? Desde 1991. ¿Entiende lo que eso significa de libertad en mi conciencia? La misma que me provoca saber lo que he perdido económicamente en estos años, porque, mientras usted me ensucia, la realidad es que de publicidad he dejado de percibir más del sesenta por ciento de lo que está pautado, usted puede preguntarle al actual director de Radio Continental, que trabajó para Clarín hasta no hace demasiado tiempo, cuánto dinero dice perder porque los avisadores de la derecha se niegan a poner los avisos en mis programas, acaso cumpliendo lo que por las redes sociales piden desde su SIDE de la calle Perú, y ese mismo señor de la radio puede decirle que acepté trabajar dos años, 2011 y 2012, sin un peso de aumentos porque, si no, no podían mejorar los salarios del personal en la eterna crisis de las emisoras. ¿Y usted se dice ofendido, siendo que, de manera kafkiana, mientras denuncia que lucro con mis opiniones, no he cesado de perder fortunas, por el abandono de seguidores publicitarios que eran de fierro, y por lo que no pude aceptar para que no mezclaran principios con intereses? Todo esto se lo quise demostrar a su propia gente de la ONG Poder Ciudadano que, al ver que nada podrían demostrar en mi contra, declinaron la auditoría que yo mismo les ofrecía hacerme. ¿Qué más debo ofrendar para dejar en claro lo patético de la demanda de un ensuciador profesional como usted? Y hace no mucho tiempo, Magnetto, cuando usted y las consultoras liberales, los grandes entregadores del país, pugnaban por la devaluación, para sostener mi manera de pensar, tomé el ahorro que tenía en el banco y lo convertí en pesos, perdiendo quizás la mitad del capital.

Si ustedes consiguen doblegar al gobierno, ¿quién es la víctima aquí?, ¿en cuántas cuotas debo pagar la osadía de enfrentar su poder?

¿No alcanzan el dinero perdido, las ofertas desechadas, los insultos padecidos, las mil páginas de mentiras, el ataque de impertinentes agrandados por la protección que usted les asegura? Ríase, pero a un privilegiado que lleva treinta y ocho años de contratos millonarios usted lo ha expulsado de muchos lugares. Mire cómo se mata a una persona sin llevarla a una cantera por la madrugada, le da nomás la muerte civil acusándolo de venderse a un gobierno, y lo sube a un caballo como en la Inquisición para que al hereje lo vean todos, ése es su poder, celébrelo, que no todos pueden matar tan higiénicamente con un balde de tinta.

Cada vez que me lanzaba mentalmente a esta catarsis me preguntaba hasta dónde podría avanzar. Sería interrumpido muchas veces, me advertía en los monólogos imaginarios. Magnetto amagaría con irse, se iría nomás. Los abogados protestarían como los que saben que no fue penal y lo piden. La negociadora del juzgado procuraría calmarme. “Pero escúcheme, no se vaya”, me imaginaba diciéndole a Magnetto. “Después argumentará cuanto quiera usted también.” Es que tenía tanto más para decirle. Me veía en el espejo de sus ojos fríos, impasibles como los de un francotirador que espera el paso de su presa. Gozaba de antemano ese desprecio en la curva de su boca. Pero estaría todo el tiempo temeroso de su partida. De ahí la sutileza con la que debía conducirme. Como se ofrecen semillas a las palomas, sin gestos que las espanten. Ningún discurso llegaba tan siquiera a la mitad del recorrido. Lo veo al pelirrojo, mientras me lanzaba desde lo alto de la montaña, recto en la embestida, sin hacer slalom. “Es escandaloso”, diría el que ahora veo con su pelo de polvo de ladrillo, condenado a explicar en mil almuerzos de trabajo por qué se abatató el día más importante de su vida al servicio de Magnetto.

Las palabras iban en tropel, como el que llega y cuenta un crimen, en cada ensayo de esos días, a veces hablando solo, como cuando era muchacho y decía avisos en voz alta, o hablaba como Oscar Casco mientras cuidaba vacas a la vera de una carretera en las afueras de mi pueblo. Eso me subleva. No era tan malo hacer pastar unas vacas tontas si tenía la soledad necesaria para jugar a ser actor de radioteatro y acaso me conformaba con eso. Pudo ser mi vida. Pero algo sucedió en el trayecto. Dejé las vacas ajenas y me metí en la radio y me vi de afuera del aparato con la curiosidad de un niño. Y construí una carrera sin negociar nada, nunca.








viernes, 7 de marzo de 2014

ALMA






¿Para qué sirve conmemorar cada 8 de marzo «El Día Internacional de la Mujer Trabajadora o Día Internacional de la Mujer»?

