domingo, 23 de marzo de 2014

TEATRO EN LA CÁRCEL







Entrevista a María Dutil, directora del Proyecto Cultural Teatral DutilCruz, en el Servicio Penitenciario Federal. 

“Invito a todos a estos escenarios carcelarios a venir a ver otra realidad, esta realidad que es parte de la sociedad”.

“Su autoestima empezó a elevarse y empezaron a animarse a subir a un escenario”




En principio, nos gustaría que nos cuentes de qué se trata el proyecto y cuándo surgió.

María Dutil: A fines del 2010 surge a partir de una obra de teatro que hacemos con Lito Cruz que se llama “Sueños de milongueros”, una obra de humor, tango y amor que llevamos por todas las penitenciarías de Nación; nosotros trabajamos en las cárceles federales. Llevando esta obra nos dimos cuenta de la necesidad que había de teatro en las cárceles, tanto desde Educación, de la parte de los maestros que nos pidieron otras obras que sirvieran para esto, como de los internos que necesitaban esto, un espacio donde ellos pudieran como salir de esta prisión por dos horas, media, el rato que durara ese encuentro teatral.

Fue así que trajimos, luego de pasear por todas las penitenciarías del país, otras obras de teatro, las veinte obras de Teatro y la Historia que estaban hechas ya en el Consejo de Teatro Independiente de la Provincia de Buenos Aires, que trataban temas desde el punto de vista revisionista de la historia argentina: Belgrano, San Martín, Guido, el éxodo jujeño. Esas obras iban a acompañadas de libros que nos daba la CONABIP, películas que nos daba el INCAA, libros de la Biblioteca Nacional. Los maestros trabajaban con los internos sobre esos temas durante un mes, previo a que llegara la obra, y cuando llegaba la obra ya estaban empapados del tema y el debate posterior era muy rico, muy interesante.

Después de eso, llevamos teatro de humor porque durante el verano los internos no tienen clases, entonces era una época más propensa a los motines, a las peleas, entonces trajimos teatro de humor, trajimos música con Miguel Cantilo, con bandas de rock, de cumbia, trajimos magia de la mano de Damián Guerra, humoristas como Juan Acosta, Emilio Bardi. También trajimos matchs de improvisación, hasta que ellos también empezaron a animarse, ya habían aprendido a ser público, aprendieron diferentes formas de teatro, aprendieron sobre historia argentina, su cabeza empezó a tener información, a poder hablar con la familia, con las hijas, con los hijos, con la esposa: “ah, yo sé lo que pasó en ese momento en la historia argentina, yo sé quién fue Cabral, fue quien salvó a San Martín en la batalla, lo sacó de abajo del caballo”.

¿Cuál fue la reacción de los presos?

MD: Empezaron a saber y a sentirse bien, su autoestima empezó a elevarse, y empezaron a animarse a querer subirse a un escenario, a decir “yo quiero estar en ese lugar, yo quiero actuar”. Y ahí nos pidieron actuar, nos dijeron: te animas a dirigirnos, yo dije: bueno, claro, pero como no podía abarcar todo, porque son dieciséis las penitenciarías solamente de Devoto, Marcos Paz y Ezeiza, con la presencia de madres, de mujeres, de jóvenes adultos, los de tratamientos de drogas, máxima seguridad; bueno, son dieciséis.

Contratamos, entonces, siete directores de diferentes extractos del teatro: teatro comunitario, teatro tradicional, teatro circense, que los dirigía, cada uno con su impronta. Además, cada unidad carcelaria tiene una impronta diferente, como te decía antes. Por ejemplo, en Devoto hay muchos extranjeros: hay muchos colombianos, peruanos, bolivianos que trabajan con nosotros y que son diferentes, no conocen la historia argentina, y sin embargo trabajamos con ellos en el año 2013 preparando obras de los bandidos rurales, que fueron los primeros habitantes que tuvieron las cárceles. Por ejemplo, Hormiga Negra, Mate Cocido, Bairoleto, Juan Moreira –uno de los más conocidos- que era un puntero de Alsina, que cuando ya no le sirvió a la política quedo de lado, pero ya era un delincuente. Entonces, qué hacía ese tipo, ese tipo terminó habitando las cárceles. El Tigre de Quequén, bueno, eran dieciséis bandidos. Y la única mujer: Martina Chapanay. Como no había más mujeres, incorporamos a Juana Azurduy, a la Delfina que no eran bandidas, pero eran aguerridas y las mujeres se sentían mas identificadas con su historia.

¿Cuáles son los planes para este año?

MD: Este año, ya empezado el 2014, en el verano preparamos obras de humor como la que vimos hoy que Corina Busquiazo, que es la directora de esta Unidad y que nos trajo hasta Ezeiza, decidió que estaba bueno que los internos que no tienen a sus mujeres, simplemente la tienen en las visitas, en una carta o en una visita telefónica, las pudieran representar. No desde el lugar de la prostituta –que es muy común cuando el hombre se viste de mujer- sino desde el lugar de la madre, de la trabajadora, de la hermana, de la hija, de la amiga, de la mujer que está en la casa esperando que el marido llegue, que tiene que cuidar a los hijos, que tiene una familia numerosa y tiene que cocinar, es decir desde los derechos de la mujer. Bueno, la obra fue maravillosa, fue emotiva, yo ni podía hablar, me puse a llorar como varios de los que estuvimos acá hoy. Y a todos los invito a estos escenarios carcelarios a venir a ver otra realidad, esta realidad que es parte de la sociedad, es una sociedad en pequeño porque parte de lo que pasa en la sociedad está acá adentro, está en las cárceles.

¿Quiénes forman parte del proyecto?

MD: El proyecto está formado por un equipo en el que está Lito Cruz, que es un poco el coordinador, el proyecto lleva el nombre Dutil-Cruz, porque fuimos él y yo los que lo comenzamos –mi apellido es también parte de este proyecto-; además de nosotros, el equipo está integrado por Joaquín Molinari, que es quien coordina a prácticamente toda la gente que viene, los documentos, las autorizaciones, los elencos, los artistas, los talleristas, los transportes; Federico Echeverri que es nuestro asistente, Iván Varela que es nuestro productor técnico, luces, sonidos, dentro de lo que se puede.






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