Dicen que conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona...

Sin embargo, Cuatro medios del Grupo Clarín siguen publicando avisos de oferta sexual... por ejemplo.

¿Qué mujer conmemora el 8 de marzo? ¿qué significa ser mujer para los medios hegemónicos que manipulan las subjetividades e imponen la agenda sobre qué pensar, qué decir, qué sentir?

¿Una mujer exitosa es alguien parecido a Ernestina Herrera viuda de Noble?




Alma se prepara para asistir al acto del jardín de su hija, pero nunca llega. De camino, es secuestrada por una red de trata de personas. Al igual que muchas jóvenes, se ve obligada a renunciar a toda su vida en un segundo, para pasar a servir a un sistema perverso y machista que denigra a la mujer a un valor meramente utilitario. Sin embargo, cuando se pierde la libertad del cuerpo, queda la del alma...

ALMA... Cortometraje dirigido por Marcela Suppicich sobre la trata de personas. Durante el 2011 participó en el "11º Festival Internacional de Cine de Temática Sexual", el "Concurso Iberoamericano de Cortometrajes La Mujer y el Cine" y el "Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba". Declarado de interés social por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Elenco:


Yanina Romanin (Alma) , Alejandro Alonso (Búfalo) , Juliana Burdet (Priscila) , Patricia Corsanego (Reina) , Fernando Blanco (Policía) , Roque Favale (Cliente)



Equipo técnico:


Dirección:
    Marcela Suppicich

Guión:
    Marcela Suppicich

Producción:
    Ayelén Estévez

Asistencia de Producción:
    Valeria Contarino

Director de Fotografía:
    Julián Buldrini

Sonido directo:
   Ernesto Aguilar
   Fernanda Krempovich

Música:
    Gonzalo Viñes

Montaje:
    Martín Senderowicz










miércoles, 2 de enero de 2013

CLARÍN. UN INVENTO ARGENTINO









Dirigida por Ari Lijalad y producida por David Blaustein, la serie documental «Clarín. Un invento argentino» consta de 8 capítulos temáticos. La miniserie ganó un concurso de TV digital organizado por el INCAA, el ministerio de planificación y la Universidad de San Martín.

Bajo la investigación y guión del productor y director del proyecto, la serie desarrolla la historia de Roberto Noble, continúa con los pormenores y objetivos de la fundación de Clarín en 1945 y recorre la historia de este actor central de la política argentina durante 60 años.

Así, se da cuenta de una sólida investigación periodística basada en archivos fílmicos y fotográficos inéditos hasta el momento, la historia de cómo se cimentó el crecimiento de Clarín. Y llega a la actualidad, con el diario ya convertido en el grupo multimediático más importante del país y uno de los mayores de Latinoamérica. Con el fin de lograr la rigurosidad del relato, se convocó a un amplio espectro de testimonios, poniendo especial énfasis en que las voces fuesen plurales y diversas.

Para sostener esa pluralidad de voces y miradas fue necesario contar con el rigor académico de historiadores especializados en los procesos históricos previos a la fundación del diario. Se convocó a sociólogos y expertos en comunicación, para una comprensión cabal de Clarín como proyecto comunicacional. También a políticos que desempeñaron altas tareas jerárquicas en el diario, como Oscar Camilión, Octavio Frigerio, y a algunas de las figuras más destacadas del periodismo argentino que pasaron por su redacción.

Se dio voz a periodistas y delegados despedidos, que aportaron elementos hasta hoy desconocidos. También incorporaron datos relevantes periodistas que investigaron esta historia, así como se sumaron diversos testimoniantes que ayudaron a reconstruir la vida y obra de los actuales conductores del diario, Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto. Uno de los testimonios más conmovedores es el que aportó Guadalupe Noble, única hija de Roberto Noble. Estos y otros, conforman un relato coral que permite decodificar la historia de Clarín. Una historia jamás contada en televisión hasta el día de hoy.

La TV Pública comparte todos los capítulos emitidos de la serie documental dirigida por Ari Lijalad y producida por David Blaustein que narra la historia de Clarín. Un diario que, desde hace seis décadas, es un actor central en la vida política argentina. La serie documental recorre los pormenores de la biografía política y personal de Roberto Noble, el fundador del diario en 1945, y las relaciones que mantuvo con gobiernos civiles y militares. En base a una sólida investigación periodística que articula los relatos de periodistas, sociólogos e historiadores y a partir de imágenes de archivos fílmicos y fotográficos inéditos, la serie documental devela la historia de cómo se produjo el crecimiento de Clarín hasta convertirse en el grupo de multimedios más importante de la Argentina y uno de los más influyentes de Latinoamérica. Una historia del periodismo argentino que forma parte de la política, la identidad y la cultura nacional.




















martes, 27 de septiembre de 2011

AMIGORENA, MITRE y la REALIDAD







La miniserie recrea, como es de estado público, la trama de negocios sucios que Clarín y La Nación hicieron para despojar a los accionistas de Papel Prensa con el apoyo de la sangrienta dictadura militar.

Cuando Orson Welles se lanzó a escribir, producir, dirigir y protagonizar no sabía que terminaría siendo el responsable de una de las películas que hizo historia en el cine. Lo que sí tenía claro era contra quién había apuntado con su mirada y no sólo con las cámaras. Corría 1941 y Estados Unidos se involucraba en la Segunda Guerra...

El miedo debía cundir por todos lados. Welles hizo El ciudadano Kane (así, con K) como una radiografía del poderoso empresario mediático William Randolph Hearst, quien hizo lo indecible para evitar que Hollywood lo mostrara tal como era. Hearst se creía blindado frente a los escándalos porque tenía 28 diarios, desde Los Ángeles hasta Washington y Boston. Welles contaba con su talento y su talante. Había demostrado, apenas tres años antes, el impacto que tenía la radio. Fue cuando transmitió en vivo y en directo una invasión de marcianos que, por supuesto, nunca existió. En realidad, La guerra de los mundos fue la adaptación al radioteatro de la novela homónima escrita por su casi homónimo Herbert Wells. Hubo pánico en Nueva York. No hay carrera de periodismo o comunicación que no tome La guerra de los mundos para graficar el poderío que tienen los medios a la hora de manipular mensajes. Alcanza con darle formato realista, casi de noticiero, a una ficción. El ciudadano fue una vuelta más de tuerca, porque se atrevió a poner en escena a Hearst, alguien cuyo negocio era estar detrás de la escena al mismo tiempo que ponía en escena a quien quisiera. La trama es descomunal porque trasciende la valentía del autor. El ciudadano Kane muestra la condición humana atravesada por el poder. Casi casi un Hamlet del siglo XX. No, desde ya, como el Hamlet que protagoniza Mike Amigorena, con Esmeralda Mitre interpretando a Ofelia. “Es un regalo del cielo”, dijo la hija de Bartolomé Mitre en declaraciones periodísticas cuando se estrenó la obra. Puede ser que el cielo haya tenido que ver. Pero hay algunos otros motivos terrenos que convierten este Hamlet en una comedia de enredos y lo saca del sacrosanto lugar de la tragedia shakesperiana. El Alvear depende del Ministerio de Cultura de la Ciudad, donde el novio de Esmeralda Mitre, Darío Lopérfido, tiene muchos amigos. Por otra parte Esmeralda es una de las herederas del diario La Nación, sin perjuicio de su trayectoria dramática, cuestión en la que el autor de estas líneas no está en condiciones de abrir juicio. Además, este Hamlet cuenta con la dirección de Juan Carlos Gené, un gigante, con quien la Mitre tomó clases.

¿A qué viene tanta historia? Simplemente a darle contexto a la ¿sorpresiva? decisión de Amigorena de borrarse del papel de empresario poderoso de medios en la miniserie El Pacto que esta noche iba a estrenarse en América Televisión. Si bien el personaje interpretado por Amigorena tiene un nombre de ficción es lo más parecido a Héctor Magnetto, quizá con algunos toques de Bartolomé Mitre. La miniserie recrea, como es de estado público, la trama de negocios sucios que Clarín y La Nación hicieron para despojar a los accionistas de Papel Prensa con el apoyo de la sangrienta dictadura militar. Rafael Ianover –tenedor de acciones de Papel Prensa por encargo de su dueño David Graiver– le relató con detalles a toda la sociedad que las reuniones para el despojo se hicieron en las oficinas de La Nación. Uno de los detalles escabrosos, que bien podría servir para ilustrar un Hamlet moderno, era que a los herederos de Graiver y a él mismo, los tenían en oficinas distintas de ese diario, sin que entre ellos supieran qué pasaba. Tenían que firmar sí o sí el despojo.

La causa Papel Prensa está más que documentada y tramita en dos juzgados federales. El número tres de La Plata, a cargo de Arnaldo Corazza, porque las torturas y desapariciones se hicieron en campos clandestinos de detención del Conurbano Bonaerense. También llegó al número tres de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de Daniel Rafecas y está ahora en manos de la Cámara Federal porque Rafecas considera que no es procedente dividir la causa. El motivo por el que está en Buenos Aires es precisamente porque el despojo se habría concretado en las oficinas de La Nación. Y el director era Bartolomé, el papá de Esmeralda, la chica que trabaja en el teatro con Mike.

Ahora bien, ¿cuánto importa que Ofelia y Hamlet sean amigos fuera de la obra dirigida por Gené? O, también, ¿a alguien le interesa saber si Gené tiene presente que el padre de la Ofelia de la obra era uno de los tipos acusado de ser parte del terrorismo de Estado? Porque, es sabido, Gené tuvo que salir del país en 1976 a todo raje sin que La Nación se lamentara.

Y no es necesario recurrir a Welles para buscar ejemplos de personas que no desdoblan la ficción y la realidad de acuerdo a las conveniencias o los temores de turno. Gené formó parte de una generación de artistas que eran, además, militantes gremiales y primeras figuras de las tablas o las miniseries. Cualquiera que peine canas recuerda las cosas maravillosas –que podían verse en televisión durante la dictadura de Alejandro Lanusse– con actores como Gené, Bárbara Mugica, Emilio Alfaro o Carlos Carella.

Precisamente Carella fue uno de los actores de una película que recreaba una historia real ocurrida en 1956 y que se filmó en esos años de Lanusse. Se trata de Operación Masacre, dirigida por Jorge Cedrón. Contaba Víctor Laplace –que también trabajó en la obra y que era un militante comprometido igual que Carella– que los horarios de filmación muchas veces se supeditaban al horario en que podían hacerse de los uniformes policiales que les facilitaban algunos compañeros y que, desde ya, no podían alquilar en casas de vestuario. Es decir, algunos uniformados se jugaban para darles durante la noche sus propios uniformes.

Los tiempos son los tiempos y nadie tiene derecho a exigirle a Mike Amigorena que se inspire en Welles o en Carella. Pero no vendría mal que se tome un rato para leer Silencio por Sangre, escrito por Daniel Cecchini y Jorge Mancinelli, donde están relatados los pormenores de la historia en la que se basa el personaje que acaba de resignar. También podría preguntarle a Gené, en algún tiempo libre que les deje Hamlet, qué pasaba en esos años. Por el mundo del teatro también anda Osvaldo Papaleo, hermano de Lidia, la viuda de Graiver. Ambos le pueden contar lo que es pasarse un largo tiempo en Puesto Vasco, con el genocida Ramón Camps encima.

No soy de la idea de que sea conveniente convertir a Amigorena en Enemigorena. Sí me parece un llamado de atención para que la realidad y la ficción dialoguen más. Entonces, si Amigorena no tiene dimensión de lo que significa interpretar un personaje muy parecido a Magnetto, sería bueno que no aceptara de entrada. Ahora que las cosas están hechas, debe quedar claro que la cultura, por suerte, sigue a buen recaudo. El Pacto podrá cambiar de escenarios, de actores, de situaciones, de giros retóricos. Pero, eso sí, cuando se estrene, van a temblar los que tienen que temblar y vamos a aprender un poco más los que tenemos que ayudar a que se sepa la verdad con auxilio de la ficción.


lunes, 16 de mayo de 2011

EL PUNTERO DEL 13





Julio Chávez es ahora El Gitano, el personaje protagónico de El puntero, el unitario que canal 13 estrenó a las 22 horas del domingo. Ya no es el neurótico de clase media que interpretó en Tratame bien, sino un puntero político de un barrio indeterminado, pero que indefectiblemente es del Gran Buenos Aires.

En una entrevista con Perfil, el actor habla de la nueva propuesta del
Grupo Clarín, que a pesar de su buena voluntad (y cierta ingenuidad) es una bolsa de malas noticias acerca de las condiciones en que se desarrolla la política en ciertos sectores de nuestra sociedad.

¿Qué busca el grupo de Héctor Magnetto y Ernestina Herrera poniendo este unitario de claro tinte antipolítico en el año electoral? Viniendo del Grupo Clarín que hace 10 años entorpece la búsqueda de verdad sobre la identidad de Felipe y Marcela, que se apoderó de Papel Prensa en complicidad con la dictadura, y que no acata la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual... suponemos que nada bueno.



—Cuando me citó Adrián para hablarme de El puntero, lo que más me interesaba no era el puntero en sí. Para eso están los libros, lo que dicen del clientelismo y de los punteros. No me interesa mi espacio de pensamiento para eso. Me parecía un hombre con sus contradicciones, un tipo que tiene buenas intenciones pero malas ejecuciones. Este hecho de tener una idea positiva y una ejecución dudosa lo emparenta con cualquier ser humano. Es un ser complejo y muy básico. Muy sanguíneo, muy temperamental. No es un gran ideólogo, es un hombre de acción. Es un tipo que cree en las mejoras de la gente con la que se comprometió. Recibe coimas porque, si no, no puede hacer su trabajo. Es de los que dicen: “Si no entrás en la trenza, no podés ejecutar”. Eso, claro, habría que verlo. La coima la recibe, y no es que la dona a una institución benéfica.

El canalla suele justificar sus acciones en “no tuve otra opción”, ¿no?

—Sí, pero en ese sentido yo me siento muy canalla también. Todos nos levantamos todos los días y hacemos cosas que si las pensamos no están bien, y creemos que es la única opción. Y nos acostamos con miles de facturas.

—¿Es un personaje violento?

—No particularmente. Lidia con un mundo un poco animal. Se piensa o se pega. Cuando ya no se puede pensar, se pega. Es un mundo muy duro. El Gitano tiene cocainómanos alrededor, él mismo es un ex cocainómano. Y después es un hombre muy afectuoso. Es una de esas personas que creyeron en ciertos ideales, entraron al sistema y cayeron en un engaño. Creen que el que les da una caja de pan es bueno. Y eso le pasa a este puntero y a mucha gente, porque hay personas que pueden elegir a determinado gobernante para cuidar su propia quinta. ¿Cuál es la diferencia con la caja de pan?

¿Alguna vez te comprometiste políticamente?
—No, yo tengo un compromiso con el arte. Comprometerme con la política es una deuda personal.

¿No te interesó nunca al grado de comprometerte o no te interesó nunca al grado de no informarte?

—No milité. Una cosa es la práctica política y otra el pensamiento político. Al militar uno se aleja del pensamiento, y yo me siento emparentado con los espacios puros de pensamiento. No entiendo sobre qué está sostenido el poder. Cuando grabamos El puntero estamos en contacto con barrios muy carenciados, y eso me pone en jaque de una manera muy personal y muy particular. Ver esos barrios carenciados, a mí, me genera muchas preguntas, me inquieta. ¿Qué es esto? ¿Qué se hace con esto?

“El puntero” se estrena en un año electoral. ¿Tuviste eso en cuenta cuando te hicieron la propuesta?

—Estoy absolutamente involucrado en un programa de ficción con cero tendencia. Lo del año electoral es cierto, quizás alguien diga “qué piolas”, pero sería como que yo le dijera “qué piola” al tipo que cuando llueve sale a vender paraguas.

No te lo preguntaba en el sentido del oportunismo comercial, sino en el de la estrategia política, tomando en cuenta que se va a emitir por El Trece, que pertenece al Grupo Clarín, que está enfrentado con el Gobierno…

—Desde mi punto de vista, es una ficción casi naif. Soy sumamente ignorante y quizás no me doy cuenta de algo. Yo no estoy involucrado ni interesado en esa lucha. Ni informado. Tengo otros intereses. Me gusta la gente que piensa, que se dedica a pensar y a ser consecuente con lo que piensa, tenga un aliado o ninguno. A mí no me pasa que tenga que elegir entre el Grupo Clarín y el Gobierno. Sería de una enorme pobreza que el programa se hiciera o se interpretase como parte de esa pelea. Te digo más: a este puntero no le da el pinet para ser un corrupto groso. No es un tipo que se terminó de integrar al sistema; es alguien que se quedó a medio camino y lo atropelló un coche. Yo conozco enormes personas que mantienen esa pasión política. Mi propio padre, hasta el último día de su vida, seguía puteando porque Frondizi lo había traicionado. Cada vez que surgía la palabra Frondizi, veías en su cara que había sido un gran amor que terminó en desilusión. En la pasión política se establece identificación hasta en el fracaso, lo cual me parece conmovedor. Es sentirse parte de algo.

¿Vos de qué sos parte?

—Del arte y la actuación. Cuando me reúno con mis contemporáneos o con otros que ya han muerto… El otro día agarré un libro de Pessoa, lo leí y me di cuenta de que ese era mi partido. Es lo que me hace pensar qué es ser un humano. A veces miro de reojo a los pensadores de la política…

¿Cómo es para tus ritmos de trabajo darte cuenta de que un proyecto que iba a ir una vez por semana, por decisiones estratégicas del canal va a ir dos veces por semana?

—No me altera en lo más mínimo porque nosotros tenemos un ritmo de trabajo de diez horas diarias de lunes a viernes. Eso no se va a modificar. Si llega a pasar que se atenta contra mi gusto por el trabajo diré: “Muchachos, hay que parar un poco”. Pero no creo que pase. La programación es una selva que no conozco. No altera mi forma de trabajo, y si lo alterase estaría muy atento a que no me perjudicara. Si yo siento que me perjudica en el servicio que ofrezco… Yo establezco un acuerdo de prestar un servicio, y si alguna cosa se modifica yo puedo exigir que me den una mano para poder prestar mi servicio con la calidad que creo que debo prestarlo.

¿La televisión afectó tu modo de trabajo? Te lo pregunto porque los actores suelen quejarse de los tiempos televisivos…

—Estoy lejos de pensar eso. Puedo entender que hay personas que tuvieron experiencias de mierda en televisión, pero también conozco personas que tuvieron experiencias de mierda en el cine y en el teatro. No digo que la televisión sea buena. No es ni buena ni mala. Voy a hablar de los actores: es muy fácil echarle la culpa a la televisión. De repente te dicen: “Vos viste cómo es la tele”. Agarraría a la raza de los actores y les diría que a veces no es tan así, porque a veces no vienen con la letra estudiada, no marcan el libreto, estudian en el set, no traen una puta idea, un puto regalito al set. Es como el puntero, que termina diciendo: “Qué querés que haga, si otra cosa no se puede hacer”...

sábado, 8 de mayo de 2010

FLORENCIA PEÑA LISTA NEGRA



Florencia Peña muestra qué es ser valiente en esta sociedad de caretas; con más para perder que por ganar, Florencia obliga al compromiso.

TN baun, como siempre, siervo de Magneto, escudero de Clarín, tiene que explicar como es invitar a alguien y después des-invitarlo, acto que si hubiese pasado en canal 7, sería tapa de Clarín. Tampoco TN baun habla de la censura de VILA-DE NARVAEZ a Tres Poderes en canal 2...







SOLIDARIDAD CON NUESTRA COMPAÑERA FLORENCIA PEÑA

“DE ESO NO SE HABLA”

LISTA NEGRA

Vaya si sabemos los actores lo que significan las listas negras, vaya si lo sabe nuestro sindicato.

Los compañeros trabajadores actores que las sufrieron durante los años trágicos, poco tiempo antes y durante la última dictadura militar, nos transfieren la autoridad moral para expresarnos sobre un tema que siempre sobrevuela nuestra profesión.

Los actores sabemos que las listas negras pueden surgir por tener determinado pensamiento político, por reclamar derechos laborales, o simplemente por comprometerse con la dignidad, tener opinión propia y no ser funcionales a los intereses de los que detentan el verdadero poder.

El ninguneo que ejercen algunos medios al promover la invisibilidad del otro, el negar un lugar en la “mesa” de la discusión sólo porque no coincide con el pensamiento del anfitrión, o con el de los verdaderos dueños de la “mesa”, son actos que debemos repudiar firmemente, sobre todo en un país en el que la subordinación a intereses espurios hizo de la intolerancia y de la censura una cultura.

A esa intolerancia, a ese ninguneo, a esa censura, le responderemos con la lucha por una cultura de la libre expresión. Esa cultura que, como tantos otros compañeros, defiende Florencia, con una posición firme por la plena vigencia de la ley de Medios Audiovisuales.

Queremos expresar como gremio nuestra más firme solidaridad con la compañera Florencia Peña por la grave situación de persecución sufrida simplemente por el hecho democrático de expresar lo que piensa.

Fuerza compañera!!!

Un abrazo militante.











cholulos